Toque de nano sabiduría
Extraviado, sin credibilidad e inventando parafernalias que más parecen un programa de Chabelo o Don Francisco que la respuesta institucional a una crisis autoinfligida, Zoé Robledo pretende ahora reinventar al Instituto Mexicano del Seguro Social con una ocurrencia de última hora: 12 acciones en 120 días.
Desalineado y con su habitual disfraz que va entre botas industriales y sobrecamisas que quién sabe Dios quién le sugirió, hoy se exhibe un funcionario débil, reciclado y profundamente incapaz de ofrecer respuestas a la dimensión de los problemas que enfrenta la institución.
Lejos quedó aquel líder renovador que lo mismo podía con la salud pública que organizando cuanta comisión presidencial le conferían. La realidad terminó por alcanzar al personaje y desnudar las limitaciones del funcionario.
Después de más de siete años al frente del IMSS, Robledo parece haber descubierto súbitamente que los hospitales necesitan mantenimiento, que faltan especialistas, que los pacientes esperan meses por una cirugía y que miles de trabajadores continúan sin estabilidad laboral.
Ahora resulta que lo que no pudo resolver en más de siete años pretende solucionarlo en apenas cuatro meses. Como si la administración pública fuera un concurso televisivo donde, al final de cada emisión, se anuncian premios, se inauguran escenarios y se promete que todo cambiará después de los comerciales.
El programa contempla una inversión de 11 mil 745 millones de pesos, la basificación de 10 mil 939 trabajadores, la contratación de 2 mil 500 especialistas y la realización de 31 mil 700 cirugías adicionales.
Nadie sensato podría oponerse a esas medidas. El problema no está en lo que se anuncia, sino en lo que involuntariamente se reconoce: si hoy se requieren acciones extraordinarias para garantizar condiciones elementales de operación, ¿qué hizo la dirección general durante todos estos años?
Porque supervisar hospitales, asegurar el funcionamiento del equipamiento médico, garantizar insumos y administrar eficientemente los recursos no constituyen innovaciones administrativas. Son obligaciones ordinarias, permanentes e irrenunciables de cualquier dirección institucional.
Pero Robledo ha conseguido convertir el incumplimiento de lo ordinario en el espectáculo de lo extraordinario.
La pregunta de fondo tampoco se agota en los servicios médicos. El IMSS enfrenta desafíos financieros, presiones presupuestales y una creciente demanda de atención que exigen fortalecer la incorporación, la fiscalización y la recaudación. Sin embargo, la conducción institucional parece privilegiar la escenografía política sobre la evaluación rigurosa de resultados.
No bastan discursos triunfalistas cuando los derechohabientes necesitan atención oportuna. Tampoco sirven las giras interminables cuando los problemas estructurales requieren decisiones técnicas, disciplina administrativa y responsabilidad directiva.
Lo verdaderamente preocupante es que cada nuevo anuncio parece partir de la premisa de que el pasado no existe y de que nadie debe rendir cuentas por él.
Robledo no acaba de llegar al IMSS. Ha tenido tiempo, atribuciones, presupuesto y respaldo político suficientes para construir una transformación institucional de largo alcance. Por eso resulta inaceptable que pretenda presentarse como el descubridor de problemas que estaba obligado a prevenir, supervisar y corregir.
Y si después de siete años todavía necesita recorrer hospitales para enterarse de que faltan camillas, especialistas o equipos funcionales, entonces el problema ya no es solamente de gestión hospitalaria. Es de conducción institucional.
El Seguro Social no necesita otro conductor de programas de concurso, ni campañas de imagen disfrazadas de estrategias administrativas. Necesita una dirección capaz de reconocer errores, asumir responsabilidades y ofrecer resultados verificables.
Porque las instituciones no se transforman con ocurrencias ni con calendarios publicitarios. Se transforman con capacidad, conocimiento, planeación y resultados.
Doce acciones en 120 días podrán servir para una campaña de comunicación. Lo que difícilmente podrán hacer es borrar más de siete años de responsabilidad administrativa.
Y en el IMSS, lamentablemente, el tiempo de las excusas hace mucho que se agotó.




