Teléfono rojo
La explosión de un mortífero carro bomba en el centro de Coahuayana, municipio costero de Michoacán, en los mismos minutos de la celebración del mitin de autofestejo de Morena y Claudia Sheinbaum, en el Zócalo de la Ciudad de México, a un mes del asesinato del presidente uruapense, Carlos Manzo, así como del anuncio del llamado “Plan de Paz para Michoacán”, revela la preocupante fragilidad de la gobernabilidad en ese estado, al igual que la insultante superficialidad con la que el gobierno federal asume los graves problemas del país.
“¿Qué celebran?”, preguntábamos aquí hace una semana. Ok, llenaron el Zócalo (“¡qué 600 mil ni que la…!”), con dineros públicos aportados por narcogobernantes –Michoacán, Sinaloa, Zacatecas, Guerrero, Tamaulipas- cuyos montos se estiman conservadoramente entre 250 y 500 millones de pesos, derramados por quienes defienden el precepto de “la austeridad republicana”. Allí se abrazaron y besaron Sheinbaum, Adán Augusto López y Rubén Rocha, entre otros, para sellar sus pactos de protección y complicidades.
Fue, pues, el cierre de filas de esa renovada mafia del poder que nos gobierna. Fue un conclave de delincuentes de cuello blanco para sellar el pacto de impunidad. “Nadie será perseguido, aquí nos protegemos todos”, se dijeron entre sí.
Por eso Claudia no mencionó nada sobre la inseguridad, el dominio territorial de los grupos delictivos, las cifras de desaparecidos y feminicidios, ni sobre los problemas en salud, desatención al campo, ni mucho menos de la inacción frente a la corrupción. Por qué y para qué si el país “está de maravilla”. Y los que critican al gobierno son “los conservadores”, “los enemigos del pueblo”, porque el pueblo –dicen desde el oficialismo- son ellos, sólo ellos, hechos gobierno.
El “festejo” por sus “7 años de transformación” es el vivo ejemplo del ensimismamiento, de la enajenación y de su negación a aceptar que hay una “realidad real” muy distinta a la que ellos construyen en sus discursos oficiales. Por eso mismo, es alarmante que se nieguen a escuchar el reclamo público, los gritos de la calle, en los auditorios en la FIL de Guadalajara y a las voces muy respetables de crecientes críticos en diversos artículos de opinión, personajes progresistas que abonaron en distintos momentos de nuestra historia con sus esfuerzos para lograr la democracia.
Además, el evento del Zócalo, con el discurso presidencial incluido, es una demostración clara e impúdica del autoritarismo, la ausencia absoluta de tolerancia y de los ánimos totalitarios del obradorismo, hoy encabezado formalmente por Sheinbaum.
Por eso, desde ese panorama negro, no esperemos nada bueno, nada positivo para el país. Afortunadamente, siguen existiendo y manifestándose muchas señales de la fortaleza de nuestra sociedad para enfrentar estas pulsiones autoritarias del gobierno morenista: en los medios de comunicación, la academia, el medio artístico y cultural, la sociedad civil cada vez más activa y los múltiples sectores de la política, partidos con registro y los nuevos que siguen haciéndose presentes. Por ello mismo saludo que las y los integrantes de “Somos México” hayan logrado la realización de las 200 asambleas distritales que la ley exige para constituirse como un nuevo partido político nacional, lo cual ensancha el ámbito de la participación democrática.
Aunque debe advertirse que como nuevo partido nacional estará impedido de ir en alianzas con los partidos actuales. Eso puede llevar a dispersar esfuerzos que evitarían la conformación de un frente democrático amplio, que postule candidaturas prestigiadas –sin partido o provenientes de partidos- para que compitan exitosamente contra los candidatos postulados por Morena y su coalición.
La situación crítica del país obliga a una profunda reflexión y toma de decisiones para evitar que las potencialidades democráticas de nuestra sociedad se dilapiden.




