Dependencia emocional, el difícil camino entre quedarse y no
En vísperas del 8M y a tres décadas de la firma de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, seguimos en un mundo desigual, que se acentúa con la política antiinmigrante del presidente de Estados Unidos y las miles de deportaciones de mexicanas y mexicanos que han ocurrido en fechas recientes.
En ese sentido, las mujeres que un día se fueron de México a buscar una mejor vida en el vecino país del norte, actualmente sufren de angustia al no tener un sentido real de pertenencia. Pasaron años siendo resilientes en un país extraño para poder ayudar a sus familias a la distancia y ahora han sido deportadas dejando atrás lo poco o lo mucho que consiguieron, incluyendo lazos afectivos y redes de apoyo.
La migración que actualmente conocemos dista mucho de aquella en la que el varón atravesaba el río para enviar remesas a sus parientes. Hoy, cientos de mujeres se arriesgan y dejan todo buscando seguridad y una mejora económica que aquí no obtuvieron.
Sufrieron discriminación, abusos y violencia al salir de sus comunidades. Sufren lo mismo al regresar a un espacio geográfico que poco recuerdan y que sienten ajeno. A esto hay que sumarle la hostilidad, el rechazo, la falta de políticas públicas que garanticen su inclusión a servicios de salud o a un empleo digno. No hay retorno seguro para ellas y los suyos.
El problema migratorio, aunque en fechas recientes parece escandaloso, por décadas ha sido un problema que ni México ni Estados Unidos han podido atender como se debe. Según datos de la Secretaría de Gobernación, de 2018 a 2024 fueron deportadas a México casi 200 mil mujeres. De las que han vuelto en este 2025 las cifras no son precisas.
A estos factores hay que sumarles otros más preocupantes.
Muchas mujeres han huido del infierno de una cultura patriarcal y machista que casi las mata. Sus comunidades, en zonas de alta peligrosidad de nuestro país, se fueron convirtiendo en pueblos fantasmas o de plano tomadas por grupos criminales. Encima, el matrimonio infantil, la violencia doméstica, la trata de personas y otros factores las hicieron migrar para salvar su vida. Pensaban que regresar no era opción pero están de vuelta aquí.
Es cierto que el actual gobierno que encabeza la doctora Sheinbaum ha hecho esfuerzos para brindar acompañamiento, protección y orientación jurídica a las mujeres que regresan a sus comunidades tras haber permanecido fuera del territorio nacional, pero aún no es suficiente. Este 8M es la oportunidad idónea para visibilizar el drama migratorio de nuestras paisanas deportadas, cuyas historias permanecen ocultas y puede representar un ciclo inacabable de pobreza y marginación que no beneficia a nadie.




