Palabras y juicios irredentes
“Si las guerras del siglo XX se lucharon por el petróleo, las guerras del siglo XXI serán por el agua” - Ismail Serageldin.
En Morelia, así como en otras ciudades del país, en la mayoría de las encuestas oficiales y ejercicios demoscópicos, la problemática del agua —abasto, calidad, correcto uso y costo— suele colocarse como el segundo lugar entre las preocupaciones ciudadanas, solo por debajo de las deficiencias de la infraestructura vial (baches).
El agua ha dejado de ser un asunto de servicios públicos para convertirse en el principal indicador de buen gobierno y justicia social en Morelia. Mientras la discusión pública se pierde en el reparto de culpas políticas, o en la simple culpa del cambio climático y el crecimiento demográfico inevitable, la realidad en nuestras colonias exige un diagnóstico riguroso: enfrentamos una crisis de infraestructura obsoleta y de falta de visión técnica de largo plazo.
El acceso al agua potable no es una concesión administrativa ni mucho menos un lujo; es un derecho humano consagrado en el artículo 4° de nuestra Constitución. Garantizarlo exige superar la política de la coyuntura y asumir compromisos con visión y sustentabilidad.
No podemos seguir permitiendo el crecimiento desordenado de la mancha urbana sin la certeza técnica de factibilidad hídrica. Es indispensable adecuar nuestras leyes de desarrollo urbano para que toda nueva licencia de construcción e infraestructura habitacional incorpore sistemas obligatorios de captación pluvial, plantas de tratamiento y tecnologías de reutilización.
Nuestras autoridades y demás expertos en la materia saben que una porción crítica del caudal que recibe nuestra capital se pierde en fugas antes de llegar a nuestras casas, debido a una red de distribución que ha visto mejores tiempos y que sin duda ya rebasó su vida útil. Atender esta fuga hormiga (gigante) requiere reorientar el presupuesto municipal y eficientar los recursos destinados al OOAPAS, para priorizar la sustitución de tuberías, la rehabilitación de plantas tratadoras y la tecnología de detección, por sobre el gasto operativo y promocional.
Morelia no es una isla ni está sobre un lago como la antigua Tenochtitlan. La viabilidad hídrica de la ciudad depende de la preservación de la zona de recarga de la cuenca del Manantial de La Mintzita y de la recuperación integral de la cuenca del Lago de Cuitzeo. Esto exige un liderazgo institucional capaz de articular esfuerzos entre los tres niveles de gobierno, con la capacidad de superar barreras políticas y partidistas y que su única aspiración sea resolver de fondo y a largo plazo la problemática del agua.
Las y los morelianos no podemos resignarnos a que cada día haya menos agua y que la que nos llegue sea más cara y a que cada 3 años los políticos nos prometan resolver el problema del agua, sacar el tren de la ciudad y regresar al equipo Monarcas a Primera División. Si los seguimos comprando, nos lo merecemos.
OTROSÍ: Existe un proyecto de inversión municipal y estatal aprobado para la atención del problema hídrico de Morelia, sin embargo, para nuestros gobernantes está primero hacer teleféricos y campañas adelantadas que convertirlo en una realidad y no solo un buen deseo.




