Un rey sin corona
El día de ayer, 27 de noviembre, José Antonio Meade renunció a la Secretaría de Hacienda y, más tarde, después del periplo por los sectores y organizaciones del PRI, se registró como precandidato a la Presidencia de la Republica por ese partido, del cual no es militante, por cierto. El 12 de diciembre próximo hará lo propio Andrés Manuel López Obrador por Morena. Sin duda estos dos precandidatos son los más fuertes aspirantes a suceder al Presidente Peña dentro de un año exactamente.
Las diferencias entre ellos son varias, podemos enunciar algunas de las más importantes: Son dos generaciones distintas, Amlo le lleva 16 años de edad a Meade, mientras que el primero ya entró a la tercera edad, el segundo esta por arribar a los 50 apenas; académicamente hablando, mientras que Meade tiene un doctorado en una prestigiada universidad de los Estados Unidos (Yale) y dos licenciaturas (Derecho por la UNAM y Economía por el ITAM), a Amlo le tomo más de una década concluir una licenciatura (Ciencias Políticas en la UNAM); en el servicio público Meade ha sido titular de 4 secretarias de estado (Energía, Hacienda, Relaciones Exteriores y Desarrollo Social), repitiendo en la de Hacienda, bajo dos presidentes de la republica distintos y de diverso partido, además, se ha desempeñado en otros cargos de primer nivel en el Gobierno Federal (Director de Financiera Rural, Subsecretario de Ingreso de la SHCP, entre otros), mientras que por su parte en este rubro Amlo solo ha sido Delegado del Instituto Nacional Indigenista en Tabasco a finales de los años 70 y Jefe de Gobierno del Distrito Federal, ya en el siglo XXI; y, políticamente hablando, Meade es un niño de brazos ante Amlo, lo cual no sé si sea algo bueno o malo ni para quien lo sea.
En un análisis comparativo frio, el perfil profesional de Meade es muy superior al de Amlo, sin embargo, ante un escenario electoral, en el cual las emociones superan y dominan a la lógica y la idoneidad, y siendo que López Obrador es un maestro de las emociones -su más reciente pupilo es el aspirante frentista Ricamlo Anaya- cualquiera de los dos puede ganar en este 2018. Señoras y señores, estamos ante una parejera, de un purasangre contra un puralengua. Crucen sus apuestas.
Ahora bien, ya destaqué algunas diferencias, ahora quiero subrayar una coincidencia importante entre estos dispares rivales, y esta es la austeridad con la que se conducen ambos en su vida privada hoy día y al parecer de siempre. Me atrevo a decir que esta virtud es la que los tiene a metros de la silla del águila a ambos. La sociedad mexicana está cansada de ver la opulencia y la insensibilidad de su elite gobernante, la cual presume y ostenta riquezas, chuecas o derechas, ante un pueblo mayoritariamente con hambre, y no en sentido figurado.
Debo reconocer que aunque intento ser imparcial, me es imposible ocultar mi atracción por Meade, que va más allá de un tema partidista, ya que mi decantación se basa principalmente en que el ahora ex secretario de Hacienda, es probablemente el candidato presidencial con mayor preparación académica en la historia de México, quien además tiene fama de honesto, otra virtud en desuso en la clase gobernante actual.
En fin, gracias a la democracia en que vivimos, será la ciudadanía la que elegirá al próximo presidente de México y no mis filias o fobias, así que lo mejor que podemos hacer los ciudadanos mexicanos es salir votar el próximo año por los candidatos (hombres y mujeres) que nos inspiren mayor confianza.
Otrosí: Mi reconocimiento a la altura de miras de Miguel Ángel Osorio Chong, quien a pesar de ser el priista más aventajado en las encuestas para el 2018, con humildad se hace a un lado, anteponiendo los intereses de México por encima de los suyos.




