Cuando la queja sustituye al rendimiento laboral
Recientemente, tuve la oportunidad de saludar a dos amigos en un evento en el cual coincidimos Víctor y Martín, ambos pertenecen a población originaria y afromexicana, escucharlos es para mi muy importante por las reflexiones y aportes que hacen para trabajar el tema de las masculinidades, en el cual también he adquirido experiencia práctica al haber iniciado el proyecto en Pátzcuaro sobre la “Escuela para hombres contra la violencia de la mujer”, en dicha estrategia trabajamos con diferentes perfiles institucionales desde el servidor público policía hasta regidores del h. Ayuntamiento.
Ellos, ambos me comentaban la importancia de agregar el tema de la masculinidad a los contenidos que estoy trabajando en los Centros de Reinserción social respecto de posicionar los temas de dignidad humana, derechos humanos y reglas Mandela y Bangkok para evitar violencia a las personas privadas de su libertad, toda vez que mientras existan dichas masculinidades hegemónicas y androcéntricas, avanzar es un tanto complicado, porque estamos a contra del patriarcado que indica otros aspectos para impulsar el androcentrismo.
En efecto, en mis intervenciones reflexiono sobre aspecto fundamentales como la opresión, violencia e ideologías, aunado al modelo patriarcal y económico que vivimos que promueve el individualismo y egoísmo y que en su conjunto con otros elementos son constitutivos de generan actos de asimetría de poder y confirmo la importancia de ir deconstruyendo las masculinidades hegemónicas; en este sentido, hago hincapié en dos elementos, por un lado, expreso los mandatos de masculinidad y potencias a los que se refiere la académica y teórica la doctora Rita Segato en su libro Estructura elementales de la violencia, elementos que brindan una visión completa de la problemática en el uso de la violencia, pero además, insisto en la importancia de trabajar en el modelo de la teoría de la ética de los cuidados, generada por el doctor Bernardo Toro, donde en sus explicaciones hace una amplia narrativa sobre las necesidades del cuidado de la persona, así como de la otredad y otros elementos que nos permiten comprender porque el servicio público debe atender estos enfoque, cuando estamos construyendo un modelo público humanista.
Así, durante las próximas semanas y en un trabajo permanente a favor de la dignidad de las personas privadas de su libertad, habremos de continuar reflexionando sobre las masculinidades a través de diferentes enfoques, para prevenir abusos y violencias estructurales, donde reitero, se promueva el respeto a la dignidad humana, la no violencia y los derechos humanos de los PPL (Personas privadas de su libertad). Para impulsar dichas acciones siempre será necesario un diagnostico participativo para comprender las percepciones, actitudes y creencias sobre la masculinidad entre custodios.
Posteriormente es importante la formación y sensibilización del personal institucional para desmitificar el modelo tradicional de masculinidad y presentar alternativas no autoritarias, no violentas. Las reflexiones son importantes y necesarias para la comprensión y manejo del respeto, el autocuidado y la contención emocional, que coadyuve a la prevención del desgaste profesional y la violencia institucional. Lo importante en todo este aprendizaje de experiencias, conocimientos, y saberes y es ponerlo en práctica en el ejercicio de sus funciones públicas.
Los beneficios esperados en estas tareas mayor conciencia emocional y ética, así como el reconocimiento de nuevas formas de autoridad menos violentas, en tanto que los ppl recibirían trato digno y menos violencia, mejora en el ambiente penitenciario y mejoría en la salud mental y emocional, pero además los CERESOS tendrían una reducción de quejas y conflictos internos, cumplimiento de buenas prácticas y cultura de los derechos humanos.




