Némesis
Cada ocasión que puedo compartir saberes con mis pares, hombres o bien mujeres, confirmo que estamos en esta vida para caminar, para transitar, para construir, nunca para conquistar, para someter o controlar al otro; les insisto que quienes no tenemos esos mandatos de masculinidad de dominio, autoridad, poder, jactancia, violencia, venimos a este mundo creado por la mano de la humanidad a encontrarnos con él, pero no a dominarlo, porque ya se ha hecho mucho daño a nuestra madre tierra, a la vida misma.
Estos siglos, después de la conquista, en un proceso lento pero que genero impacto para la creación de un modelo patriarcal, a los varones, se nos enseñó al individualismo y egoísmo, a la búsqueda del éxito, el lujo, el placer, el hedonismo por el sexo, las adicciones al alcohol y otras sustancias tóxicas, hoy por las marcas y el hiperconsumo de las tecnologías, también se nos enseñó a tener valores líquidos, efímeros, a mantener la meritocracia, y a dejar el trabajo colaborativo de lado, a negar la comunalidad, pero sobre todo a someter a los cuerpos de las mujeres y de hombres que no lograron tener una masculinidad hegemónica.
Ser hombre da la impresión que estamos ligados al proceso de colonización, es decir, los hombres debemos de conquistar espacios, cuerpos, territorios, tener logros, metas, lujos, destacar en los deportes, los negocios, los amores. Pero, esa forma de ver las cosas solo nos mostro que lo que lográbamos, lo hacíamos en funciones de lo que valíamos, ese era nuestro valor, tanto tienes, tanto vales, pero todo ese proyecto de vida y construcción de masculinidad esconde desgraciadamente un profundo e intenso vacío, el de no saber quienes somos más allá de lo que conseguimos y bajo ese estándar nos valoramos (masculinidades que también generan asimetrías sociales las que tienen y pueden de las que no). Que equivocados no valorar otras cosas que no están en el mercado y que no tienen precio, los valores, la dignidad, los principios, las virtudes no se compran, tienen un valor, pero no un precio dice Kant.
En la Escuela para hombres contra la violencia en Pátzcuaro, de la cual diseñe el modelo pedagógico y fui el responsable de la dirección académica, planteaba que las masculinidades deben ser plenas y deben contener una nueva mirada en el rostro del otro (Emanuel Levinas) una mirada sustentada en lo que llamo la paz espiritual, de autoconocimiento, de autoestima, de autoconciencia, una mirada humanista, y profundamente espiritual, y es que, me puede quedar claro, o le puede quedar claro estamos caminando en esta vida, pero no somos hombres de guerra con la vida, porque la vida es seres vivos, humanos, plantas, animales y en unicidad permanente con la naturaleza.
Y justamente me pregunto y les pregunto a mis pares si es que ese camino que nos enseñaron para conquistar el mundo, debe o no debe continuar, yo me pronuncio porque no, porque ya es tiempo en el que debemos de desaprenderlo, de deconstruirlo, para considerar caminar, revisarnos, reconstruirnos hacia dentro de nosotros donde consideremos no caminar para dominar al otro, caminemos para dentro para poder amar a la otredad con ética en nuestras decisiones, con humildad y no protagonismos, con ética de cuidados.
A la vuelta de mis saberes y formación profesional, insisto en que el propósito por el que permanezco aquí es no conquistar el mundo, colonizar a la pareja, no, ese no es mi propósito, es encontrarme con el mundo y poder dialogar de todo esto que me interpela y que no permite ser feliz, esos valores líquidos, ese hedonismo, narcisismo, en permanente búsqueda del éxito, el placer. Necesito caminar con la mirada firme, mostrando mis emociones, sin pena, sin temor a ser criticado, a mostrarme débil, porque eso piensan las personas que los hombres no deben compartir las emociones, porque es vergüenza, porque no es de hombres. Y yo digo, somos hombres si, y tenemos emociones si, también tenemos muchas heridas que hay que sanar, tenemos muchas fuerzas pero todas incompletas al no querer compartir por egoísmo.
A ti que le das lectura a estas reflexiones, te digo, este mundo necesita de más hombres atentos al cambio, sin sus mandatos de masculinidad, con deseos de no impulsar luchas para ganar, sino deseos de transformar a favor del bien común; y es que somos uno en esta realidad, somos uno para comprendernos, para ayudarnos, para encontrarnos, por eso desde dentro demos oportunidad de transformar con la otredad la realidad que nos interpela. #soygerardoherrera