Toque de nano sabiduría
Al principio, cuando vi las imágenes de los jóvenes detenidos durante la marcha por el agua, pensé en los estudiantes que habían salido a exigir algo elemental. Después, al revisar información, entendí que debemos distinguir entre quienes ejercieron ese derecho y quienes participaron en agresiones. Defender una causa legítima también exige cuidar cómo se defiende.
Sí hubo estudiantes detenidos, como confirmaron universidades. Hay denuncias de detenciones arbitrarias que deben esclarecerse. Quien únicamente estuvo cerca de una agresión no puede cargar con la responsabilidad de quien la cometió. Tampoco basta ser estudiante para quedar exento de responder por actos violentos. Cada caso exige pruebas, identificación de conductas y respeto a los derechos de las personas.
He señalado constantemente que inconformarse no autoriza a destruir. Agredir a policías, lastimar a otros ciudadanos o dañar el mobiliario urbano perjudica precisamente a la comunidad cuyo bienestar se dice defender. Los policías también son personas, tienen familias y merecen protección. Eso tampoco permite justificar excesos contra manifestantes pacíficos: la autoridad debe distinguir, contener y responder por su actuación.
La exigencia de agua limpia pertenece a los habitantes de Guadalajara y su zona metropolitana. Morena no puede apropiársela para construir una campaña contra el gobierno estatal mientras omite las responsabilidades de la Federación. Tampoco Movimiento Ciudadano puede utilizar los disturbios para descalificar a miles de personas que marcharon legítimamente. El problema sigue siendo el agua, aunque resulte electoralmente más cómodo discutir solamente los enfrentamientos.
Todos los partidos que han gobernado tienen cuentas pendientes. El PRI y el PAN por decisiones y omisiones anteriores; MC por el servicio que hoy administra; Morena por las obligaciones federales y las obras comprometidas que todavía requieren concluirse. La inauguración de una presa no demuestra que todo su sistema esté terminado ni que el agua llegue limpia a las casas. Una ceremonia no sustituye infraestructura operando.
También deben investigarse los señalamientos sobre personas trasladadas en camiones desde otros estados y posibles grupos organizados para provocar violencia. Las versiones sobre lonas con leyendas de Morena merecen aclararse: utilizar una exigencia ciudadana como escaparate partidista sería un acto de oportunismo. La presencia de propaganda partidista y la posible organización de las agresiones son asuntos distintos; ambos deben esclarecerse.
Lo inadmisible sería que cualquier partido aprovechara nuestra indignación para organizar provocaciones y luego presentarse como defensor de los afectados. Nuestra ciudad merece una protesta firme y pacífica, sin operadores que conviertan una necesidad cotidiana en instrumento electoral.
Desde hace un año debieron acelerarse las acciones para que hoy pudiéramos medir avances concretos. Las autoridades deben explicar sus retrasos, publicar resultados de calidad del agua y presentar calendarios verificables. Los responsables de agresiones deben responder individualmente y, si hubo quienes organizaron o financiaron esos actos, también deben rendir cuentas. Quienes fueron detenidos sin sustento deben recuperar su libertad.
Podemos exigir todo esto sin contradicción. Queremos agua limpia, respeto a nuestros derechos y que nadie venga a vandalizar nuestra ciudad ni a utilizar movimientos legítimos para hacer campaña. Queremos cuidar Guadalajara. La indignación ciudadana no pertenece a ningún partido y nadie tiene derecho a convertirla en permiso para destruir. La violencia no resuelve el problema del agua. Esa es la responsabilidad que debemos exigirles a todos.




