Juan Carlos huyó. Las grietas monárquicas y los reinos de papel

No anda muy descaminado el ex rey Juan Carlos de Borbón, si realmente se refugió en la Dominicana. Ahí respira aún el recuerdo de Cristobal Colón y la vieja savia de los invasores españoles que hicieron de lado al genovés y se instalaron por primera vez en América. Muy oportuno recordar el desalojo del gran conquistador italiano, de alguien que llegó a la silla monárquica desplazando a su padre y nombrado en su declive por el dictador Francisco Franco. Muchas esperanzas se forjaron en aquel joven que se alió en matrimonio con otro personaje, la reina Sofía, miembro de una monarquía expulsada de Grecia por la república que se formó. Y en esas extrañas denominaciones que vimos aquí con Angélica Rivera, La Gaviota, la señora se convirtió en reina de los españoles. Estos pasaban de una dictadura perniciosa, a un flagelo monárquico con un sector privilegiado sin que el pueblo participara. Las esperanzas en Juan Carlos se fueron diluyendo ante el arrope del franquismo viviente que controlaba buena parte de las fortunas españolas y la monarquía, dentro de un gobierno constitucional, pasó a ser la encargada de la ceremonia, una especie de rostro turístico, a un precio muy alto. Ahora, por esa representación gasta más del 10 por ciento del PIB, en un país empobrecido, con millones de parados.

“ERA UN REY DE CHOCOLATE”, QUE LES COSTÓ CARO A LOS ESPAÑOLES.
Las investigaciones en las que está metido el que fue monarca del país europeo, se veían venir desde hace tiempo, antes incluso de su declinación en el puesto, por los gastos suntuarios, sus amasiatos, sus deportes de lujo asesinando elefantes y la vida regalada de verdadero rey que se daba. Le tocó de cerca el escándalo de su hija, la infanta Cristina y su yerno Iñaki Urdangarín, también juzgados por corrupción. Juicio en el que al parecer, se negoció dejar libre a la mujer y se procuró no tocar al rey y a su familia, aunque hubo voces que señalaban que Juan Carlos estaba enterado y él era uno de los beneficiados. Sin que la llamada dinastía Borbón configure una herencia del puesto, en un mundo moderno y con leyes acordes a la época, la declinación del anciano dejó en su lugar a su hijo Felipe como rey, sin que mediara tampoco intervención popular. Pasó a llamarse reina una mujer como Letizia, que no tenía nada que ver con los vericuetos del poder palaciego. En uno de sus viajes a México en compañía de Felipe, la española hizo buenas migas con La Gaviota. Acostumbrado a una vida de lujo el actual rey Felipe I, tomó las riendas con todos los derechos, sin el sudor que vierten en los últimos tiempos Pedro Sánchez y los anteriores gobiernos de España, sometidos a votación. En lo que se llama monarquía constitucional, a querer y no, el llamado rey tiene una prevalencia en las decisiones.

MÁS DE 40 MONARQUÍAS, CON REYES POPULARES, PODEROSOS Y DE PACOTILLA
Los cambios de sistema económico, con reglas que arrasan y destruyen pueblos, no parecen afectar la inmovilidad de las monarquías en el mundo, aferradas muchas de ellas a canonjías milenarias que en algunos casos han tenido que negociar para seguir subsistiendo. Por eso, frente a las monarquías absolutas, se crearon las monarquías constitucionales o las que aplican ambos tipos y se convierten en híbridas. La más famosa es la de Reino Unido con una reina Isabel 11, que es la monarca que más tiempo ha durado en el gobierno, en los últimos mil años, según datos de enciclopedia. La suya no es una monarquía legendaria sino de 1917, debido a lo cual no puede heredar cosa que parece no importar por la forma como van señalando a los aspirantes al trono. Es gobierno parlamentario, pero la reina es la jefa de estado, titular de la Mancomunidad de las Naciones, de 53 gobiernos, que formalmente o por señalamiento, ella encabeza. Más de una docena son del Caribe y aunque algunos se han independizado, la siguen teniendo como soberana. Arabia Saudita y el Sulfanato Brenei, que parece nombre de medicamento, son regímenes absolutistas. El absolutismo total lo ejerce el papa en el Vaticano. En un largo documento de la BBC de Londres, en el que se analizan todos los regímenes monárquicos que existen ahora, en el mundo, se señala que el de Bélgica es el único popular que existe porque lo elige el pueblo. El monarca belga no lo es de Bélgica, si no del pueblo de Bélgica, dice el escrito de 2018. En México, su régimen constitucional se reforzó desde 1867 cuando fue fusilado Maximiliamo de Habsburgo. El país tuvo dos monarcas con nombres de emperadores, el mencionado Maximiliano y con anterioridad, en 1822, a Agustín de Iturbide. La historia hace la reseña de los muchos gobernantes prehispánicos que tuvieron nivel monáquico o de emperadores, como Acamapichtl, Chimalpopoca, Cuitláhuac, Moctezuma I y Moctezuma II, Cuauhtémoc, entre otros. Desde Maximiliano no ha habido alguien que se mueva por el interés monárquico porque no es necesario: existen los sistemas dictatoriales, los cacicazgos y otras estructuras que se les parecen.