Némesis
En los últimos días se han subrayado los signos autoritarios desde el partido gobernante, mismo que amenaza con culminar su obra de destrucción de la vida institucional del país. La reciente presentación de la iniciativa de reforma electoral confirma que Sheinbaum quiere apoderarse de todos los tramos de los procesos comiciales en todo el país para evitar perder el poder en 2027 y, sobre todo, en el 2030, porque sienten que ya no tienen los hilos de la gobernabilidad y prefieren asegurarse por las buenas y por las malas el mantenerse en el gobierno, muchos años más, cueste lo que cueste.
Son tiempos, momentos, de emergencia nacional que reclaman con sentido de urgencia la unidad de todas las fuerzas opositoras para derrotar esas pretensiones hegemónicas y totalitarias y, con ello, evitar que sigan hundiendo al país. Más aún, cuando la coalición gobernante está hoy dividida, precisamente porque Morena se quiere deshacer de sus aliados del Verde y PT.
Por eso llama preocupantemente la atención que ante el llamado de Alejandro Moreno, en su calidad de presidente nacional del PRI, para que toda la oposición democrática (PRI, PAN y MC) pueda hacer un acuerdo nacional para sumar fuerzas rumbo a las próximas elecciones y ganarle a Morena, la respuesta de las dirigencias blanquiazul y emecista haya sido la negativa.
Los argumentos que se esgrimen –según lo declararon a Azucena Uresti en su prestigiado programa radiofónico- son en el sentido de que separados supuestamente ganarían más posiciones, y que una alianza con el PRI no les beneficiaría. Pero no hacen reflexión alguna sobre la gravedad de la situación del país, sobre la deriva autoritaria que está acentuándose, sino sólo hablan del cómo obtener mayores beneficios en lo particular.
Pareciera que no se está ponderando por parte del PAN y de MC que una alianza amplia frente a la “aplanadora” morenista, considerando las militancias, las estructuras partidistas y la consecuente presencia de más representantes de casilla, es el mejor modo de evitar la fragmentación del voto y de neutralizar las intenciones de fraudes por parte del aparato gubernamental y su partido. Como señala el Revolucionario Institucional en un posicionamiento: anteponer intereses personales o partidistas al futuro del país, es un error que México no puede pagar. La división sólo hará que prospere el modelo dictatorial del obradorismo (véase el ejemplo de Venezuela, donde la oposición facilitó el enquistamiento del chavismo en el poder debido a su fragmentación).
Soy consciente de que no son decisiones sencillas, como no lo fueron cuando el PRD, con un profundo sentido de responsabilidad republicana, decidió ir en la coalición nacional en el 2024 para las elecciones en que perdimos el registro nacional. Pero la causa de ese resultado no fue la alianza, sino muchos otros factores. Y hoy la situación nacional es de mucho mayor riesgo que hace dos años. Por ello, llamar a la unidad no es signo de debilidad, sino de responsabilidad con el país.
Claudia ya amenazó con acudir al viejo “Plan B” obradorista para sacar adelante sus propósitos autoritarios si es que no reúne los votos para modificar la Constitución. El grupo gobernante sabe que se puede estar jugando su permanencia en el poder, mientras parte importante de la oposición insiste en la división.
¿De qué serviría que, separados PAN, MC y PRI, lograran mayores porcentajes de votación, si Morena gana la mayoría de los distritos, y siguieran destruyendo el entramado institucional y republicano de México? El enorme riesgo es que ya no tengamos en mucho tiempo elecciones medianamente libres y democráticas… y que ya, ni juntos ni separados, los partidos y las fuerzas opositoras puedan estar en condiciones de ganar. ¡Es evidente, con la necedad de la presidenta de cancelar las alternancias en el ejercicio del poder, que está en juego, en enorme riesgo, la cancelación de un sistema electoral que a pesar de todos los embates todavía posibilita que se compita en un marco de libertad!
Ojalá y que en breve tiempo se pueda montar una mesa de concertación política en la que se puedan empezar a tejer los posibles acuerdos aliancistas. El país lo reclama con urgencia. Tengámoslo claro: no estamos en condiciones de “normalidad democrática”, estamos frente a un partido y régimen que no busca competir, sino frente a uno que obsesivamente persigue la anulación de sus adversarios y eternizarse en el poder.




