La opción
“Las pequeñas cosas que destruyen a México”
Hay pequeñas cosas que destruyen a nuestro país; una de ellas, la elección de jueces a través de un voto ciudadano manipulado que produce basura judicial y destruye la justicia.
Otras de las pequeñas cosas que nos destruyen, es la corrupción gubernamental cuando se trata de eliminar bloqueos en calles, avenidas y carreteras o la toma de casetas de peaje en carreteras por supuestos sindicatos, grupos sociales o mafias disfrazadas de estudiantes, en donde se corrompe a sus supuestos líderes o se corrompe a las masas con prestaciones y canonjías que no se merecen, con tal de callarlos o moverlos. Lo mismo aplica para los “vándalos” que en las marchas destruyen propiedad ajena con el silencio cómplice y la inacción de las autoridades.
Y ni que decir de los cambios constitucionales y legislativos que emanan de congresistas que no tienen autoridad moral para dictar leyes, dado que, salvo honrosas excepciones, están formados por una mayoría de sátrapas vividores del erario que llegan sin la justa representación ciudadana (y sin capacidad), al ser postulados por los partidos, no por sus méritos republicanos y el respaldo ciudadano, sino por instituciones inmorales y corruptas como lo son los partidos políticos (todos); en donde las designaciones a candidaturas se dan en medio de componendas y acuerdos oscuros al interior de esas “cuevas de ladrones”, ello en adición a campañas tramposas en donde, todos los partidos han sido multados por infringir las leyes o por tener el apoyo de grupos delincuenciales, invalidando de facto la legítima representación que claman tener los candidatos a puestos de representación y/o gobierno, lo que les descalifica en justicia, para legislar sobre dinero ajeno y sobre cualquier tema. Por eso, en lo personal estoy en contra del financiamiento público a los partidos políticos, ya que en justicia, moralmente no tengo por qué mantener una institución a la que no pertenezco y menos, instituciones que por su inmoralidad y corrupción exhibida, vomito.
¡Momento Santiago, estás mal!, dirán los que todo saben, además de acabar con el entramado constitucional, si se suspende el financiamiento público, ganará las campañas quién tenga más dinero, es decir, el narco y poderes fácticos de los hombres del dinero (incluidas potencias extranjeras <léase USA> y trasnacionales), ellos serán quienes, vía financiamiento, decidirán los candidatos y por ende a los congresistas y gobernantes, acabando con la representación de los intereses de las mayoría y por consecuencia acabando con la “democracia mexicana” (entre comillas), ya que los políticos, por interés y compromiso defenderán los intereses del crimen organizado y de los dueños del dinero, no de los ciudadanos; a lo que respondería: Juar, juar, juar, no me hagan reír que traigo los labios partidos: Hoy, afirmo, salvo honrosas y escasas excepciones, los políticos no sirven a los ciudadanos, sirven a sus partidos, al crimen organizado y a los dueños del dinero, solamente que a diferencia del pasado, hoy nos cuestan miles de millones de pesos en gastos de campaña (que antes pagaban los criminales y los dueños del dinero) y que, al no financiar partidos ni campañas, podríamos orientar al desarrollo social (educación, salud, etc.) y al crecimiento de la economía (infraestructura, inversión, empleo, etc.) en beneficio de los mexicanos, al margen de que, como ha sido (salvo honrosas excepciones, otra vez), gobierne un esbirro de los grupos de quienes atrás del dinero, “limpio” o sucio, mandan en México.
Argumentará algún letrado en leyes, que al igual que un penal inexistente en el futbol ¡es penal! cuando el árbitro lo marca, las leyes que me obligan, con mi aportación fiscal, a colaborar con el mantenimiento y costo electoral de los partidos, son legales porque el Congreso las promulgó… Lo sé, es una utopía pretender quitar a perros rabiosos y con poder el financiamiento público; por ello, dada la coyuntura de hartazgo social, sugeriría respetuosamente un primer paso: 1.- Quitar el financiamiento diferenciado en campañas políticas; si constitucionalmente todos los mexicanos somos iguales, una verdadera democracia se fundamentaría en la igualdad de oportunidades para todos los candidatos al margen del partido que los postule (las fórmulas de diferenciar el financiamiento por padrones o votos son injustas, antidemocráticas e inconstitucionales). 2.- Acabar al 100% con el financiamiento privado en campañas. No es secreto que todos, salvo honrosas excepciones, hacen trampa y engañan al INE (que se deja engañar), 3.- Cero financiamiento público a partidos, incluyendo gastos de campaña como viajes, renta de oficinas, comidas, etc. Que los mantengan sus militantes, los que creen en ellos, y 4.- El financiamiento público a campañas: ¡100% en especie! ¡Nada de efectivo! <Camisetas, banderines, bardas, spots de radio, anuncios en TV, etc.> Solo así, entregando el apoyo en especie, el INE (estadísticamente y por regiones en riesgo) podrá auditar que no haya trampas ni excesos, lo demás, lo demás si se entrega efectivo o se acepta financiamiento privado es demagogia y dispendio imposible de controlar. Pensemos: si todos los candidatos tienen el mismo recurso, compitiendo sin trampas, es probable que gane el mejor candidato, con lo que ganará México… ¡Así de sencillo!




