Némesis
Dicen que existen 3 cosas que separan a las personas: La religión, el futbol y, por supuesto, la política. Categóricamente afirmo que solo hay una: el fanatismo.
Durante los últimos 9 meses desde la llegada del nuevo gobierno, el fanatismo y la fe ciega imperan en México. Durante este tiempo el presidente Andrés Manuel López Obrador ha sabido explotar una de sus más grandes fortalezas, su comunicación. Tanto así que la naturalidad con las que emite sus mensajes ha logrado que los ciudadanos no demanden explicaciones, sino que solo confíen, y muestra de ello es la popularidad con la que nuestro Presidente llegó a su primer Informe de gobierno y eso nadie lo puede negar.
Contrario a esto, hay una parte del público que insiste en que el Presidente ha sido ya muy reiterativo en sus mensajes, que repite y repite lo mismo una y otra vez, que su discurso no tiene sentido y no pasa a la acción, pero sobre todo que ya enfadó. La realidad es que los que estamos ya enfadados del mismo discurso, somos esa minoría que los escuchamos.
La gran mayoría se divide en dos grupos sociales: el primero es ese sector de la sociedad que mantiene una enorme apatía en cuestiones de índole político, que ni le va ni le viene; cree que independientemente de los gobiernos en turno, sigue adelante gracias a su esfuerzo y trabajo, que ya no cree, y que ni siquiera vota. Y por otro lado tenemos a ese sector que está contento, ese que tiene esperanza, ese que no pierde la fe; no escucha discursos, no ve noticias, no está al pendiente de las mañaneras, y por supuesto que no está al día de los indicadores de crecimiento y desarrollo de este país. Son personas que están todo el día trabajando, que su salarios no les da ni para soñar en usar un avión por placer o negocios en un nuevo aeropuerto de clase mundial, son esos hombres y mujeres que trabajan nuestras tierras, son nuestros adultos mayores, son personas que no tienen acceso a medios digitales, son nuestras comunidades indígenas, son todos aquellos que no saben ni quieren saber sobre economía y mucho menos política, pero lo que sí saben, es que su Presidente se levanta todos los días a las 6 de la mañana a decir algo, no sé qué diga o qué haga, pero sí sé que se levanta a las 6 a darle la cara a México.
Y la imagen que proyecta nuestro Presidente con ese solo hecho, es la de un hombre serio, responsable, trabajador que no se esconde, aunado a que continúa con una narrativa que genera expectativas positivas, pero sobre todo que mantiene un contraste enorme con los políticos del pasado, sosteniendo una comunicación muy empática y natural, con palabras, frases y dichos populares, entendiendo el sentimiento y los agravios históricos que ha cometido la clase política de todos los partidos en contra de todos los mexicanos.
Y es que muchos podremos no estar de acuerdo con las formas, pero en el fondo nadie puede decir que lo que nuestro Presidente está haciendo está mal. Porque es indudable que tenemos una deuda histórica con ese sector social, al que no volteamos ver, pero que existe y cuya realidad es muy lacerante.
Lamentablemente esa realidad no va a cambiar mientras la única estrategia siga siendo de comunicación, porque los índices de violencia no bajan nada más porque nuestro Presidente compre su café en el OXXO, porque los feminicidios no cesan, solo por pararse en la carretera a comprar un mango con chile. La realidad es que la popularidad de nuestro Presidente se encuentra sobre un muy frágil techo de cristal, sostenido en pura percepción positiva; la gente siente que es bueno, la gente percibe que es honesto, los mexicanos creemos que es confiable, juramos que es diferente.
Y esto no es más que el resultado de una imagen y un mensaje que han sido constantes desde hace ya muchos años y que se encuentra perfectamente enmarcado en un solo tenor.
“Lograr un cambio, acabar con la corrupción, primero los pobres” y si este discurso le sale tan bien y sobre todo se lo compran tan bien, ¿por qué habría de cambiarlo? Recordemos que la mayoría son estos 2 sectores, y uno no vota. Tú sigue hablándole a tu mercado, ese que no tiene tiempo ni interés de informarse, ese que entiende la percepción como realidad, pero sobre todo ese que si vota.
¿Y por qué esto es lamentable? Porque no basta con tener al Presidente más simpático del mundo, volcado en generar una identidad positiva y cercana con la gente, porque después de 9 meses de gobierno ya se está abriendo una brecha entre la expectativa y la realidad, las personas ya comienzan a exigir resultados, y para tener resultados, necesitamos un presidente además de elocuente, efectivo y para eso se necesitan los instrumentos de política pública correctos, y por lo menos lo que hemos visto hasta ahora es un gobierno inexperto, improvisado, con muy pocos perfiles altos y si con muchos que no cumplen con el perfil. En lugar de despreciar los hechos que lo contradicen, tiene que aceptarlos para poder mejorarlos, partir de información incontrovertible es el inicio de la conducción de un Estado moderno. Pero todo lo contrario, hemos visto que por mantener el discurso de acabar con la corrupción, acabamos pero con las guarderías infantiles, los comedores comunitarios, las becas para deportistas, artistas, académicos, acabamos con las medicinas de nuestros niños que luchan contra en cáncer, acabamos con las expectativas de un desarrollo económico como no lo prometieron en el primer año y si no hacen un alto consiente en el camino, y una reestructuración profunda solo será cuestión de tiempo para que también acaben con la esperanza de cambio que las personas pusieron en sus manos.
A la 4T le urge un plan racional que la sostenga más allá de sus estrategias de comunicación, pero eso no será posible mientras sus políticas dependan de la voluntad de una sola persona, así sea su creador. Mantenernos omisos a esta necesidad de cambios, nos condena a un escenario sombrío: el país seguirá arrastrando sus problemas de violencia, estancamiento económico, desigualdad y un presidencialismo tóxico que nos queda a deber todo en cuanto a cambio se refiere.
Si le vas a los Pumas o a Monarcas, si eres católico o evangélico, si eres de los que cree en AMLO o no lo eres, debemos entender que los políticos van de paso, en 6 años tendremos otro Presidente y así cada 6 años, o al menos eso esperamos, pero nosotros como sociedad permaneceremos, y por ello no debemos permitir diferenciaciones ni ofensas con ánimos de dividir, no debemos permitir que ninguna decepción política merme nuestra confianza en las instituciones, no debemos dejar de participar desde la sociedad civil organizada a favor del desarrollo democrático de nuestro país, no debemos permitirnos engrosar las filas de ese sector social, que ya no cree, que ya no vota. Por el contrario, seamos inteligentes y démosle importancia a lo que nuestros políticos hacen o no hacen, no a lo que nos dicen, atrevámonos a hablar de política en nuestros círculos sociales, pero hagámoslo con respeto, sin ofender, sin ofendernos, aprendamos a intercambiar opiniones y debatir sin fanatismos, así sea política, religión o futbol. Hagámoslo a favor de nuestro país, hagámoslo a favor de nuestras familias, esa si es la esperanza de México.




