Descomplicado
Podría escribir sobre lo ocurrido en Teotihuacán, sobre los agentes de la CIA en Chihuahua, el teleférico de Uruapan o muchos otros temas. Pero hoy quiero detenerme en algo que para muchas personas adultas pasa desapercibido: el Día del Niño y la Niña.
Cada 30 de abril celebramos a nuestra niñez, y pensar en ellas y ellos es lo que me llena de esperanza para seguir luchando por un mejor Michoacán y un mejor México.
Las niñas y los niños —con sus risas, su energía y esa forma tan genuina de ver el mundo— nos recuerdan todos los días que tenemos que hacer las cosas mejor, distinto a como se han hecho hasta ahora.
A veces me pregunto si suena a reclamo decir que el país que hoy vivimos no es el que quisiéramos. Hay violencia, hay miedo. Pero también, y al mismo tiempo, hay un esfuerzo colectivo por cambiar esa realidad. Por eso reconozco a la Cuarta Transformación: por no rendirse y por seguir de pie, incluso en medio de las adversidades.
A pesar de los intentos por paralizarnos desde el miedo, hemos avanzado. Hoy hay más herramientas para que niñas y niños crezcan con libertad, conociendo sus derechos humanos, también en nuestras comunidades indígenas. Uno de mis mayores anhelos es que todas y todos tengan acceso a la educación y la posibilidad de conocer el mundo.
Hace unos días organizamos un torneo de futbolito en mi pueblo, Paracho. En medio del ambiente del Mundial 2026, encontramos una excusa perfecta para convivir. Y ahí, entre juegos y risas, pasa algo importante: aunque no sepan que están frente a una senadora, se llevan un mensaje sencillo pero poderoso —estudien, sigan, no se rindan nunca.
Y a las maestras y maestros, mi reconocimiento. Muchas veces no dimensionan el impacto que tienen en la vida de una niña o un niño. Lo digo desde mi propia historia: yo también quise ser maestra como mis padres, y fue la educación la que me permitió elegir otro camino y hoy estar aquí, como representante popular, trabajando por ellas y ellos.
Deseo profundamente que la niñez de hoy tenga un presente y un futuro mejores. Amo mi historia, incluso con sus tropiezos, porque me hizo quien soy. Pero también sé que podemos aspirar a más: a infancias con amor, con familias presentes, sin violencia, con acceso a la educación, a la cultura, al deporte.
Que puedan ir a conciertos, conocer el arte, valorar lo que se hace en Michoacán. Que corran, jueguen, se cansen, rían. Que crezcan en entornos donde la paciencia y el cariño sean la base.
Que sus gritos siempre sean de alegría, nunca de miedo.
Con todo mi cariño para la niñez michoacana, y en especial para mis sobrinos: Dani, Cami, Andy, Santi, Jade, Susy y Fercha.
Nuestros abuelos y abuelas, nuestras madres y padres ya lucharon por nosotros. A nuestra generación nos toca hacerlo por ustedes. Sus retos serán distintos: hoy luchamos por la paz; mañana, ustedes tendrán que encontrar el equilibrio entre la naturaleza y un mundo cada vez más digital.
Que nunca pierdan la curiosidad y el asombro de lo esencial que es: lo que se siente, lo que se toca, lo que se vive.
Feliz Día del Niño y la Niña.




