Urge reconstruir el andamiaje democrático
En México, estamos atravesando un periodo crucial para nuestra economía. En realidad, un punto clave es que se ha logrado identificar la brújula no únicamente para establecer esos mecanismos y estrategias que servirán para implementar políticas públicas que consoliden nuestra estructura económica, sino también para concretarlas y adaptarlas, a medida que los días pasan, a las rápidas transformaciones de un entorno global. Nuestro país, por supuesto, asume la responsabilidad que le corresponde y, por lo tanto, se ha ido aferrando a esas líneas específicas que han demostrado ser muy efectivas para sostener un peso fuerte y un récord de inversiones. Este último ha llegado a su punto más alto con empresas de renombre que han respondido ante el clima apremiante y la confianza generada por Marcelo Ebrard.
Todo eso es, en primer lugar, una cadena de sucesos que comienza con la adecuada planificación de la Secretaría de Economía, que tiene el mandato de progresar y garantizar el funcionamiento óptimo a través de dos ejes centrales que nos han detallado en profundidad desde hace meses. Uno de ellos, por supuesto, está relacionado con el Plan México. Y el segundo, que surgió en la gestión y ha prosperado debido a que sus fundamentos tienen una planificación categórica en zonas concretas donde los recursos naturales son abundantes. Nos referimos a los Polos de Desarrollo, que son un estímulo para la industrialización promovido y gestionado desde la administración con objetivos específicos. Uno de ellos, sin duda, es reconocer las áreas de oportunidad, así como la extensa gama de recursos naturales, que son una plataforma de apoyo.
Los Polos de Desarrollo, que nos establecen la pauta para competir con otras potencias económicas del mundo, son recursos que nos han posicionado como una nación avanzada. Mencionarlos es importante, ya que, al fin y al cabo, estos mecanismos están contribuyendo a mejorar la calidad de vida. Igualmente, hay un control específico de las entidades que ya han comenzado su operación a corto, medio y largo plazo. Estamos hablando de áreas o regiones que han pasado por un diseño integral bajo una supervisión específica para aumentar lo que ha sido confirmado como oportunidades. En esa dirección, hay siete centros de desarrollo en construcción avanzada de norte a sur, con el objetivo de que pronto se pueda llevar a cabo uno de los planes más ambiciosos. Inclusive, los territorios que están manejando la consigna de ser altamente rentables y competitivos han avanzado a pasos agigantados. En el norte, está claro que se encuentran San Jerónimo, Chihuahua y Durango. En el centro del país están Huamantla, Tlaxcala; Celaya; Puebla; Zinapécuaro, Michoacán; y San José Chiapa.
Cuanto más se desarrollan esos espacios bajo la planificación y el control de las instituciones federales, más se hace evidente su potencial impacto positivo en nuestra economía. Es importante tener en cuenta que estas actividades económicas han sido manejadas, tanto por los gobiernos estatales como por la inversión millonaria hecha por la iniciativa privada, con los que se ha colaborado mediante una coordinación orientada al futuro y, al mismo tiempo, reforzando el presente. En efecto, ya ha pasado cerca de un año desde que se lanzó la insignia Hecho en México, que no me cansaré de alardear como uno de los más prometedores para impulsar las exportaciones de nuestros productos, que se fabrican en diversos lugares con una amplia variedad de recursos naturales. Gracias a ello, sobra decirlo, alcanzamos un récord histórico de exportaciones que ha alcanzado su pico más alto con 664,837.2 millones de dólares.
Es, ni más ni menos, un lapso de progreso beneficioso para nuestra estructura económica, especialmente ahora que se inicia una nueva etapa con la recuperación de concesiones de minerales críticos. Como ejemplo, han sido recuperadas 1,129 concesiones que ocupan un área de 889,512 hectáreas. Estamos hablando de una superficie considerable que es el producto de un trabajo arduo y coordinado con las entidades. En concreto, estos son éxitos que buscan aumentar la capacidad de producción mediante el uso de más insumos. En efecto, México recupera minerales debido a la falta de mecanismos administrativos o jurídicos, que son esenciales. Estas, debido a su importancia, están ubicadas en Jalisco, Coahuila, Durango, Chihuahua, Sonora y Zacatecas.
Todo esto, además, servirá como un catalizador cuando comiencen los trabajos para llegar a acuerdos sobre minerales críticos con los países vecinos de Estados Unidos y Canadá. Todo eso, en la lógica de las circunstancias propias, generará crecimiento y romperá con paradigmas en ese firme camino hacia el fortalecimiento económico que, por cierto, está muy por encima de algunas potencias del mundo, especialmente ahora que se ha otorgado toda la prioridad a la industria nacional y, por supuesto, a la insignia Hecho en México.
Vamos por el camino correcto, de la mano de la Secretaría de Economía, de Marcelo Ebrard.




