Cuando la queja sustituye al rendimiento laboral
"El pueblo del maíz": así se nos ha llamado a los mexicanos. Somos, sin duda alguna, el país que ha tomado a este preciado grano como parte fundamental de nuestro ser. Para nosotros, el maíz no es solo alimentación; es cultura, es origen, es destino, es nuestra esencia.
Para México, es el eje central de su mitología, cosmología y de la identidad de sus pueblos originarios. El maíz, es considerado la materia prima de la vida humana. Su importancia trasciende lo agrícola, sirviendo como fundamento de nuestra cosmovisión.
Aquí algunos ejemplos de su origen divino:
Origen del Ser Humano (Popol Vuh - Maya K'iché): Los dioses creadores fallaron al intentar formar a la humanidad con barro y madera. Finalmente, encontraron la masa de maíz como la sustancia perfecta. Con esta masa, moldearon a los primeros cuatro hombres, otorgándoles no solo cuerpo, sino también conciencia y la capacidad de las artes humanas. Este mito establece que la humanidad y su sustento son una y la misma cosa.
Quetzalcóatl y el Maíz Oculto (Mexica / Náhuatl): Al ver que los humanos no prosperaban, Quetzalcóatl se preocupó por su alimentación. El maíz estaba escondido por las hormigas dentro de la montaña sagrada del sustento. Quetzalcóatl se transformó en hormiga negra para infiltrarse, robar un grano y entregárselo a la humanidad. Este acto subraya el valor sagrado del maíz, pues su obtención requirió la intervención y el sacrificio de un dios para fundar la civilización.
El ciclo del maíz dictaba el calendario ritual de estas culturas.
De la Historia a la Realidad Actual
Posteriormente, el campo y sus trabajadores fueron y han sido la columna vertebral de la economía de México. Desde la época de la Colonia, debido al clima maravilloso y a su gente trabajadora, México se convirtió en el mayor proveedor de alimentos del Virreinato, el granero de la corona española. Bajo la explotación constante, los trabajadores cultivaron la tierra mexicana, aplicando la sabiduría ancestral y la tecnología de la triada de la milpa. Más tarde, los campos se regaron con sangre en la infame época del Porfiriato y sus Haciendas. El maíz, como semilla que germina y cobra vida, fue la guía para alzar el grito de "Tierra y Libertad" y el lema "La tierra es de quien la trabaja". Una vez más, el noble grano nos mostró la luz de la libertad.
Hoy en día, los campesinos, quienes ejercen el más noble oficio, siguen enfrentándose a la indiferencia, negligencia y el abandono por parte del gobierno. La política neoliberal que se implementó hace años aún está presente. Ellos trabajan de sol a sol todos los días, cuidando sus plantitas, pidiendo que llueva, que no caiga granizo o alguna plaga, para que al final de la temporada puedan levantar sus cosechas. Con el fruto de su trabajo y esperanzas, no solo alimentan a sus familias, sino que quitan el hambre a otras, y en pago, el gobierno los ha abandonado.
Aquí surge un concepto que parece que el gobierno no tiene claro: “soberanía alimentaria”. Esto es el derecho de las personas y los países a definir sus propias políticas agrarias y alimentarias, priorizando la producción local y sostenible para garantizar el acceso a alimentos nutritivos, suficientes y de calidad. México, claramente, no lo hace.
El día de hoy, el kilo de maíz se paga a cinco pesos, pero el producirlo cuesta siete pesos, esto sin siquiera incluir el trabajo del campesino. El gobierno, lleno de funcionarios tecnócratas convencidos de que su evangelio se dicta en la Bolsa de Granos de Chicago, actúa con argumentos necios diciendo que el precio lo fija el mercado. Nada más alejado de la realidad, porque estos falsos estudiosos de la agricultura saben que en la práctica en todo el mundo se subsidia a los agricultores, simplemente por la mentada soberanía alimentaria.
El problema es que en ciertas esferas del gobierno solo escuchan a intermediarios, a coyotes, a las grandes empresas productoras de harinas y a cúpulas que supuestamente representan los intereses de los campesinos, pero no lo hacen. Los estudiosos solo saben ver números fríos que no reflejan el sudor y la esperanza que pone el campesino en cada cosecha; ellos atienden a su único dios: el dinero. Es muy fácil jugar con el futuro de los campesinos desde su silla Herman Miller en sus lujosas oficinas.
Mi padre es campesino. Él ama la tierra y se dedica a este noble oficio. Su padre le inculcó el amor por el campo y todos los días se levanta muy temprano a atender sus plantitas. En años recientes ha decidido no sembrar los dos ciclos del año, solo uno, ya que debido a los costos y al crimen organizado, ya no es redituable. El ciclo de otoño-invierno, que requiere riegos porque ya no hay lluvia, exige más gastos. Hace varios años que no siembra esta zafra, pues al final no es costeable.
Esta situación da como resultado que se importe cada día más maíz, tanto amarillo como blanco. En el año 2023 se importaron 18 millones de toneladas; en 2024, 16 millones; y este año 2025 se estima el volumen en 25 millones de toneladas, una cifra histórica, sin mencionar que en gran parte es maíz transgénico y de mala calidad.
Los famosos tratados comerciales solo han beneficiado a unos cuantos, a costa de otros, en este caso, los campesinos. A pesar de que todos los países del orbe protegen a sus agricultores, en México se da la puerta abierta para la importación de granos. Los trabajadores del campo no tienen seguridad social, arriesgan su capital y sus ahorros en cada siembra, no tienen créditos accesibles y, para colmo, el gobierno les ha quitado los apoyos.
“El campo no aguanta más”.
"Sin maíz no hay país", y muchas frases más se pueden decir, pero hay una realidad: el campo está en crisis. Esta semana se manifestaron en las carreteras del Bajío y una cartulina que se hizo viral en internet resume la situación con sabiduría y dolorosa verdad. En ese cartel se lee:
Ir al baño: cinco pesos. Un refresco: veinte pesos. Un kilo de maíz: cinco pesos.
¡Esas son mamadas!
Todos los días que nos sentemos a la mesa, demos gracias por los alimentos recibidos. Un agradecimiento a quien cada quien decida, pero en esa lista, por favor, agradezcan también a los campesinos, porque sin ellos no tendríamos comida en nuestras mesas.
El día que el campesino se levante, el gobierno no los podrá detener, porque será la fuerza del maíz quien lo impulse y toda la fuerza de los ancestros estará detrás, buscando un mejor futuro para este noble pueblo del maíz.




