De frente y de perfil
El inicio del proceso para definir candidaturas ha puesto a cada fuerza política a competir. En la izquierda, y particularmente dentro de la coalición Seguimos Haciendo Historia, se vive un reacomodo natural ante la magnitud de los cargos que estarán en disputa. No es un escenario menor: diecisiete gubernaturas, la renovación de San Lázaro y la batalla por los ayuntamientos. A ello se suma la contienda por las alcaldías de la Ciudad de México, donde la competencia suele ser intensa por el peso político de la capital. Con este panorama, es evidente que las alianzas, las estrategias y los mecanismos internos de organización se vuelven determinantes.
Aunque se ha especulado mucho sobre la cohesión de la coalición recientemente ratificada, existe un motivo de fondo para sostenerla. Más allá de la afinidad ideológica, el PT ha reafirmado su alianza con Morena porque mantiene un compromiso genuino. No se trata únicamente de firmar un documento, sino de priorizar el interés colectivo sobre cualquier diferencia. Esta unidad, que pronto enfrentará una prueba de gran magnitud, es la herramienta más eficaz para contener a una oposición. En este contexto, la dirigencia nacional de Morena —a través de Ariadna Montiel— ha reconocido públicamente el peso político que el Partido del Trabajo ha acumulado en los últimos años.
La renovación del pacto entre Morena y el PT ha generado una dinámica que avanza con fuerza. Todo indica que la dirigencia morenista ha comenzado a otorgar al PT el trato político que corresponde a su crecimiento. El Partido del Trabajo dejó atrás la etiqueta de fuerza menor: desde hace tiempo consolidó presencia, estructura y capacidad de convocatoria. Su avance territorial ha sido decisivo para influir en resultados electorales y, en más de una ocasión, ha sido el factor que inclinó la balanza. Esa estructura, construida con constancia, se ha convertido en un componente esencial que no puede ser ignorado ni minimizado.
Son múltiples los elementos que permiten afirmar que el PT ha incrementado su militancia, su presencia y su respaldo social. Su crecimiento se refleja en las posiciones obtenidas en el Congreso federal y en diversos ayuntamientos. Estados como Veracruz y Durango son prueba de que el PT logró expandirse incluso cuando muchos lo daban por descontado. Ese avance también explica el respeto político que ha ganado, particularmente el de la presidenta de México. Fue ella, mediante Ariadna Montiel, quien cerró las diferencias surgidas en etapas anteriores bajo la conducción de Luisa María Alcalde en Morena.
Hoy el PT puede asumirse como una fuerza consolidada. Su crecimiento es visible, pero aún más lo es el liderazgo que ha logrado construir. Gracias a su base social y a su trabajo territorial, el partido tiene legitimidad para aspirar a espacios de elección popular. Sus pretensiones son coherentes con su peso político actual y deben traducirse en posiciones estratégicas. En este escenario destacan Zacatecas y Michoacán, este último con una presencia particularmente fuerte en las negociaciones. Se habla incluso de la posibilidad de alcanzar consensos que eviten tensiones internas.
Michoacán, en efecto, figura entre las prioridades del PT, que mantiene la expectativa de encabezar la coalición en ese estado. Aunque su militancia no sea tan numerosa como la de Morena, su influencia política es equivalente, lo que le otorga margen para exigir espacios y defender su derecho a liderar distritos y entidades. Cuando llegue el momento, Reginaldo Sandoval sabrá fijar los tiempos y ejercer la presión necesaria para asegurar que el PT reciba el reconocimiento y las posiciones que, por trayectoria y crecimiento, le corresponden.
Notas finales
Fuentes cercanas al proceso señalan que, conforme avancen los tiempos internos, el senador Saúl Monreal Ávila —quien en su momento buscó la coordinación de la defensa del voto— será finalmente quien tome la estafeta rumbo a la candidatura por la presidencia municipal de Fresnillo. Ese escenario quedó prácticamente definido tras la conversación prolongada que sostuvo con Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena. Su intervención, respaldada por su reconocida capacidad para generar acuerdos, permitió encauzar la unidad y fortalecer el cierre de filas. Con ello, se busca consolidar el proyecto político en Zacatecas, donde diversos actores dentro del partido consideran que la izquierda mantiene condiciones favorables para sostener su presencia.




