“Comunicación V: Tener la razón”

Cuando buscamos tener la razón, la comunicación pierde eficacia, haciendo más difícil que las personas podamos entendernos y tengamos relaciones sanas. 

Por algún motivo, los seres humanos tendemos a querer tener la razón, estamos tan identificados con nuestra personalidad ególatra, que sentimos que “perdemos algo” cuando no la tenemos; como si nuestra imagen y valor como personas dependiera de la perfección, de no equivocarnos, de ganar siempre, de parecer infalibles. Es probable que nuestro apego al ego sea parte de nuestra naturaleza, solo hay que observar a los niños pequeños que al comenzar a hablar incluyen en su repertorio, además de “mamá” y “papá”, las palabras “yo” y “mío” como respuesta instintiva y de afirmación de sí mismos, sin embargo, esto no significa que no debamos trascenderlo. También sucede que nuestra relación con el ego se refuerza y condiciona por nuestro entorno y cultura, ya que sobrevaloramos la perfección y el ganar; de ahí que frecuentemente nos perdemos a nosotros mismos y en lugar de procurar nuestro desarrollo personal a partir de ser introspectivos, analíticos y críticos, poniendo atención en quiénes y cómo somos desarrollando nuestro potencial, terminamos viviendo en un mundo de simulaciones en donde las etiquetas, los “deberes seres” de la sociedad y la aprobación se vuelven nuestra preocupación, lo que impulsa y refuerza que busquemos de forma permanente mantener una “imagen ideal” acerca de nosotros, lo que implica, entre otras cosas, que tenemos que “tener la razón” y que vivir a partir de la dicotomía “ganar o perder” nos aleja de la posibilidad de tener una vida en armonía, equilibrada y de sanas relaciones con las demás personas.

Esta forma de conducirnos por la vida afecta directamente nuestras relaciones y dificulta la capacidad de comunicarnos, ya que el proceso de intercambio de información que implica la comunicación inicia distorsionado, con interferencia y “ruido”; de entrada se pierde eficacia cuando dejamos la objetividad de lado, ya que para tener la razón acomodamos los argumentos de forma tal que, inclusive cuando no tenemos la razón, nos convencemos de que la tenemos imposibilitando un diálogo constructivo, ya que desacreditaremos cualquier mensaje de nuestro interlocutor que no nos lleve en la dirección deseada, generando en automático distancia y/o conflicto. 

Otro fenómeno que sucede cuando queremos tener la razón, es que no escuchamos para entender, sino que escuchamos para contestar; en lugar de poner atención a lo que la otra persona nos dice con la intención de comprender, nuestra atención se centra en ir construyendo argumentos y justificaciones para rebatir a nuestro interlocutor; en casos extremos, asociados a relaciones jerárquicas en donde alguien se siente superior a la otra persona (padre/hijo, jefe/subordinado, esposa(o)/esposo(a). sacerdote/creyente, etc.), llega a pasar que simplemente no se admite respuesta, rompiendo totalmente la comunicación al volverla unidireccional… 

Ya sea que lo hagamos de forma consciente o sin darnos cuenta, el hecho es que cada vez que nuestro objetivo es tener la razón, nos estamos equivocando; en cambio, si partimos de escuchar y aceptamos que podemos no tener la razón, nuestra capacidad de relacionarnos de manera constructiva y como consecuencia vivir mejor, será mayor, al tiempo que crecemos al aprender de otros.

​Si nos damos a la tarea de trascender al ego como parte de nuestro proceso de desarrollo y crecimiento en la vida, se abrirán nuevas posibilidades que no sólo nos beneficiarán para manejar de mejor manera nuestras relaciones y las situaciones cotidianas, sino que tendremos la oportunidad de enriquecernos de los demás, al aceptar que eventualmente el de enfrente puede tener la razón y nosotros no… ¡Así de sencillo!

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Un saludo, una reflexión.

Santiago Heyser, Sr. y Santiago Heyser, Jr.

Escritores y soñadores