El IMSS: los derechos de los trabajadores también son derechos del pueblo
En las raíces de la cultura hebrea se acuñó el término de “chivo expiatorio”; en el Antiguo Testamento, dentro del capítulo 16 del Levítico, su ‘yom kippur’, ese día sagrado de expiación en que se sacrificaba a dos chivos, animales que pagaban con su vida, por los pecados del ser humano que los sacrificaba para lavar sus propias culpas.
La historia de la humanidad está llena de infractores que, para dirimir sus errores, hacen que otro reciba las penas que le corresponden al culpable.
Acontece algo similar ahora y aquí, en este México del año 2026.
Cuando los políticos poderosos de nuestro país cometen graves errores, recurren a un chivo expiatorio, y en él descargan su culpa.
Por ejemplo, el chivo expiatorio favorito de la actual presidente de México se llama Felipe Calderón Hinojosa, a quien, se le acusa de todo, incluyendo torpezas y raterías que cometió Andrés Manuel López Obrador, presidente que, aún concluido su mandato, tiene el poder, y sigue disponiendo.
Pero, en la vida gubernativa mexicana existe una amplia variedad de chivos expiatorios.
Un caso citable es el de la presidente Sheinbaum y la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, las que protagonizaron, primero, una escaramuza respecto al trillado delito federal de ‘traición a la patria’.
La traición a la patria se tipifica en los artículos del 123 al 126 del Código Penal Federal vigente, cuyas hipótesis y consecuencias jurídicas, dogmáticas, se aplican al dictatorial antojo del narco gobierno de la 4T.
Invito a que se analice la literalidad de esos preceptos, los que sintetizo, en su esencia, y entrecomillo.
“Comete traición a la patria quien realice actos contra la independencia, soberanía o integridad de la nación mexicana con la finalidad de someterla a persona, grupo o gobierno extranjero; que los actos sean bélicos y hostiles, como tropa, en contra de la nación, bajo las órdenes de un estado extranjero, para perjudicar a México; que los actos sean de grupos armados dirigidos o asesorados por extranjeros, con la finalidad de atentar contra nuestra independencia, soberanía y libertad, contra la integridad de nuestro territorio, por destruir o quitar las señales de nuestras fronteras con ese fin; reclutar gente para hacer la guerra a México con la ayuda de un gobierno extranjero; participar con gobiernos extranjeros en una invasión de nuestro territorio, o para alterar la paz interior; proporcione dolosamente a un gobierno extranjero documentos o datos de establecimientos y actividades militares.”
Se observa que la tipología del delito de traición a la patria tiene una pésima redacción.
Empero, regresando a la brusca confrontación entre la presidente Sheinbaum y la gobernadora Maru Campos, ahora resulta que se pusieron de acuerdo (por razones inconfesables) para aplicar ese delito de traición a la patria en contra de un chivo expiatorio, César Gustavo Jáuregui Moreno, quien era el fiscal en el gobierno de Chihuahua cuando se configuró el hecho de encontrar y destruir un laboratorio de fentanilo en ese estado norteño, y en donde participaron agentes de la fiscalía federal, personal de la CIA, y las fuerzas armadas de México.
Con esos actos, y esos actores, ¿o todos son traidores a la patria o no lo es ninguno?
Y la respuesta jurídica y profesional es obvia: ninguno es traidor a la patria, porque ninguno de los participantes actualiza los supuestos o hipótesis jurídicas de esos artículos del Código Penal Federal que he transcrito, en su esencia.
Lo grave en nuestro país, en este momento, no es la traición a la patria, sino el desastre nacional provocado por el morenismo bicéfalo, Obrador-Sheinbaum: PEMEX en bancarrota, IMSS y el sistema de salud a punto de la quiebra, la soberanía nacional ejercida por narcos, el sistema educativo con grave retraso, la deuda externa e interna de monto impagable, la administración de la justicia destrozada, el poder legislativo socavado y sin poder, el sistema de trenes incosteables y descarrilados, el INE estallando por su ineptitud y corrupción, la inseguridad nacional amenazando a la población.
Todo en México está por desbarrancarse, y urge que las dos irresponsables cabezas autoritarias y dueñas del poder (Andrés Manuel y Claudia), escojan a un buen chivo expiatorio, o a varios, ya que las tremendas culpas lo ameritan.
Recién, Apatzingán, Pátzcuaro y Morelia fueron visitados por la presidente. Vino sólo por razones electoreras. Los aterradores problemas de Michoacán seguirán agudizándose.
Y el narco morenato de la 4T podrá imitar el estilo de César y Lucrecia Borgia en la búsqueda de esos chivos expiatorios, conforme a lo que el florentino Nicolás Maquiavelo (1469-1527) escribe en su obra ‘El príncipe’: “Siempre los poderosos tienen a la mano un chivo expiatorio para purgar sus errores”.




