De frente y de perfil
Padre, esposo, nieto, hijo, amigo, hermano. Un hombre valiente que no le temía a nada ni a nadie, que dio su vida por ese lugar hermoso donde nace el Río Cupatitzio: Uruapan del Progreso, Michoacán, una tierra de gente trabajadora que también ha enfrentado la violencia del crimen organizado.
Claro que lo personal también es político. En pocas ocasiones hablamos de un suceso doloroso para él y su familia: la muerte de su padre, a quien sepultaron un dos de noviembre hace más de una década. ¿Coincidencia?
Escuché hablar de la persona "del sombrero” en 2021, año en que nos convertimos en diputadas y diputados federales. Nacido en 1985, compartíamos el idealismo de transformar la vida social y política de Michoacán.
Tuve la fortuna de ver a su esposa embarazada, de verlo ilusionado, de abrazar a sus hijos.
Carlos inició un movimiento que se volvió imparable en Uruapan, en la región y en el país. Como diputado federal, siempre votó a favor de las reformas del presidente Andrés Manuel López Obrador porque coincidía con ese proyecto de justicia social y de atención a las causas.
En el proceso rumbo a 2024, cada quien apostó por su proyecto, pero siempre con respeto. Siguió adelante con una ruta independiente, porque lo movía un profundo compromiso con su pueblo. Su fuerza social quedó a la vista: casi 100 mil votos frente a los menos de 27 mil de otras opciones.
Ambos sabíamos el enorme reto que representaba Uruapan. Tuve el honor de caminar a su lado mientras portaba la bandera de México, de compartir tradiciones, de ver cómo personas de distintos estados lo buscaban para mostrarle respeto y cariño.
También compartimos momentos difíciles: cuando se incendió el mercado Tariacuri, cuando asesinaron a un periodista, cuando la delincuencia lo amenazó. Sé de su angustia, su enojo, su desesperación, pero también de su convicción de cuidar a su gente. Gritó, exigió, pidió apoyo porque vivía todos los días la realidad que enfrentan miles de familias.
Nuestra amistad estaba por encima de cualquier diferencia. Lo apoyé siempre y seguiré exigiendo justicia, con la misma firmeza con la que él defendía a su gente. Muchas veces le dije: “Carlos, eres un chingón, pero cuídate”. Él siempre me sonreía.
Agradezco todo el apoyo que me brindó “El movimiento del sombrero”, cada gesto de su comunidad, cada palabra que confirmaba que nuestra amistad era verdadera.
Hoy lo que siento es dolor, coraje y la indignación que compartimos miles de personas frente a la delincuencia que ha lastimado a tantas familias y que se llevó la vida de un amigo. Pero ese dolor también nos fortalece. Nos une en una causa mayor: respaldar a nuestra Presidenta en la construcción de la paz, porque no está sola; aquí estamos quienes queremos un Michoacán seguro, justo y con oportunidades.
No necesitamos intervención extranjera. Las y los mexicanos de bien somos más. Aunque intenten intimidarnos, no podrán con un pueblo organizado que exige justicia y que trabaja todos los días para atender las causas de la violencia: la desigualdad, el abandono, la falta de oportunidades. El joven que cometió ese asesinato no es el origen del problema; detrás hay estructuras criminales que debemos combatir con inteligencia, coordinación y cercanía con la gente.
Carlos hacía un llamado a la paz y a la seguridad. Ese llamado hoy es de todas y todos. Descansa en paz, amigo. Tu lucha sigue. No has muerto. Tu legado vive en el pueblo organizado, que luchará por la paz, por la justicia y por el amor a nuestra tierra.




