La importancia de lo incomprensible
Mucho se especula sobre las motivaciones y planes del presidente Trump respecto a México. Explicable, aunque inexacto, que la opinión publicada procese el tema a partir de las fijaciones que se han naturalizado en la reflexión política. Una de ellas, la más recurrente, se asocia a López Obrador. Cierto, el expresidente está muy presente en los críticos del régimen y hay razones para eso, pero asumir que la agenda del gobierno norteamericano la fija un sentido de revancha hacia quien dice estar retirado de la política, viene bien para un sector de los mexicanos, no para el gobierno de EU con otra perspectiva, interés y prioridades.
La amenaza de Trump es considerablemente mayor a lo que muchos advierten, incluso para el mismo expresidente, pero no por propósito, sino como baja colateral. No deja de haber candidez en quienes piensan que la interferencia de Trump puede significar el fin del régimen obradorista; es preciso señalar que no lo mueven motivaciones ideológicas a pesar de ser un exponente del pensamiento supremacista blanco, asociado al nacionalismo ultraderechista. Intereses económicos personales y sus fijaciones del poder dominan su postura; es inédito lo que sucede en EU y la corrupción desde la presidencia es de escándalo, sin precedente e impúdica. En política es cambiante, puede un día humillar públicamente al presidente de Ucrania y al otro darle las armas para defenderse de Rusia. Es impredecible porque su agenda la dictan su humor, sus fijaciones y las presiones del temor de perder la elección de noviembre del próximo año, así como el comportamiento de los mercados. Todo se puede esperar, pero el ogro no come lumbre.
La opinión completa en Quadratín Yucatán




