Alerta Fonart por plagio y apropiación cultural a artesanos mexicanos
PÁTZCUARO, Mich., 1 de noviembre de 2026.- En Santa Clara del Cobre, el amor no solo se forja a golpe de cobre y martillo, también se teje y se tiñe con elementos que da la propia naturaleza y que son testimonio vivo de la creatividad y la armonía con la naturaleza que caracterizan a las comunidades indígenas.
Obrajero, ingeniero en materiales y tejedor, Carlos Ulises Correa Sáenz, ganador del premio Teresa Dávalos, máximo galardón del Concurso Estatal Artesanal con Motivo de Noche de Muertos, en Pátzcuaro, refiere que más de 20 años han enseñado a sus manos la delicadeza del tejido de la lana y la extracción de los colores de las flores y las plantas, en un arte que había sido olvidado y que renace.
"La gente asocia a Santa Clara del Cobre con la metalistería, pero por 80 años también se ha tenido el tejido de la lana, que por tres generaciones hemos ejercido, desde que mi abuelo aprendiera este arte, en Pátzcuaro, para traerlo a Santa Clara del Cobre y enseñarlo a mi padre, tíos y hermanos", explica.
Pero, tras el fallecimiento de su padre, en 2019, comenzó a buscar otros tonos para la lana, siempre gris, blanca o negra, sus colores naturales, o teñida con anilina, tinte sintético que da tonos intensos.
En esta labor, redescubrió el uso del añil, planta que fuera usada en la zona de Pichátaro para crear el color azul, y la cáscara de nuez, proporcionada por los nogales en Picháaro y Charapan, para obtener color café.
"Estos tintes existieron en el estado y se perdieron, pero ahora los recuperamos. Me cobtacté con maestros en el área y luego la fundación Javier Marín me otorgó una beca para estudiar sobre tintes que permiten enriquecer el trabajo que hacemos con la lana", detalla.
Carlos Ulises Correa indica que además trajo otras técnicas externas, como la grana cochinilla para tener color rojo, o la flor de cempasúchil, para crear el amarillo.
Y es que diversos elementos naturales se han popularizado para teñir tejidos, como la cebolla, la col o la cúrcuma, pero no son tan intensos y perdurables como la gran tintura.
"Recuperar estos conocimientos es un parteaguas en el entendimiento de la cosmovisión sobre el trabajo artesanal en los tejidos, también en cómo percibimos los artesanos nuestras obras, antes veía los colores intensos de las anilinas y ahora disfruto trabajar con los colores más tenues y que dan un toque extra a los tejidos de los tintes naturales", expone.
Un gabán tinturado con técnicas naturales rescatadas del olvido le valió el premio Teresa Dávalos, un esfuerzo continuado por seis años de estudio y amor para traer de vuelta un arte perdido.




