La gastronomía no sólo nos da identidad, también oportunidades: Alfonso
TARÍMBARO, Mich., 17 de julio de 2026.- Cuando la jornada termina para unos, comienza para otros. En el fraccionamiento El Trébol, las lonas naranja aparecen cuando baja el sol. Los focos iluminan los puestos. El aroma de la comida ocupa la calle antes que las voces de los comerciantes. El tianguis nocturno abre paso a quienes no alcanzan el mercado durante la mañana.
El recorrido inicia con el olor de la morisqueta, la tripa y el chicharrón. Unos metros más adelante aparece el pozole. Después, el olor dulce que sueltan las frutas recién cortadas, las verduras, las aguas de sabores, el pan y las especias.
Cada tramo cambia de aroma.
El olfato marca el camino antes que la vista.
Entre las mesas hay mangos, limones y toronjas de temporada que llegan desde Apatzingán. También hay jitomate, cebolla, chile, aguacate y hierbas para la comida del día siguiente. A lo largo del pasillo aparecen zapatos, ropa de segunda mano con su aroma a suavizante gringo, juguetes, artículos para el hogar y productos de fabricación china que comparten espacio con mercancía tradicional.

Las familias caminan sin prisa. El tiempo va a otro ritmo. Algunos llegan con la lista del mandado. Otros buscan la cena. Hay quienes se detienen para conversar con los comerciantes que conocen desde hace más de cuatro años.
Los niños piden un antojo antes de regresar a casa: dulces, gorditas de nata o smoothie.
Benjamín García, líder de los comerciantes, explicó que el mercado nació a partir de la necesidad de quienes pasan la mañana en el trabajo y no encontraban dónde hacer sus compras al terminar la jornada.
"La idea surgió por la gente que trabaja en la mañana. Muchos no alcanzaban a hacer su mandado temprano, por eso lo hicimos para que tuvieran dónde comprar cuando salen de trabajar. Hasta ahorita nos ha funcionado muy bien. Además de los vecinos, viene mucha gente que pasa por la carretera, se detiene, compra algo y sigue su camino. Aquí no solo trabajan los integrantes de la organización, también participan oferentes de esta colonia", dijo.
Cada compra representa un ingreso para decenas de familias. Los puestos reúnen a comerciantes de la organización y a vecinos de El Trébol que encontraron en este espacio una oportunidad para trabajar.

Cuando la noche avanza, algunos puestos empiezan a vaciarse. Entre más oscuro, la gente se arremolina en el estacionamiento de la plaza. Las últimas ollas de pozole bajan el fuego. La morisqueta sirve sus platos finales. Los comerciantes acomodan las cajas. Los vecinos emprenden el regreso a casa con las bolsas llenas.
Al día siguiente la calle volverá a su rutina. Pero cuando el sol caiga otra vez, el próximo viernes, el olor de la comida anunciará que el tianguis nocturno de El Trébol abrió de nuevo.




