Daniel Sosa, del stand up al cine: buscará más proyectos del séptimo arte
MORELIA, Mich., 4 de agosto de 2026.- Lo que se encuentra en Michoacán para el cine mundial, además de locaciones de naturaleza y coloniales, es una profunda raíz cultural, por ello ha sido también escenario de películas de corte internacional, o que por lo menos son coproducciones de México con algún otro país.
Bajo una coproducción de Estados Unidos y México, se filmó en Michoacán la película Hijo de monarcas (2020), escrita y dirigida por Alexis Gambis, tuvo como protagonista al actor mexicano Tenoch Huerta. La película, que tuvo como locación al santuario de la Sierra Chincua, ganó el premio Alfred P. Sloan en el Festival de Cine de Sundance.
Por otra parte, también se filmó en Michoacán la película Un mundo sin fin/ Tiempo de la esperanza (1953), una coproducción entre México y Reino Unido, en colaboración con la UNESCO y el CREFAL.
Esta película, que es un documental dirigido por los británicos Paul Rotha y Basil Wright, tuvo como locaciones al propio lago de Pátzcuaro y algunas de las comunidades de sus alrededores. Este trabajo fue aclamado por la Academia Británica de Cine (BAFTA).

En una coproducción donde participaron México, España y Marruecos, se filmó la película Al otro lado (2004), dirigida por Gustavo Loza. En esta película, en la parte de la historia de Prisciliano, un niño michoacano que busca cruzar la frontera para buscar a su padre, se aprecia en distintas locaciones de la geografía michoacana.
Bajo la coproducción entre Canadá y México, está la película Cobre (2025), dirigida por Nicolás Pereda y donde participan las actrices michoacanas Teresita Sánchez y Estela Juárez. Este filme tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Marsella (Francia) antes de exhibirse como estreno en México en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
Como dato curioso, de acuerdo al sitio de la Lateinamerika-Institut (LAI), hay una relación indirecta entre la inconclusa película parte fundamental de la historia del cine mundial ¡Que viva México! (1931), del maestro ruso Sergei Eisenstein, con Michoacán.
Pese a que no aparecen imágenes de Michoacán en esta película, sí alentó en mucho la estética visual del Epílogo en este proyecto, debido a que el documentalista y fotógrafo mexicano Luis Márquez, quien fungía como asesor del cineasta ruso, le mostró algunas fotografías de la Noche de Muertos en Janitzio, las cuales causaron la fascinación de Eisenstein.




