Lleva El rostro la violencia del narco al cine de terror en el FICM
MORELIA, Mich., 23 de octubre de 2026.- ¿Cuánto les cuesta a las comunidades rurales abastecer de energía a las grandes ciudades? Esta es una de las preguntas que plantea Tralovento, película presentada en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), que aborda las consecuencias sociales, económicas y ambientales de la instalación de parques eólicos.
Filmada en una zona rural de Galicia, en la frontera entre España y Portugal, de donde es originario el director, la cinta narra la historia de Ana, una mujer que regresa a su comunidad para enterrar a su padre, quien murió en un incendio. A su llegada, descubre que heredó la casa familiar, el taller mecánico y varias tierras afectadas por un proyecto de instalación de un parque eólico.
En entrevista exclusiva para Quadratín, el director Eloy Domínguez Serén explicó que, además del drama familiar y la historia sobre el duelo, la película plantea un debate sobre las afectaciones derivadas de la implementación de energías renovables y los intereses económicos que hay detrás de estos proyectos.
“Supone un dilema. Lo que es muy interesante es que tanto los puntos de vista a favor como los puntos de vista en contra son válidos, son lícitos y son honestos”, señaló.
El cineasta sostuvo que en las comunidades rurales existe una sensación de expolio porque consideran que sus territorios son utilizados para abastecer de energía a las ciudades, sin que sus habitantes sean tomados en cuenta en las decisiones sobre el uso de la tierra.
A esto se suman las afectaciones a los paisajes y al patrimonio ambiental, así como la percepción de que los beneficios económicos no se distribuyen de manera equitativa entre quienes producen y quienes consumen esta energía.
“Yo creo que el debate no es tanto energías renovables sí o no, yo considero que sí, sino la manera en la que se están implementando y la sensación de expolio de algunos vecinos rurales”, agregó.
Domínguez Serén explicó que cada generador eólico puede producir alrededor de medio millón de euros al año, mientras que los propietarios de las tierras reciben entre 1.2 y 1.5 por ciento de los ingresos, según detalló.
Ante este panorama, consideró necesario realizar estudios ambientales serios y rigurosos para determinar las afectaciones que estos proyectos pueden ocasionar en los territorios, así como garantizar que los habitantes tengan capacidad de decisión y acceso a beneficios económicos.
“Como dice un personaje de la película, esto no va de energías renovables, va de ricos y de pobres”, expresó.
El director planteó que, si las comunidades rurales contribuyen a abastecer de electricidad a las grandes ciudades mediante estos parques, una forma de retribuirles sería ofrecerles tarifas eléctricas económicas.
Aunque Domínguez Serén cuenta con experiencia en el cine documental, consideró que la ficción era el formato adecuado para abordar esta problemática, ya que permite acercar al público a los conflictos políticos a través de las historias personales y emotivas.
“Cuando hay una película explícitamente política, hay determinado tipo de público al que me gustaría llegar que puede tener ciertas resistencias o prejuicios. En cambio, cuando llegamos a un tema político a través de una historia personal, nos introducimos poco a poco en el conflicto social y vecinal y luego en lo que es la cuestión política y económica”, explicó.
El cineasta destacó las diferencias entre dirigir un documental y una película de ficción, particularmente en la gestión de los tiempos.
“Los rodajes de documental pueden extenderse durante meses o años. Incluso tienes la posibilidad e volver a filmar, de hacer un proceso de filmo, monto, comprendo mi película y regreso a rodar y vuelvo a montar”. señaló. En contraste, en la ficción, por las condiciones del equipo y los recursos limitados, los cineastas se ven forzados a trabajar de manera veloz.
Asimismo, calificó como una experiencia maravillosa dirigir actores y actrices, pues le permitió ver cómo aquello que había escrito y construido en su imaginación cobraba vida a través de las interpretaciones.
“Aquello que tú escribiste un día y que está en tu cabeza se está materializando a través del cuerpo, de la mirada, de la sonrisa y de los gestos de otro ser humano”, expresó.
Domínguez Serén señaló que uno de sus objetivos con la película es acercar a los habitantes de las ciudades a la realidad de las comunidades rurales que producen la electricidad que consumen, pero cuyos habitantes no siempre son considerados en las decisiones sobre estos proyectos.
“Algo que he sentido es que, a pesar de que los receptores de la electricidad que se genera en el mundo rural son gente urbana, desconocen de dónde viene esta energía y cuál es el precio que hay que pagar. Si puedo, a través de esta película, reivindicar a las comunidades rurales en las que yo he vivido durante años y, por otro lado, ayudar a reflexionar a la gente de las grandes ciudades de dónde viene este consumo de energía y si se puede hacer de una manera más justa, me sentiré satisfecho”, concluyó.




