Inscritas 10 mil 751 familias michoacanas en Vivienda para el Bienestar
MORELIA, Mich., 12 de junio de 2026.- Los jóvenes que migran de las comunidades rurales de Michoacán no desaparecen del paisaje de sus pueblos. Aunque muchos viven en Estados Unidos o en otras ciudades del país, continúan influyendo en la producción agrícola, en las viviendas, en la infraestructura comunitaria y en la vida cotidiana de las localidades de donde partieron.
El secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, Cuauhtémoc Ramírez Romero, señaló que la migración en Michoacán rara vez implica la salida completa de las familias. En numerosos casos son los jóvenes quienes emigran, mientras padres, abuelos o hermanos permanecen en las comunidades para mantener las actividades productivas.
"Lo que hemos observado es que cuando migran los compañeros no se va toda la familia, migran algunos jóvenes, contribuyen con su familia y los mayores se quedan realizando las actividades productivas en sus predios", explicó.
El funcionario indicó que buena parte de las remesas que llegan a Michoacán tienen como destino las zonas rurales, donde contribuyen a financiar actividades agrícolas y cubrir necesidades relacionadas con salud y vivienda.
Esa influencia también se observa en las transformaciones materiales que experimentaron numerosas comunidades durante las últimas décadas. Las remesas permitieron ampliar viviendas, sustituir construcciones tradicionales por casas de concreto y facilitar el acceso a servicios que antes eran poco frecuentes en localidades alejadas de los centros urbanos.
La televisión satelital, a través de sistemas de recepción utilizados por empresas de televisión de paga, así como los servicios de internet, comenzaron a formar parte del paisaje cotidiano de numerosos pueblos gracias a los recursos enviados por familiares que migraron.
La presencia de los migrantes también quedó reflejada en obras comunitarias. Hasta 2018, organizaciones de michoacanos radicados en el extranjero participaron en el financiamiento de calles, pavimentaciones, plazas públicas, redes de agua potable, perforación de pozos profundos, electrificación y mantenimiento de caminos en más de 45 municipios de la entidad.
Además de las obras físicas, la organización migrante permitió la consolidación de más de 50 clubes de michoacanos en el extranjero, estructuras que fortalecieron los vínculos económicos, sociales y culturales con sus comunidades de origen.
El fenómeno ocurre en una de las entidades con mayor tradición migratoria del país. Datos analizados por la Secretaría del Migrante ubican a 16 municipios michoacanos entre los 100 con mayor densidad migratoria a nivel nacional. Chavinda ocupa el lugar 16, seguido de Morelos en la posición 18 y Epitacio Huerta en el sitio 20.
A diferencia de ciudades como Morelia, donde el número absoluto de migrantes puede ser elevado debido al tamaño de la población, en municipios pequeños la migración tiene un impacto proporcional mucho mayor sobre la dinámica comunitaria.
Esa influencia no sólo puede medirse por las personas que se fueron. También aparece en las parcelas que continúan en producción con apoyo de remesas, en las viviendas que cambiaron su aspecto con el paso de los años, en las calles pavimentadas con recursos de clubes migrantes y en los servicios que llegaron a localidades donde antes eran inexistentes.
En numerosas comunidades rurales de Michoacán, la migración no sólo transformó a las familias. También modificó el paisaje.




