Viene de atrás Atlético Morelia-UMSNH y golea a León en la Copa Promesas
MORELIA, Mich., 22 de junio de 2026.- Hay especialistas en análisis de fútbol que bien podrían ser clasificados como los exquisitos: con nada están satisfechos y exigen de la Selección Mexicana el paquete completo, resultados y fútbol de alto nivel.
Hoy que la Selección Mexicana de Fútbol clasificó a la segunda ronda del Mundial a falta de un partido, no escasean las voces que cuestionan su funcionamiento, la falta de gol y los titubeos defensivos.
Solo el desconocimiento de la realidad futbolística de México y de lo que la Selección Mexicana representa en los Mundiales puede justificar un análisis tan trivial. Basta recurrir a la estadística para dimensionar lo que, hasta el momento, ha conseguido el equipo dirigido por Javier Aguirre. Clasificar como primer lugar de grupo y ganar los dos primeros partidos en un Mundial no es algo de lo que el fútbol mexicano pueda presumir en demasía.
A lo largo de sus participaciones mundialistas, el Tricolor ha sido eliminado ocho veces en primera fase: Uruguay 1930, el primer Mundial de la historia; Brasil 1950; Suiza 1954; Suecia 1958; Chile 1962 e Inglaterra 1966 sellaron eliminaciones en primera ronda. También ocurrió en Argentina 1978 y, más recientemente, en Qatar 2022.
Asegurar el primer lugar del Grupo A en este Mundial 2026, con un partido aún por disputarse, es algo que solo se registró en tres ediciones anteriores: México 1986, Estados Unidos 1994 y Corea-Japón 2002. En tres de esos registros, Javier Aguirre ha sido partícipe: en 1986 como jugador y en 2002 y 2026 como entrenador.
El exseleccionador español Luis Aragonés tenía una definición pragmática del juego: “el fútbol es ganar, ganar y volver a ganar”. Las formas y los estilos deben exigirse a selecciones que están varios pasos adelante de la mexicana. La identidad futbolística es patrimonio de países que trabajan de manera ejemplar sus estructuras amateur y profesional. España, Brasil, Argentina y Francia, por mencionar algunas, son selecciones para las que ganar va acompañado de una identidad de juego.
De esos niveles, el fútbol mexicano y su selección están muy lejos. Por ahora, la exigencia es básica: ganar. Es lo primero que debe pedirse a una selección mexicana en un Mundial.
Con este 2026, México suma 18 participaciones mundialistas y, contando los triunfos recientes ante Sudáfrica y Corea del Sur, acumula 19 victorias en Copas del Mundo. Es decir, apenas un promedio de poco más de un partido ganado por participación.
Los números son fríos y reveladores. Solo en tres Mundiales —2002, 2018 y ahora 2026— el Tricolor ha logrado ganar sus dos primeros partidos. Si estas cifras no fueran suficientes, el liderato de grupo que ya tiene en la bolsa el equipo dirigido por Javier Aguirre solo se había conseguido en tres ocasiones anteriores: México 1986, Estados Unidos 1994 y Corea-Japón 2002.
Si bien los números reflejan una selección competitiva, aún está lejos de las fases definitivas. Hoy, como coanfitrión, tiene la ventaja que suele concederse a los locales: formar parte de un grupo alejado de los grandes contendientes al título. Evidentemente, si continúa avanzando, terminará encontrándose con ellos en el camino.
La falta de profundidad en la generación de jugadas de gol de la actual selección mexicana es una realidad, pero se compensa con la presión alta que provoca errores en el rival. Además, la solidez defensiva, sello distintivo de los equipos de Javier Aguirre, es otro punto a favor.
Solo resta enfrentar a Chequia para llegar a las rondas de eliminación directa, y el Estadio Ciudad de México representa un respaldo importante. En esa cancha, la Selección Mexicana solo ha perdido dos partidos oficiales: ambos en eliminatoria mundialista, el 16 de junio de 2001 ante Costa Rica y el 6 de septiembre de 2013 frente a Honduras.
Así que no nos equivoquemos: la exigencia es ganar, por encima de estilos, formas o planteamientos tácticos. El triunfo es lo más importante en el fútbol y, en una Copa Mundial, aún más.




