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MORELIA, Mich., 2 de febrero de 2026.- Efemérides taurino. Corría el 2 de febrero del ya muy lejano 1991 cuando un novillero moreliano que se anunciaba como Martín Alegría hizo el paseíllo en la Plaza de Toros La Macarena, en Salvatierra Guanajuato, flanqueado por los matadores defeños César Pastor y Ernesto Belmon. Ese novillero que se doctoraba hace 35 años tiene como nombre de pila el del muy conocido Saúl Méndez Ramírez, quien en su etapa de becerrista era conocido como El Maletilla y se caracterizaba como Memín Pinguín en el toreo bufo.

En efecto, el matador de toros moreliano Saúl Méndez hoy está de plácemes, porque hace 7 lustros se doctoró con todos los honores como matador de toros de lidia. “Don Ro” fue el nombre que se le dio al cornúpeta, sangre pura de Cabrera, procedente de la ganadería de Don Rodrigo Tapia. Fue ese un astado muy complicado que pegaba arreones, tiraba gañafonazos, desarrolló sentido, nunca humilló y se volvía en un palmo de terreno, al que el doctorarte logró poderle y exprimirle lo poco que traía y hasta lo que no tenía el canijo animal, por eso fue premiado con vuelta al ruedo.
El nombre artístico utilizado por el matador Saúl Méndez, se debe a un antecedente familiar, ya que su abuelo paterno llevaba por nombre propio el de Rafel Méndez Alegría y, lo de Martín, “es porque Saúl no es muy taurino y Martín sí lo es, baste recordar a Santiago Martín el Viti y a muchos más”. Su cuadrilla la integraron Luis “Chito” Muñoz, Luis Miguel Chávez y Francisco “Cachorro” García.
La combinación de Martín y Alegría, semánticamente hablando, da un nombre positivo, armónico y poderoso, porque Martín deriva del latín Martinus, este con asociación al dios romano de la guerra, Marte; y Alegría precisa placer, júbilo y jovialidad. De hecho, la unión forma un contraste de equilibrio entre fuerza y positividad. Y así, precisamente, es el matador Saúl Méndez, persona de gran fuerza de voluntad, que defiende sus principios y criterios sin arrebatos ni aspavientos y lo hace con el gusto de ser y hacer en favor de lo que tanto le apasiona, el Arte de Cuchares.

Esa tarde del 2 de febrero de 1991, la de hace 35 años, el nuevo matador de toros también dio vuelta al ruedo por lo realizado ante el sexto de la tarde. De hecho, el resultado precisa: César Pastor: vuelta y aplausos. Ernesto Belmon: Silencio y vuelta: Martín Alegría: vuelta y vuelta. El encierro resultó muy complicado en términos generales.
Enhorabuena al matador Saúl Méndez, quien hoy se mantiene en pie de lucha en defensa de la fiesta más bella de todas las fiestas, que es la fiesta brava. Lucha que realiza calladamente, en forma individual, a través de sus abogados; de suyo, ahora mismo está en espera de una resolución por un juicio de amparo que promueve en contra de quienes prohiben la fiesta brava en Michoacán. Así sea.




