Regresa el Torneo Chaly Morelia W50 con la michoacana Julia García
MORELIA, Mich., 2 de febrero de 2026.- La tauromaquia goza de muy buena salud en Michoacán. Las escuelas taurinas continúan con su labor de formación, enseñanza y culturización. En el campo bravo la vida continúa y crece la estirpe del ganado de lidia. Por doquier aparecen niños con la afición a tope, con el mal de montera sembrado hasta en sus tuétanos. Chavales con el deseo, el valor y el carácter necesarios para asumir un largo camino de esfuerzo, sacrificio y disciplina. Por eso ayer acudí a una tienta de macho y hembra realizada por dos becerristas puestos y dispuestos a perseguir sus anhelos toreros, quienes responden al nombre de Rafita y Rudy.
Al pie de La Doncella, esa imponente y bella montaña, allá en donde se alzaba la Hacienda de La Labor, alcentro del mugir de toros, novillos, vacas y vaquillas, entre mezquites y pirules, en el Cortijo La Calera, ese destino michoacano que recuerda a Don Rodrigo Tapia, fracción que hoy pertenece al ganadero Miguel “El Flaco” Tapia, pudimos disfrutar de una tarde campera en la que Rafita y Rudy se abrieron de capa y de muleta para tentar, probar la bravura y el tipo de embestida de una jabonera y un castaño oscuro que les exigieron y ante los que los niños de 10 y 9 años, respectivamente, mostraron aplomo y que van por buen camino en ámbitos de su formación.
Había que verlos. Qué afición la de ellos, y la de sus padres. Muy bien asistidos por el matador Emiliano Villafuerte “El Moso”, por los buenos aficionados prácticos Miguelín Castro y Juan Castro. Y, claro, bajo la dirección de del maestro Octavio Castro el Santanero, los pequeñines Rafita Y Rudy le salieron a los becerros con mucho valor, carácter, corazón caliente y cabeza fría. Intentaron, mostraron y hasta soportaron achuchones con gallardía adulta. Y, claro, pegaron capotazos y muletazos. No hubo momento en el que se haya aparecido las ganas de retirarse, de escapar, al contrario, se les vio muy decididos, muy metidos, con cabeza y oídos para aprender y corregir.
Fue muy grato verlos en el ruedo, en comunión con bravos becerros de Miguel Tapia, poniendo en práctica lo que han aprendido del maestro Santanero, sin cejar en el intento. Y más aún: con la afición a tope y en logros importantes, de esos que anuncian que sí, gracias a pequeños como ellos dos, Rafita y Rudy, la tauromaquia goza de muy buena salud en Michoacán. Por eso, por pequeños como ellos es que nos crece la certeza de que la fiesta brava seguirá viva, vibrante y pujante en esta tierra en la que, a pesar de los pesares (por no decir traidores a la patria, pero con fuero), el Arte de Cuchares y el Arte de Marialba no podrán extinguirse. ¡Ya dije! Y… Así sea.




