Despliegan 42 agentes para atender afectaciones por huracán Polo
MORELIA, Mich., 30 de abril de 2026.- En el marco del Día del Niño, el trabajo infantil mantiene una presencia crítica en México: 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años se encuentran en esta condición, equivalente al 13.1 por ciento de ese grupo poblacional, es decir, uno de cada ocho, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
En Michoacán, la proporción es aún más alta: alrededor de 18 por ciento, lo que representa cerca de 213 mil menores, una relación que en términos prácticos equivale a uno de cada cinco.
Así lo expuso este jueves el abogado laboralista Luis Fernando Rodríguez Vera, quien advirtió que el fenómeno sigue siendo estructural y se concentra en la informalidad: “tener a nuestros niños trabajando en los campos agrícolas, en el comercio, en el trabajo doméstico, es irles robando su infancia”.
Señaló que muchas de estas actividades se justifican bajo la idea de apoyo familiar o aprendizaje, pero en realidad responden a condiciones de necesidad: “obligarlos a trabajar bajo pretexto de que van a ayudar al núcleo familiar… realmente es de mucho impacto”.
Explicó que uno de los principales factores que perpetúan el problema es su normalización social, donde elk trabajo infantil se percibe como algo cotidiano o incluso deseable, bajo la lógica de “enseñar un oficio”, cuando en realidad implica explotación y vulneración de derechos.
De acuerdo con el especialista, la mayoría de las niñas y niños trabajadores se inserta fuera del sector formal. Alrededor de 79 por ciento lo hace en micronegocios o unidades económicas de hasta cinco personas, muchas veces en negocios familiares o de subsistencia.
Además, 37.6 por ciento no recibe ingreso alguno, lo que evidencia esquemas de trabajo no remunerado: “en la informalidad tenemos que un 37.6 por ciento no recibe ingreso… entonces vean ustedes también el abuso que puede ocurrir”.
Advirtió que esta situación es especialmente grave porque permanece invisibilizada, sobre todo en el ámbito doméstico: “es una cuestión que resulta invisible”, donde niñas y niños realizan labores sin supervisión ni regulación.
El fenómeno no solo se concentra en actividades de bajo perfil. También hay presencia de menores en trabajos considerados peligrosos, como agricultura, construcción, minería o industria química, donde están expuestos a riesgos físicos y ambientales sin ningún tipo de protección.
“En caso de un accidente, un riesgo de trabajo, pues quién se hace cargo de ellos”, cuestionó, al subrayar que estos menores no cuentan con seguridad social ni respaldo institucional.
El impacto del trabajo infantil también se refleja en la educación. Muchos menores abandonan la escuela o combinan jornadas laborales con estudio, lo qeu limita su desarrollo y condiciona su futuro: “¿dónde está la escuela?… muchos prefieren llevar sustento a casa, pero eso nos genera una condición más precaria”.
En México, la ley permite el trabajo de adolescentes de 15 a 17 años bajo condiciones específicas y con autorización de padres o tutores, pero prohíbe el trabajo por debajo de esa edad. Aun así, el especialista reconoció que en la práctica estas disposiciones enfrentan amplias brechas de cumplimiento.
A nivel internacional, los convenios 138 y 182 de la Organización Internacional del Trabajo establecen estándares sobre edad mínima y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, aunque, según advirtió, en muchos casos operan como “letra muerta”.
Agregó que factores como la pobreza, la falta de oportunidades y la debilidad institucional para vigilar y sancionar permiten que el fenómeno persista, particularmente en estados con alta informalidad laboral como Michoacán.
De acuerdo con el material presentado por el propio especialista en su diagnóstico laboral para este 30 de abril, el trabajo infantil se mantiene como uno de los focos más sensibles dentro de un mercado laboral marcado por la precariedad y la falta de condiciones formales.
En Michoacán, donde el 18 por ciento de los menores trabaja, el problema se vincula directamente con la estructura económica y laboral del estado, donde predominan actividades informales y de baja remuneración, lo que empyja a las familias a incorporar a niñas y niños al ingreso.
En un día destinado a reconocer los derechos de la infancia, el diagnóstico es contundente: “es escalofriante la cifra”, concluyó, al advertir que el trabajo infantil sigue siendo una realidad extendida, normalizada e invisibilizada.




