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MORELIA, Mich., 27 de agosto de 2026.- Ya se va del Padre Pistolas. La Arquidiócesis de Morelia le pidió la renuncia con fundamento en el canon 538.3. El arzobispado no le concedió el año de gracia que él pedía para continuar como párroco de Chucándiro, tiempo que necesita para terminar su casa hogar y una capilla que tiene en construcción. La determinación, precisada por el mismo sacerdote, es que tendrá que abandonar el templo de San Nicolás Tolentino el 23 de octubre venidero. No hay vuelta de hoja. Esa determinación tiene al presbítero Alfredo Gallegos Lara inquieto, molesto, pero decidido a acatar la disposición de sus superiores.

En el Libro II, Del Pueblo de Dios (Cann, 204-746), correspondiente al Derecho Canónico, se establece en el Capítulo VI, De las parroquias, de los párrocos y de las vicarías parroquiales (Cann. 115-552) que:
“Al párroco, una vez cumplidos los 75 años de edad, se le ruega que presente la renuncia al obispo diocesano, el cual, ponderando todas las circunstancias de la persona y del lugar, decidirá si debe aceptarla o diferirla; el obispo diocesano ha de proveer la conveniente sustentación y vivienda de quien renuncia, teniendo en cuenta las normas establecidas por la Conferencia Episcopal”. Por la renuncia del Padre Pistolas fueron dos clérigos enviados por el arzobispado.

Gallegos Lara lo relata desde un cúmulo de sentimientos encontrados: “Vinieron aquí dos padres, dos párrocos; uno es cura de Huandacareo, y el otro es secretario del arzobispo: ‘Pistolas, fírmale, porque ya te tienes que salir según el Derecho Canónico”. Desde la sinceridad que le es tan propia, Alfredo Gallegos Lara, el hombre emprendedor, el sacerdote recio, rudo, radical y encarador, pero noble, le dio rienda suelta a su emoción: “tengo un sentimiento muy gacho en contra de los obispos y padres mexicanos”.

Mas, se tiene que ir. Se irá. Al menos así debe suceder, aunque en honor a la verdad no ha empezado a empacar todavía y los tiempos ya están encima. Se irá y dejará un gran legado difícil de igualar, imposible de superar, porque su labor sacerdotal ha sido intensa en diversos aspectos, los que van desde lo religioso, lo social y, claro, en su perfil de empleador y constructor. Por eso es tan querido por muchísima gente, aunque, ciertamente, mucha otra no lo ve con buenos ojos, debido a su lenguaje ríspido, porque hay gente que le teme más a las palabras que a las malas acciones.

Cuando llegó a Chucándiro, hace ya 22 años, el Padre Pistolas encontró el Templo de San Nicolás Tolentino en ruinas. Inmediatamente empezó su labor de reconstrucción, restauración, remozamiento. Lo mismo hizo con otras edificaciones destinadas al culto religioso. Hoy, cuando el tiempo y el futuro lo alcanzaron, entregará una arroquia en condiciones excepcionales.

Gracias a él, al presbítero Alfredo Gallegos Lara, constantemente llega mucha gente de diversas partes del país y del extranjero a Chucándiro, porque el Padre Pistolas es un imán que jala multitudes, lo que dinamiza el comercio del lugar. Sus celebraciones eucarísticas reúnen a feligreses de la región, la entidad y el país, su labor evangelizadora es amplia, rica y trascendente, pero…

Eso parece no importar, tendrá que dejar la parroquia de San Nicolás Tolentino dentro de poco más de un mes, porque a ojos de sus superiores no merece estar un año más ejerciendo el sacerdocio en calidad de párroco en funciones, lo que, seguramente, no será impedimento para que continúe su gran labor evangelizadora, porque el sacerdocio no termina para quien renuncia o, como él, es renunciado sin consideración cual ninguna para su persona, siendo que se trata de un hombre fuerte, sabio y emprendedor.
El sacerdocio, se precisa, es de carácter vitalicio. “El sacerdocio no se pierde con la jubilación. El clérigo retirado mantiene su condición sacerdotal y, con frecuencia, colabora en tareas pastorales auxiliares, como confesar y celebrar misa”. Por tanto, aunque la guillotina le haya llegado al Padre Pistolas, la lógica establece que él continuará en el ejercicio de su quehacer pastoral porque la gente lo seguirá a donde se vaya.

El Padre Pistolas entregará una parroquia que, en su concepto, “es como una catedral”. Es edificio de estilo colonial novohispano construido en el año de 1642 por Fray Felipe de Vergara, provincial de la orden de los agustinos. El paso del tiempo y el descuido, trajeron esa edificación al siglo XXI en muy malas condiciones. Fue el presbítero Alfredo Gallegos Lara el que tomó a cuenta propia su restauración.
“El techo se caía a pedazos”, comentó el pintor guanajuatense Luis Valentín, oriundo de Apaseo el Grande, contratado por el Padre Pistolas para hacer trabajos de restauración, remozamiento y pintura de grandes óleos. Al caerse parte del emplastado del techo, quedaron al descubierto alegorías y ornamentaciones pintadas antiguamente, mismas que el artista guanajuatense restauró.

Luis Valentín, discípulo del maestro Jorge Curiel, y alumno del gran artista Luis Nisizhawa, es un pintor costumbrista y gran paisajista de paleta rica que, además, domina la figura humana. Por encargo del Padre Gallegos Lara, repintó la obra sacra que estaba en los muros, pintó y/o restauró en la cúpula del templo a la Inmaculada Concepción, a los arcángeles, a los evangelistas, ángeles, serafines y un triángulo con el ojo de Dios. Y realizó cuatro lienzos de gran formato pintados al óleo en los que narra la historia, colonización y sincretismo cultural de Chucándiro. Asimismo, creó una obra monumental dedicada a San Nicolás Tolentino, patrono de la parroquia.

Alfredo Gallegos Lara nació el 9 de julio de 1951 en Tarandacuao, Tarimoro, Guanajuato. Se ordenó sacerdote el 23 de octubre de 1977 en la Arquidiócesis de Morelia. Fue enviado a su primer destino como vicario a la parroquia de Ciudad Constitución, Baja California Sur, donde laboró dos años.
En 1979 llegó a servir a la parroquia del Santo Niño del Jaral, ubicada en Guanajuato, allí realizó una gran labor comunitaria y obras benéficas durante 25 años. En 2005 se le asignó la parroquia de San Nicolás Tolentino de Chucándiro, Michoacán, en la que, todavía, es el párroco, misma que deberá entregar por ordenes superiores el ya muy próximo 23 de octubre. Así sea.





