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MORELIA, Mich., 10 de febrero de 2026.- Una ola de frío inusual transformó el paisaje del sur de Florida en una escena inesperada: iguanas verdes cayendo de los árboles y apareciendo inmóviles en jardines, banquetas y parques.
Al ser reptiles de sangre fría, estos animales dependen del calor ambiental para moverse y cuando la temperatura baja bruscamente, su cuerpo entra en una especie de pausa metabólica conocida como “cold stunning”, lo que provoca que pierdan fuerza muscular y literalmente se desplomen desde las ramas donde descansan.
Aunque muchas parecían muertas, especialistas explicaron que en la mayoría de los casos se trataba de una parálisis temporal. Con el regreso del clima cálido, varias podían recuperarse por completo, motivo por el cual las autoridades recomendaron no tocarlas ni intentar calentarlas. Las imágenes del fenómeno se volvieron virales y despertaron tanto curiosidad como preocupación entre residentes y visitantes.
El episodio también volvió a poner bajo la lupa a las iguanas como especie invasora. Originarias de Centro y Sudamérica, llegaron a Florida hace décadas a través del comercio de mascotas y se adaptaron rápidamente al clima tropical del estado. Hoy su población genera problemas ambientales y urbanos: dañan vegetación, excavan túneles que afectan estructuras y desplazan a especies locales.
Ante la magnitud del evento, la Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida autorizó por tiempo limitado la recolección de estos reptiles sin permisos especiales. En solo dos días se contabilizaron miles de iguanas entregadas en centros oficiales. Algunas fueron trasladadas a cuidadores certificados y otras sacrificadas de manera humanitaria, ya que no cuentan con protección legal.
Más allá del impacto visual, la llamada lluvia de iguanas dejó una reflexión más profunda: los fenómenos climáticos extremos pueden intensificar problemas ecológicos ya existentes. Este episodio mostró cómo el cambio de temperaturas, combinado con la presencia de fauna introducida, puede generar situaciones inesperadas y abrir un debate sobre cómo gestionar la biodiversidad en un mundo cada vez más afectado por el cambio climático.




