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MORELIA, Mich., 11 de abril de 2019.- El lago de Zirahuén registró, en la segunda quincena de marzo, una tendencia a la baja en la presencia de cianobacterias, fósforo y nitratos, en comparación con las semanas previas, dio a conocer Alberto Gómez Tagle, investigador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).
Luego de la alarma que se observó en sectores de la población por la identificación de una coloración anormal en el lago de Zirahuén, derivada del repunte en la existencia de algas en el cuerpo de agua, particularmente del género Microcystis, potencialmente tóxicas, el lago ha tendido a la recuperación de su calidad.
Ello se ha determinado mediante el monitoreo por parte de personal de la UMSNH, en puntos del lago de Zirahuén como La Palma, Agua Verde y el Muelle.
Gómez Tagle expresó que entre febrero y la primera quincena de marzo se detectó un crecimiento del biovolumen y la concentración de nitratos y fosfatos, que fue seguido por una decaída en los niveles referidos en la segunda quincena de marzo.
Asimismo, precisó que en tanto que en 2013 se encontraron seis especies de cianobacterias, capaces de producir cianotoxinas con potencial hepato y neurotóxicas, para en 2019 ubicar tres especies, sólo una de las cuales podría implicar algún grado de riesgo.
Mencionó que este comportamiento se debe a las elevadas cargas de nutrimentos depositadas por los detergentes, las aguas residuales y los fosfatos de origen agropecuario vertidos en el lago, a lo que se sumaron las altas temperaturas observadas en ese período.
Alberto Gómez aseveró que el alza y la baja de las concentraciones de cianobacterias y nutrimentos conforman ciclos que se han mantenido los últimos 300 millones de años; sin embargo, la gravedad de sus efectos estará en función del aumento en las temperaturas ambientales.
Para el caso particular de 2019, la ocurrencia del fenómeno conocido como El Niño causa el cambio en los patrones de circulación planetarios que derivan en aumentos de la temperatura, para crear condiciones favorables para el desarrollo de las algas.
“Se puede poner feo, depende de cuánto suba la temperatura”, reiteró el investigador nicolaita.
Aunque el lago de Zirahuén no está en riesgo inminente de desaparecer, en un plazo de cinco a 10 años, conforme una estimación gruesa, podrían detectarse florecimientos algales que puedan comprometer el equilibrio del ecosistema.
“Es necesario que las personas cambien sus hábitos, que se privilegie el uso de energías limpias y se pongan en marcha propuestas específicas, porque sabemos que está produciendo estos fenómenos y nos encontramos en un buen momento para evitar el daño”, señaló.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el límite máximo recomendado de microcistina, toxina derivada del metabolismo de las algas del género microcystis, detectadas en el lago de Zirahuén, es de un microgramo por litro de agua; los resultados del monitoreo del sitio revelaron que cuenta con una concentración de 0.031 microgramos por litro, lo que se traduce en presencia de contaminantes, sin riesgo para la población, “pero yo recomendaría no tomar agua del lago de Zirahuén”.
Gómez Tagle refirió que el seguimiento de estos fenómenos ha sido eficiente, aunque se requiere de equipos para obtener datos de manera remota y en tiempo real sobre los niveles de tóxicos y la huella térmica.
“Si pudiésemos tener una mayor infraestructura, podríamos obtener mejores datos en menor tiempo”, estableció.




