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MORELIA, Mich., 12 de diciembre de 2025.- Derivado de una combinación de factores como la falta de luz solar y la presión por las fiestas, la temporada decembrina puede traer consigo un periodo de depresión conocido como Trastorno Afectivo Estacional (TAE), advirtió Angélica Juárez Loya, coordinadora del área de Psicología Clínica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Este fenómeno, un tipo de trastorno con patrón estacional, mezcla factores sociales vinculados a las fiestas de Navidad y al Año Nuevo, así como cambios ambientales como la disminución de luz, que influyen en la producción de neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo, explicó la especialista para Gaceta UNAM. “La temporada de diciembre puede ser una etapa de mucha exigencia emocional”, señaló.
La doctora explicó que entre los signos de este trastorno destacan alteraciones del sueño, pérdida de energía, irritabilidad, ansiedad, aislamiento social, culpa excesiva, cambios en el apetito, fatiga, sensación de inutilidad, dificultad para tomar decisiones y, en casos extremos, ideación suicida, descrita como pensamientos recurrentes de que la propia muerte podría solucionar los problemas.
Indicó que es fundamental identificar cuándo la tristeza deja de ser algo pasajero para convertirse en recurrente: “hay dos síntomas centrales: la anhedonia, es decir, ya no sentir placer por actividades que antes disfrutábamos y mantener un estado de tristeza por más de dos semanas sin poder regularlo”.
La especialista señaló que, aunque cualquier persona puede experimentar depresión, algunos grupos son más vulnerables en diciembre: como adultos mayores que viven solos, personas en procesos de duelo y adolescentes en quienes la tristeza suele manifestarse como irritabilidad.
Sin embargo, el trastorno puede darse en quienes sienten presión por cumplir expectativas sociales o familiares alrededor de las fiestas familiares, por lo que la psicóloga invitó a cuestionar la idea de las celebraciones como algo obligatorio.
“Las ideas de la Navidad perfecta o la gran celebración son creencias aprendidas. Vale la pena preguntarnos por qué tendríamos que mantenerlas religiosamente cada año”, sostuvo.
Asimismo, recomendó mantener rutinas básicas durante vacaciones, incluyendo actividad física ligera como caminar o bailar; poner límites en convivencias que generen estrés, sin sentir culpa por no asistir a todas las reuniones familiares y buscar apoyo en familiares, amistades y especialistas.
Apuntó: “es importante reconocer que, aunque la vida presente obstáculos que parezcan definitivos, siempre hay personas a nuestro alrededor que pueden brindar apoyo. Somos seres sociales y necesitamos de otros para reflejarnos y tejer redes afectivas”.




