Atropellan a transeúnte en avenida Amalia Solórzano, Morelia
MORELIA, Mich., 28 de octubre de 2025.- En un sondeo realizado entre transeúntes de la capital michoacana, la mayoría coincidió en que la llamada violencia vicaria, cuando uno de los progenitores utiliza a los hijos para castigar o dañar emocionalmente al otro, debe ser sancionada por igual, sin distinción de género.
Los entrevistados por Quadratín reconocieron que, aunque tradicionalmente se asocia este tipo de violencia con los hombres, también hay mujeres que la ejercen al impedir la convivencia de los padres con sus hijos pese a que éstos cumplan con sus obligaciones.
“A veces los papás secuestran a sus propios hijos, pero también hay mamás que castigan al papá con no dejarlos verlos”, comentó una de las participantes.
Otro entrevistado consideró que cuando no hay violencia ni incumplimiento de responsabilidades, ambos padres deberían tener el derecho de ver a sus hijos, mientras que otros apuntaron que los conflictos de pareja no deben trasladarse a los menores. “Los problemas son del esposo y la mujer, no de los hijos”, expresó una mujer consultada, al señalar que los niños terminan siendo quienes más sufren los pleitos entre adultos.
El consenso entre los entrevistados fue que los derechos de maternidad y paternidad deben ejercerse de forma equitativa, sin prerrogativas para alguno de los géneros. “Ni mujeres ni hombres tienen más derecho que el otro sobre los hijos, ambos deben ejercer su papel como padres”, sostuvo Carlos.
Entre los testimonios destacó el de un padre soltero que dijo ejercer su paternidad todo el tiempo y que consideró necesaria una legislación equilibrada.
“Siempre se castiga al hombre, pero estaría bien que se sancione también a las mujeres que ejercen este tipo de violencia. Así habría igualdad”, expresó, al compartir su experiencia de criar solo a su hija.
Otro participante, Antonio Malfavón, coincidió en que el castigo debe aplicarse de manera pareja. “Yo creo que sí, tiene que ser igual, sin decisión de género en la justicia”, dijo al señalar que ha conocido casos en los que los padres son separados de sus hijos sin motivo justificado.
Este tipo de opiniones reflejan la preocupación social que dio origen a una iniciativa de reforma presentada ante el Congreso de Michoacán por el ciudadano Erick Magaña Garcidueñas y la diputada Ana Belinda Hurtado Marín, la cual busca eliminar el sesgo de género en el tratamiento legal de la violencia vicaria.
La propuesta plantea modificar el artículo 9 bis de la Ley por una Vida Libre de Violencia para las Mujeres y el artículo 178 quáter del Código Penal del Estado, con el objetivo de establecer que esta forma de violencia puede ser cometida por cualquier persona, sin importar su género, siempre que utilice a hijad, hijos o personas significativas para causar daño a su expareja.
De acuerdo con el documento, la intención es reconocer que la violencia vicaria puede ser ejercida tanto por hombres como por mujeres, y que el principio rector debe ser el interés superior de niñas y niños. Magaña Garcidueñas sostiene que el enfoque legal debe centrarse en su bienestar, no en la condición del agresor, pues “la violencia vicaria no tiene género”.
El promovente ha aclarado que no busca contradecir los avances en materia de derechos de las mujeres, como la tipificación del feminicidio o las reformas contra deudores alimentarios, sino complementar el marco legal para incluir también a hombres y a personas no binarias que pueden ser víctimas de esta conducta.
La iniciativa fue dirigida a la Mesa Directiva del Congreso, y podría abrir un debate político y jurídico sobre los límites de la perspectiva de género en la legislación penal y familiar, así como sobre la necesidad de armonizar las leyes para garantizar justicia sin distinciones y proteger a la niñez de los daños emocionales derivados de los conflictos entre padres separados.
De prosperar, Michoacán se convertiría en una de las primeras entidades del país en reconocer expresamente que la violencia vicaria no es exclusiva de los hombres, sino una forma de violencia que puede ser ejercida por cualquier persona que utilice a los hijos como instrumento de castigo.




