MORELIA, Mich., 13 de agosto de 2020.- Al igual que la mayoría de los sectores, el de la tauromaquia no escapó a la crisis de la pandemia.

Van seis meses sin corridas, seis meses de plazas cerradas, seis meses de contracción económica en una actividad antes pujante.

Isaac Chacón, matador moreliano, habla del impacto.

Apenas en agosto, le salió una corrida en Aguascalientes.

Dice que todo dentro de lo legal, con los permisos correspondientes y aplicando las medidas que la Secretaría de Salud exige.

De hecho, señala que casi casi es un evento familiar, en un cortijo para unas 2 mil personas, pero que por supuesto no estará abierto a plenitud.

El torero, quién dice haber visto de cerca a la muerte en tres ocasiones, es cuenta de 17 cornadas y tres fracturas provocadas en el ruedo.

“Es una profesión fascinante, aunque peligrosa”, expone, al momento de lamentar la caída de la plaza, de la empresa, de la industria.

“No me atrevo a decir cuándo o cuánto tiempo durará el cierre de la fiesta brava, pero lo cierto es que hay afectaciones a toda una cadena que deriva de ella”, manifiesta.

Durante una breve plática con Quadratín, Isaac Chacón comenta la preocupación de sus colegas, pues es claro que, al igual que sucede con todos los espectáculos en el mundo, la inactividad se traduce en limitaciones económicas para los toreros y todo lo que está detrás de una industria otrora pujante.

“Perdemos todos: los ganaderos, los vendedores, quien tiene la taquilla, los cerveceros, los patrocinadores… todos”, insiste.

Para un villamelón, explica que el torero, a diferencia del novillero o de alguien más que está en un ruedo, es como un sujeto graduado, un profesional, experimentado, sin menoscabo de los otros actores que participan de la fiesta taurina.

Y destaca que México es privilegiado, pues es uno de los siete países en el mundo que es torero por excelencia, donde la tauromaquia mantiene un buen número de seguidores.

Dice que en el caso de Michoacán, son 25 de los 113 municipios que siguen la fiesta brava, que cuentan con buenas ganaderías y hay talento y talante para la actividad.

El matador también visibiliza ese amplio debate que está abierto en torno a la crueldad que argumentan grupos pro eliminación de la fiesta brava.

Dice que ahí ve dos grupos: los mascotistas, que confunde un perro, un gato o una ave, con un toro, que de nacimiento fue creado, alimentado y desarrollado para el espectáculo.

Por el otro, los animalistas, que van también a la defensa del toro.

Pero dice que la salida al problema está en manos del Congreso, que debe ver que no solo se trata de la fiesta brava, sino de toda una industria que da comida y sustento a miles de familias en México, incluidos los toreros, como él.