MORELIA, Mich., 27 de marzo de 2020.- Fue en 1961 que por iniciativa del Instituto Internacional de Teatro (ITI), organismo de la UNESCO fundado en 1948, se declaró que cada día 27 de marzo se conmemorara el Día Mundial del Teatro. La primera vez sucedió al año siguiente. Desde entonces, además de realizar eventos y actos en relación al teatro, se hecho una tradición: el ITI invita a personalidades mundiales de la escena teatral a emitir un mensaje.

Un sentido de unión entre las naciones fue lo que alentó a que se conformara este día para conmemorar a esta expresión artística. La fecha proviene de 1957, ya que el 27 de marzo iniciaba la temporada en el Teatro de las Naciones en la llamada Ciudad Luz, París, Francia. Dicha temporada tenía la finalidad principal de ser un motivo de unión entre países tras la decadencia de la Segunda Guerra Mundial.

El primer mensaje en relación a esta fiesta mundial por el teatro sucedió en 1962. En esa ocasión le correspondió dar unas palabras al poeta, dramaturgo y cineasta francés Jean Cocteau. Los siguientes años vinieron personajes de peso como el actor y director inglés, Laurence Olivier; el escritor y dramaturgo norteamericano Arthur Miller; el poeta chileno Pablo Neruda; el actor británico Richard Burton; el dramaturgo y escritor español Antonio Gala o el actor y director estadounidense John Malkovich.

Otra fecha importante dentro del gremio teatral, y que ocasionó que se realizaran cinco mensajes de las cinco regiones del mundo, fue el 70 aniversario del ICTI, en el 2018. En ese año participaron el escritor y director de escena británico Simon McBurney, representando a Europa; en representación de la región Asia-Pacífico, lo hizo Ram Gopal Bajaj, director de teatro, actor de teatro y cine, académico, ex director de la Escuela Nacional de Teatro de Nueva Delhi; los Países Árabes tuvieron representación con la directora de teatro, performer, escritora y cofundadora de la Zoukak Theatre Company, Maya Zbib; por su parte, la región de América fue representada por el mensaje de la escritora y periodista mexicana Sabina Berman; y finalmente el mensaje de Áfricale tocó a la artista multidisciplinar Wèrê Wèrê Liking. 

Este año correspondió al director, dramaturgo, periodista y activista de los derechos humanos pakistaní Shahid Mahmood Nadeem, quien escribió, lo siguiente y que ya ha sido traducido al español:

Es un gran honor para mí escribir el Mensaje del Día Mundial del Teatro 2020. Es un sentimiento de una gran humildad, pero también es emocionante pensar que el teatro pakistaní ha sido reconocido por el ITI, la organización de teatro mundial más influyente y representativa de nuestro tiempo.

Este honor es también un homenaje a Madeeha Gauhar, icono del teatro y fundadora del Ajoka Theatre, también mi compañera de vida, quien murió hace dos años. El equipo de Ajoka ha recorrido un largo y difícil camino, literalmente desde la calle hasta el teatro. Pero también, es la historia de muchas compañías de teatro, estoy seguro.

El teatro como santuario

Al final de una representación de la obra de teatro de Ajoka sobre el poeta sufí Bulleh Shah, un anciano, acompañado por un niño, se acercó hasta el actor que había interpretado el papel del gran sufí. “Mi nieto no se encuentra bien, ¿podría bendecirlo?”, dijo. El actor se sorprendió y contesto: “No soy Bulleh Shah, solo soy un actor que interpreta el papel”. El anciano entonces contestó: “Hijo, no eres un actor, eres una reencarnación de Bulleh Shah, su Avatar”.

De repente, se nos ocurrió un concepto completamente nuevo de teatro, donde el actor se convierte en la reencarnación del personaje que interpreta.

Explorar historias como la de Bulleh Shah, historias como ésta existen en todas las culturas y pueden convertirse en un puente entre nosotros, los creadores de teatro, y una audiencia desconocida pero entusiasta.

Mientras actuamos en el escenario, a veces nos dejamos llevar por nuestra filosofía del teatro, en nuestro papel como precursores del cambio social a veces dejamos atrás a gran parte de la comunidad.

En nuestro compromiso con los desafíos del presente, nos privamos de las posibilidades de una experiencia espiritual profundamente conmovedora que el teatro puede proporcionar.

En el mundo de hoy donde la intolerancia, el odio y la violencia están en aumento, nuestro planeta se está hundiendo cada vez más en una catástrofe climática, necesitamos reponer nuestra fuerza espiritual.

Necesitamos luchar contra la apatía, el letargo, el pesimismo, la avaricia y el desprecio por el mundo en que vivimos, por el planeta en el que vivimos.

El teatro tiene un papel, un papel noble, debe dinamizar y hacer avanzar a la humanidad, ayudarla a levantarse antes de que caiga en un abismo.

El teatro puede convertir el escenario en un templo, el espacio de actuación, en algo sagrado. En el sur de Asia, los artistas tocan con reverencia el piso del escenario antes de pisarlo, una antigua tradición en la que lo espiritual y lo cultural estaban entrelazados.

Es hora de recuperar esa relación simbiótica entre el artista y el público, el pasado y el futuro. Hacer teatro puede ser un acto sagrado y los actores pueden convertirse en los avatares de los roles que desempeñan.

El teatro tiene el potencial transformador de convertir la escena en un santuario y ese santuario en un espacio de actuación.