MORELIA, Mich., 30 de septiembre de 2020.- Actualmente, pese a que hay mayores espacios de difusión para generar conciencia entre la población, la salud mental continúa siendo un tema que la gente no toma con la seriedad debida.


Especialistas coinciden en que aspectos como la falta de recursos, infraestructura hospitalaria, atención médica especializada en salud mental y la discriminación que sufren las personas con que viven con esta condición, impiden que este sector de la población se integre a la sociedad.


Esto se complica por el estigma hacia las enfermedades mentales, así como la falta de acceso a los medicamentos adecuados a pesar de que la salud mental es una necesidad básica del ser humano.
María Elena Medina-Mora, doctora en psicología social, explicó que la salud mental es un fenómeno complejo determinado por múltiples factores sociales, ambientales, biológicos y psicológicos, e incluye padecimientos como depresión, ansiedad, epilepsia, demencias y esquizofrenia.


En este sentido consideró urgente que se cuente con estadísticas actualizadas de salud mental en México, ya que el último estudio formal con el que se cuenta es la Encuesta Nacional de Salud Mental, realizada en 2001.


En México, un 18% de la población urbana en edad productiva (15 – 64 años) sufre algún trastorno del estado de ánimo, como depresión, ansiedad, demencia o fobia, y se calcula que más de 1 millón de personas vive con esquizofrenia; 13 millones son adictas al alcohol; 13 millones son fumadores y hay más de 400 mil adictos a psicotrópicos.


De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay cinco acciones a realizar para mejorar la salud mental en las naciones, como incluir a la salud mental en los programas de salud pública; mejorar la organización de los servicios de salud mental; integrar la salud mental a la atención primaria; aumentar los recursos humanos para la atención de la salud mental, y generar política pública de largo plazo en salud mental.


En el Plan de Acción en Salud Mental 2013–2020 de la OMS se establecen seis principios a cubrir en la política pública a favor de la salud mental: cobertura universal; respeto a los derechos humanos; estrategias de intervención basadas en evidencia científica y las mejores prácticas; consideración de las necesidades sociales y de salud en todas las etapas de la vida; trabajo conjunto de diversos sectores, y empoderamiento de los pacientes.