Procesan a adolescente acusado de portar arma y atentar contra policías
MORELIA, Mich., 25 de julio de 2026. - El diagnóstico nacional sobre el reclutamiento forzado de menores lo puso sobre la mesa la Secretaría de Gobernación. Reveló el horror con todos sus matices. Conoció la luz pública la metodología técnica y sistemática con la que la delincuencia organizada ha parcelado y clasificado la infancia en México.
No es casualidad ni improvisación. El documento oficial del Informe Anual 2025 del Mecanismo Estratégico del Reclutamiento y Utilización de Niñas, Niños y Adolescentes por Grupos Delictivos, confirma que el crimen organizado opera como una industria formal del despojo: diseña roles específicos según el desarrollo biológico del menor y mantiene un mercado demandante donde más de 50 grupos criminales compiten activamente por incorporar a los cerca de 176 mil menores identificados en riesgo.
Si algo deja en claro el seguimiento a este informe es que la codicia por el sector infantil no pertenece a un solo cartel ni a una región aislada. Es un patrón nacional.
La cartografía elaborada por la Dirección de Atención a Grupos en Riesgo muestra a más de 50 organizaciones y células delictivas con la mira puesta en las personas menores de 18 años. Y no, no son únicamente los adolescentes, también las infancias.
El abanico abarca desde los grandes emporios del narcotráfico —como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el Cártel de Sinaloa, el Cártel del Golfo, Los Zetas y la organización de los Beltrán Leyva— hasta estructuras regionales y locales profundamente violentas como La Unión Tepito, Los Viagras, Guerreros Unidos, Los Tlacos, Los Ardillos, Cártel Santa Rosa de Lima y redes urbanas como Fuerza Anti-Unión o La Barredora 24/7.
Para todas estas siglas, la niñez representa un insumo estratégico: de bajo costo, fácil manipulación, control, entrenamiento y con un blindaje penal relativo que la delincuencia explota sin escrúpulos. Y, personas desechables, que así como los reclutan pueden asesinarlos o simplemente desaparecerlos en las serranías o predios.
El punto más revelador del documento radica en la gradación funcional de las tareas. Los grupos delictivos han establecido un escalafón operativo rígido según la edad de la víctima:
A esta edad, el crimen explota la naturalidad con la que un niño se desplaza por las calles sin levantar sospechas de las autoridades. Sus funciones se concentran en:
En la adolescencia, el perfil cambia drásticamente. Las organizaciones criminales someten a los jóvenes a un proceso de desensibilización para integrarlos a labores de combate, cobro y ejecución:




