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MORELIA, Mich., 9 de mayo de 2023.- Nancy Vázquez hace fotografía en fiestas, vende cobijas, productos por catálogo, mezcal y todo cuanto llegue a sus manos que genere ingresos para mantener a su pequeña de seis años, porque es una infancia en abandono por parte de su padre desde hace varios años, pese a que la pensión y obligaciones parentales se acordaron de forma cordial.
El caso de Nancy es el claro ejemplo que no importa si es por las buenas o por las malas, hay quienes no desean asumir la responsabilidad que conllevan traer un hijo al mundo, que no es solo mantener, también estar presente, dar soporte emocional, cariño y acompañamiento a lo largo de la vida del menor.
Nancy es madre y padre, no por decisión propia, sino por circunstancias de la vida, que se traducen en el abandono de su pareja desde el embarazo y luego el abandono de la hija que tienen en común.
“Mi historia no es la tradicional, es distinta… a lo largo del noviazgo no había situaciones adversas o agresiones; pasaba todo normal. Tuvimos dos abortos y la relación iba bien, cuando me embarace noté que se asustó, pero yo también lo estaba. En aquel momento él incluso planeaba los nombres hipotéticos por si era niño o niña. No me imaginé que esto pasaría, porque él es hijo de un padre que hizo lo mismo, lo abandonó”, explicó en entrevista con Quadratín.
Así la maternidad fue agridulce, entre la emoción por tener un bebé y la incertidumbre del que pasará, porque su pareja se desentendió del embarazo, pero no pensó que lo iba a hacer por tanto tiempo, toda la vida de la hija.
Al nacer su bebé, Nancy acudió al Registro Civil a darle identidad a la pequeña, le dio parte a su ex pareja, pero nunca llegó y la nena se quedó con sus apellidos de soltera: Vázquez López.
La respuesta que tuvo de su ex no se lo esperaba.
“En un inicio cuando el papá reclamó su derecho, yo le dije que sí, costaba como 200 pesos el cambio de apellidos, pero que se hiciera presente en la vida de la niña; acudió a la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Desarrollo para las Mujeres, a acusarme que no lo dejaba ser papá, entonces él a mí me demandó para hacer el reconocimiento paterno”, añadió entre risas, sorprendida nuevamente por los acontecimientos por los que tuvo que atravesar.
Víctima del abandono de su pareja, en quien confiaba y había obligaciones de lealtad y complicidad, ahora debía hacer frente a una demanda, procedimiento legal que se demoró por un año, pese a que siempre hubo disposición de su parte y abogados a resolverlo por mediación; sin toda la faramalla desgastante que sucede en los juzgados.

“Se llegó a un acuerdo de forma pacífica y de una vez, se dictaminó cuanto se iba a dar de pensión, una miseria, ni una cuarta parte de lo que significa mantener a la niña, entonces fueron mil 800 al mes; todavía yo pensando en que no tenía suficientes ingresos, considerando su posición y también porque ya estaba cansada, harta de todo el proceso. Lo que quería era que ya todo terminara”, añadió.
Pero aquella decisión tomada al calor del hartazgo tendría consecuencias y generaría estragos en la nueva etapa de la vida que tendría que enfrentar: la crianza de una niña con todas sus implicaciones, pago de la guardería, zapatos, ropa, pediatra, alimentación y después la escuela, útiles, uniformes, etcétera.
De acuerdo a un estudio del Tecnológico de Monterrey una persona de 0 a 18 años puede gastar hasta 90 mil pesos en ropa, además de alrededor de 3.2 millones de pesos en alimentación y 3.5 millones de pesos en su educación, desde preescolar hasta la universidad.
Retomando, Nancy buscó una salida viable, en términos amistosos, sin embargo, aquella intención de ejercer la paternidad duró poco y se tornó violento.

“Llegaba a la casa a altas horas de la noche y exigiendo ver a la niña; la nena se duerme antes de las 9 de la noche y él llegaba después, pidiendo que se prestara; me golpeaba la puerta y agredía verbalmente, entonces se acordó visitas en el centro de convivencia del Poder Judicial”, pero al iniciar la pandemia comenzaron a escasear las visitas del hombre y eventualmente desapareció, incluso se fue de la ciudad y terminó por desentenderse definitivamente de su responsabilidad como papá.
Oficialmente con un padre ausente, Nancy tuvo que aprender a sortear los retos de la vida, en este caso, mantener sola y como podía a su hija; cuidar de ella, llevarla a la escuela, participar de las actividades escolares y trabajar en todo cuanto pudiera.
“Tengo como 100 chambas, no puedo tener ni una fija, por los horarios de la escuela… tengo que hacerle de todo, vendo desde cobijas, cosas por catálogo, soy fotógrafa, hago eventos y vendo mezcal”, dijo con voz nerviosa, sonrojada por todas las actividades que debe hacer para garantizar la comida en la mesa.
Y pese a las actividades múltiples que hace para mantener la casa, todavía tiene tiempo para ser mamá, y lo goza; entre risas y una avalancha de emociones, acudió este martes a ver a su hija presentarse en el festival de su escuela.
La nena de seis años salió al escenario, vestida de blanco, con orejas de conejo y un tutu del mismo color. Llena de amor por su madre, a quien no le quitaba los ojos ni un poco y a la que se lanzó a sus brazos para llevarle un até de colores, sin duda el lado más tierno de la maternidad deseada.
Pero el abandono de infancias tiene muchos rostros: la pobreza, el exceso de actividades para conseguir alimentos y el tiempo que demanda al tutor, así como el daño a las emociones de los niños y niñas afectadas.
“Al inicio me preguntaba mi hija por su papá, se ponía triste y le entraba la crisis de repente, pero poco a poco fue entendiendo; le expliqué la situación y también no le mentí, le dije la verdad, no sé por qué él no la frecuentaba. Pero le dejé en claro que tenía a su familia, la mía, que la amaba y que aquí estamos para ella”, explicó Nancy.
La familia paterna poco a poco fue sustituida por un tío abuelo, que antes había fungido también como figura paterna para Nancy; los hermanos de Nancy se sumaron al cuidado, la abuela materna y hasta el abuelastro.
¡Uno, dos, tres por Nancy y su nena! A la que toda la familia cuida, lleva o recoge de la escuela; acompañan en su crecimiento y no dejan que se sienta sola, nunca más abandonada.
Y con todas las carencias que conllevan ser padre, madre y proveedor, Nancy se hace el espacio para pasar tiempo de calidad con su nena, como este martes, que va a celebrar con su pequeña con una salida al cine, eso sí, primero van a comer, para gastar poco en el cine y no causar estragos a los ingresos familiares, ¡porque es fin de quincena!
A Nancy su expareja le debe alrededor de 124 mil 600 pesos, suma que queda haciendo el descuento de lo que antes aportó, cifra que probablemente siga creciendo, porque no se ha reportado desde hace dos años y no se tiene certeza de donde viva.

En Michoacán, el año pasado se ingresaron a los juzgados 57 demandas por pensión alimenticia, de estas 15 se resolvieron por medios alternos y tres sentencias, en tanto que el resto continúan en litigio; este año, son ya 25 las ingresadas y resuelto seis por sentencias.




