MORELIA, Mich., 28 de febrero de 2018.- Dicen que recordar es volver a vivir y Antonio El Mochito Villalón aún tiene en mente sus inicios como futbolista profesional y el error médico que lo dejó sin el brazo izquierdo tras lo que parecía una caída normal en la cancha.

Nació en la capital michoacana un 16 de mayo de 1940 y hoy, a sus 78 años, continúa defendiendo la camiseta rojiamarilla del Morelia con la misma pasión con la que debutó a inicios de los años sesenta en su encuentro contra el Atlas.

Fue en el campo Morelia, una antigua cancha localizada sobre la avenida Madero Oriente y donde actualmente se ubica una agencia de autos, donde supo por primera vez lo que era jugar en primera división.

“Tuve el placer de defender la camiseta durante 12 años con mi equipo Morelia. Desde que debuté en 1960 hasta que me retiré en 1975 siempre tuve la fortuna de ser titular con todos mis equipos”, recordó.

Aunque formó parte de otros equipos y portó otras camisetas, el corazón de El Mochito Villalón, quien destacó en la cancha por su gran habilidad y velocidad como extremo derecho, siempre fue canario.

“Tuve la fortuna de irme a Torreón a jugar allá cuatro años, entonces eran los Diablos Blancos, no era el Santos, tenían primera división y acababan de ascender”

Fue en 1957, a la edad de 17 años, durante un partido contra la selección de Pátzcuaro, cuando aun siendo jugador amateur, una caída en la cancha ocasionada por un futbolista apodado como La Zanca, le ocasionó una fractura de muñeca.

Pero fue una negligencia médica lo que ocasionó que rápidamente su brazo se cubriera de gangrena, ya que le habían puesto muy apretado el yeso, por lo que tuvieron que amputarlo de un día para otro.

“Todos dijeron que ya todo estaba perdido para el futbol, me tuve que ir a operar hasta México con un gran doctor que era el médico del equipo América. Hizo la lucha para salvar el brazo pero ya estaba perdido”, compartió.

Pero fue el consejo de aquel doctor que trató de salvarle el brazo, lo que en realidad le salvó la vida.

“El doctor me aconsejó y me dijo que si me gustaba el futbol siguiera practicando, que no pasaba nada, que iba a vencer esa adversidad y bendito dios creo que no quedé a deber nada como futbolista, creo que cumplí todo lo que me propuse lo hice y tuve grandes compañeros y amigos que dejaron una bonita página en el fútbol mexicano y de la cual me siento parte de ellos”, mencionó.

Su perseverancia logró que después de dos años el entrenador español y ex jugador del Real Madrid, José María Martín, lo fichara para ser parte de los Canarios del Morelia.

“Me vio en un partido de segunda división en el que me había invitado el Valladolid y antes de meterme al túnel cuando terminó el partido me gritó: ¿Manquito quiere jugar en el Morelia? vengase mañana a las 10 y ahí empezó mi carrera con él que me dio la oportunidad”, agregó.

Más adelante, Antonio El Mochito Villalón pudo viajar a México para jugar contra el América.

“Salté a la cancha y era una novedad, un jugador sin un brazo…de ahí despegué y ya para adelante todo para mí fue puro trabajo y vencer las adversidades”, se enorgullece.

Sin embargo, admite que no fue fácil convencer a los entrenadores que podía estar a la altura de cualquier otro jugador.

“En lugar de verme a la cara me veían el brazo y ya cuando me veían jugar se les olvidaba. Afortunadamente vencí todo y gracias a Dios los 20 años que jugué de profesional siempre fui titular. Tuve 20 entrenadores en mi carrera”, señaló.

Pero su apodo nunca significó una ofensa, por el contrario, dice que le daba gusto que lo valoraran sus compañeros de esa forma afectuosa.

Debido a su trayectoria, Antonio El Mochito Villalón recibió un homenaje por parte de profesores y empleados de la Universidad Michoacana durante la inauguración del torneo interno de futbol.

“Me siento bien privilegiado que a mis años aún se acuerden de un servidor, no sé con qué pagarles, mi respeto y admiración para estas canchas que me traen gratos recuerdos de mi juventud”, agradeció.

A las nuevas generaciones que aspiran a convertirse en futbolistas profesionales, recomendó ser unos “vagos” del futbol.

“Hay que voltear a los cuatro costados y ver a qué perro rabioso tenemos que morder futbolísticamente hablando, fue el consejo que me dieron mis entrenadores en aquel tiempo”.

Finalmente, considera que si bien, no tuvo la misma capacidad que otros grandes jugadores dentro de la cancha, siempre habrá un respeto y admiración para ellos.

“Bendito Dios creo que no quedé a deber nada como futbolista, creo que cumplí todo lo que me propuse, lo hice y tuve grandes compañeros y amigos que dejaron una bonita página en el fútbol mexicano y de la cual me siento parte”, concluyó.