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MORELIA, Mich., 12 de febrero de 2025.- Primero fueron los cencerros, después las campanas y actualmente son avisos grabados, pero no siempre fue así. La historia del sistema de recolección de basura en Morelia, relató para Quadratín Enrique Martínez, recolector y líder de la organización Hermenegildo Galeana.
Todo comenzó hace 37 años, cuando el Ayuntamiento de Morelia entró en huelga, siendo alcalde perredista Samuel Maldonado Bautista, recordó. Él tuvo el gesto de aceptar llevar la basura de sus vecinos al relleno sanitario y todo cambió.
“Era alcalde Samuel Maldonado y los trabajadores del Ayuntamiento se fueron a huelga, eso hizo que se fuera acumulando mucha basura. Las personas la tiraban en los terrenos baldíos, que en ese entonces había muchos. Un día, fui a tirar la basura y mis vecinos me pidieron que me llevara la de ellos y me dieron para el refresco, pero vi que estaba bien lo que me dieron, fue así que le pedí a mi papá ayuda para dedicarme a eso”, comentó.
La huelga jugó a su favor, así como el de otras personas que veían en la basura una posibilidad de llevar un sustento a su familia.
“Cuando yo le comenté la intención a mi papá de recoger la basura en la colonia donde él trabajaba me dijo que primero tenía que tener permiso. Él fue al Ayuntamiento, entonces no había concesiones, y era urgente la necesidad de limpiar. Nos convocaron a todos a hacerlo y muchos acudieron, así. Sin licencias ni cobros, nos permitieron hacer el trabajo, porque la basura se acumulaba en las calles por la huelga”, añadió.
El objetivo era claro, recoger los residuos sólidos urbanos, pero cumplir la tarea era más complejo, porque era alta la demanda de las familias morelianas, pero tenían poca capacidad las camionetas, no había orden en las rutas y nada de cultura de separación de la basura.
Todo iba parejo al relleno sanitario.
Primero usaron un cencerro, un tipo de campana para el ganado, para no causar tanto ruido y también poder satisfacer la demanda de los vecinos. Después la campana y, finalmente, los mensajes grabados. Los cambios responden a la necesidad de reducir la contaminación auditiva.
El trabajo en favor de la comunidad se volvió también redituable. Los ingresos eran suficientes para el pago de todo el equipo, el chofer, el de la campana y el que recibe la basura en la camioneta.
Además, los vecinos de su ruta, en zona de la avenida Camelinas también fueron empáticos con él y su familia obsequiando muebles de alta calidad. Desde televisores, salas y refrigeradores.
A 37 años de haber incursionado en el oficio de recolector, con una sonrisa en el rostro, Enrique no lo duda, “si volviera a nacer, volvería a ser recolector. Me gusta mucho mi trabajo”.
Su quehacer diario le permitió pagar la carrera universitaria de sus hijos, quienes si bien siguen su vida profesional, no olvidan sus raíces y de vez en cuando le ayudan en el trabajo de limpiar la ciudad.