Atropellan a transeúnte en avenida Amalia Solórzano, Morelia
MORELIA, Mich., 31 de octubre de 2025.- Los exorcismos, la representación visible de la lucha del bien contra el mal, han sido un motivo recurrente de la filmografia, la literatura, el teatro, la música y las artes plásticas, mencionó José Guadalupe Franco Tenorio, exorcista de la Arquidiócesis de Morelia.
Sin embargo, la realidad es, regularmente, menos estridente, afirmó, en entrevista exclusiva para Quadratín.
"Hay dos campos, el del cine de Hollywood, que tiene que vender, y ofrece espectáculo, impresionar, para satisfacer la curiosidad de la gente y alimentar su necesidad de adrenalina, pero presenta muchas cosas que no son reales, como que los exorcistas sufren daños o quedan poseídos, eso no sucede, Dios protege a todos, no desampara a quien trabaja brindando un servicio en nombre de la Iglesia Católica".
Tampoco es un momento pacífico, es una experiencia fuerte e intensa, "al principio, cuando apenas formaba un equipo de auxiliares, pasó que en un exorcismo llegó una persona que creí había sido invitada, empezó a manifestar efectos diabólicos y se produjo una estampida".
En la realidad, "sí vemos fenómenos perturbadores, agresiones, pero, gracias a Dios, nunca ha estado en peligro mi integridad".
Levitación, telequinesis, precognición, incendios espontáneos, cambios físicos terribles, se ven en los filmes sobre exorcismos, pero "no es lo ordinario que pasen estas cosas, el padre Gabriel Amorth cuenta que algunas personas sometidas a un exorcismo pueden escalar paredes, caminar como reptiles, me tocó ver cómo alguien que estaba malo de su espina dorsal se levantó en una actitud desafiante, porque sí, hay cosas fuertes, pero no como en las películas".
Un elemento frecuente en estos filmes son los libros arcanos que muestran el ritual del exorcismo, y "sí, hay un libro, el ritual romano, pero, como puedes ver, no se parece a los de las películas, es parte del show. El exorcismo es, esencialmente, un conjunto de oraciones donde se pide a Dios, por la intercesión de los santos y en nombre de la Iglesia Católica, la liberación de una persona que muestra signos de sufrir una acción extraordinaria demoníaca".
Más aún, se tienen creencias populares, alimentadas por el cine, sobre la existencia de objetos que se usan en rituales de exorcismo y adquieren propiedades casi mágicas, como el agua, el aceite o la sal exorcizada.
"Hay una confusión, el exorcista puede bendecir estos elementos, pero no los exorciza, esto se reserva para las personas, los animales, los inmuebles y las cosas que evidencian una acción extraordinaria, lo que no es el caso del agua.
"Hemos visto una fiebre de personas que buscan sal, agua o aceite exorcizados, y están en un error de nomenclatura, en una exageración que roza la superstición, como si el exorcismo fuera, por sí mismo, sanador".
Respecto de la necesidad de conocer el nombre y el número de demonios responsables de la acción diabólica, José Guadalupe Franco acotó que "necesitamos precisar el tema. El demonio indica un nombre general, hay muchos seres de esta naturaleza, espiritual, pervertidos y pervertidores, que mienten, y cuando los enfrentas, no es una lucha visible, por lo que no interesa saber su nombre o cuántos son, eso es secundario, yo no suelo preguntar el nombre al demonio, no me interesa, porque eso no es visible y me expongo a que me engañe, el demonio es esencialmente mentiroso, alguna vez el demonio me sugirió hacer un trato, pero mi respuesta fue 'contigo, ni a la esquina', eso hay que cortarlo de raíz".
El exorcismo no tiene plazos definidos, siquiera estimados, "el tiempo depende de muchas cosas, un joven que recibí requirió de tres años y seis meses, y hasta esa fecha Dios lo liberó, porque es él el único que libera".
Un factor relevante en el exorcismo, según la imaginación colectiva, es la obligatoriedad del consentimiento de la persona que va a ser exorcizada, donde, efectivamente, "no es prudente hacer este ritual sin contar con la voluntad de la persona. Te cuento un caso, en Italia, una mamá vio que su hijo tenía comportamientos raros, lo llevó ante Gabriel Amorth, quien vio indicios de una acción diabólica, el joven afirmó que así estaba bien, una afirmación que da a entender que ni siquiera se daba cuenta de lo que tenía, y no mostraba voluntad".
"Yo no decidí ser exorcista, me lo pidió el cardenal Alberto Suárez Inda cuando se enfermó de gravedad el exorcista de la diócesis, me dijo 'quiero que tú me ayudes', y yo no perdí la paz, es un servicio que Dios me indica que brinde y yo estoy dispuesto".
No se lanza a los sacerdotes a la guerra sin la debida preparación. Leyó libros, acudió a cursos, desde la instrucción básica hasta una formación permanente, consultó un manual con criterios precisos, y fortaleció su fe.
Y es que no cualquiera puede luchar cara a cara con el demonio. De acuerdo con el canon 1172, "sin licencia peculiar y expresa del ordinario del lugar, nadie puede realizar legítimamente exorcismos sobre los poseídos".
Esta licencia, otorgada por el arzobispo, se otorga a un presbítero piadoso, prudente, docto y con integridad de vida.
"Solo los presbíteros con licencia pueden hacer exorcismos y solo los presbíteros son elegibles para este servicio. Debe además tener una relación ordinaria íntima con Dios, a través de la oración, de la vida prudente, no se le puede dar esta responsabilidad a una persona asustadiza, que no va a vencer el miedo".
Refirió que el demonio tiene la habilidad de detectar la intervención de un sacerdote no designado como exorcista, "el demonio se da cuenta y sabe que no tiene la capacidad de hacer nada".
Aunque no descartó la posibilidad de operación de falsos exorcistas, en el caso de la entidad, en regiones como Morelia, Lázaro Cárdenas, Apatzingán, Tacámbaro y Zamora, no se han detectado casos, "por ahí habrá intentos de meterse en un campo que puede ser muy peligroso para ellos".
Tras cerca de 55 años al servicio de Dios y 10 como exorcista, se apresta para llevar a cabo la preparación de otro exorcista, cuya designación estará en manos de Carlos Garfias Merlos o, si ocurre luego de enero de 2026, de José Armando Álvarez Cano.




