MORELIA, Mich., 9 de agosto de 2020.- ¿Cómo sobrevivir a los 25 kilómetros del Periférico de Morelia? Ese debería de ser el título de un libro, protocolo o de menos un manual para los automovilistas neófitos y darle toda la publicidad requerida en época de lluvias, porque nadie lo dice, pero es cuándo hay más baches.

Desde unos pequeños hoyos, que nada afecta al pasarles por arriba, hasta unos profundos que llevan a los saltos o que obligan a salirse del carril, la variedad de baches es diversa, algunos son circulares y otros como surcos, tanto en carriles centrales como en laterales y en los puentes a desniveles o túneles, particularmente el tramo que corre de la central de abastos a la calzada La Huerta.

Los puntos más críticos son los carriles internos de los centrales ¿Por qué? Porque los usuarios regularmente conducen siempre por encima de la velocidad permitida ¡Qué no es 100 kilómetros por hora! Las velocidades en Periférico oscilan de entre 35 a 80 kilómetros por hora, siendo el tramo más rápido el que va de la Central de Autobuses a Torreón Nuevo.

Paradójicamente el tamaño de los baches parece incrementar en la medida que uno se aleja de la zona comercial y el Centro Histórico de la capital michoacana.

Los carriles centrales que corren de la avenida Torreón Nuevo al puente elevado frente al Estadio tienen innumerables baches. De todos los tamaños.

¡El perro! ¡El pepenador! ¡La mujer hablando por teléfono! Parecería un chiste, pero no lo es, a los riesgos que implican los baches, habría que añadir el peligro de atropellar al perro, a la señora con el niño que no usan el puente peatonal, al ciclista que va en la orilla de los carriles laterales y los pepenadores, al del triciclo que vende nieves o recoge cartón.

Quizá por ello que sea justamente el Periférico, todo, con Camelinas, la zona de mayor riesgo de accidentes, de todos tipos: choque por alcance, por corte de circulación, atropellados y volcaduras, de acuerdo a información oficial de la Secretaría de Seguridad Pública.

Esa dependencia cuenta con un programa permanente de seguridad vial, es decir, no solo están para “obsequiar multas”, también llevan a las escuelas de todos los niveles educación vial, hacen operativos en zonas con semáforos, evitan el cierre de avenidas, bloqueos y promueven el uso de cruces seguros.