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MORELIA, Mich., 14 de febrero de 2026.- Morelia ha perdido a su pintor, al artista moreliano que hizo de el Antiguo Jardín de la Nueva España su objetivo plástico en más de un millar de ocasiones.
El maestro Nicolás de la torre Calderón, autor de caballete, muralista, escultor tallador, restaurador de arte sacro, cantor y escritor falleció la mañana de este sábado 14 de febrero, día señalado, lo que me recuerda que también fue un hombre de corazón amoroso, trato amable, cordial y enamorado de la vida y de su gente.
Nicolás de la Torre Calderón hizo de Morelia su musa, objetivo plástico y fuente de motivación creativa recurrente. Su apego con esta “campana de coral ceniciento” (a decir de Pablo Neruda) lo llevó a realizar más de mil 200 acuarelas que, de suyo, quedan como registro pormenorizado del paisaje urbano de la ciudad de canteras rosas, legado artístico que testimonia casonas, plazas, portales, templos, edificios, jardines, fuentes, calles, callejones y callejas de la señorial capital michoacana.
Acuarelista de tenuidades y precisiones en la poética de la luz y del color, el maestro Nicolás de la Torre hizo del papel y sus pinceles una proyección de su numen creativo, porque pintaba con singular regocijo y plasmaba en el papel en blanco aquello que lo atraía, pero también lo que en su yo interno hacía ebullición y/o embelesaba.
En el papel en blanco, sí, de pequeños, medianos y grandes formatos, porque tenía una predilección especial por la técnica de la acuarela, pero también realizó obra basta sobre lienzo al óleo y al acrílico.
Hoy, el maestro Nicolás, con quien tuve la fortuna de cultivar sólida amistad, cerró el ciclo de su fructífera existencia. La ultima vez que lo vi fue hace cuatro años, llegué a su casona de García Obeso, sus hijos y nietos me condujeron a la huerta, allí estaba en su kiosco, no me reconoció de inicio, lo que no me sorprendió porque me habían advertido que eso le pasaba; conversamos, 20 minutos después exclamó “ah, ya me acordé, eres Óscar Tapia”, “Sí, maestro, qué alegría”. Preguntó: “ya te di mi libro”, asentí, y “Sigues en El Sol de Morelia”, le dije que no, que hace más de una década salí de ese diario que ya no existe y en el que trabajé 30 años.
Conversamos de Morelia, de su acuarelismo, de la vez en que me hizo ir a su casa “porque tengo algo para ti”. Entré y me precisó: “Recorre mi galería, fíjate bien, hay un cuadro hecho especialmente para ti, elije correctamente, si te equivocas ese pintura pasará a ser colección de autor y te llevarás el que escojas”.
Revisé más de 60 acuarelas, óleos y acrílicos hasta que llegué a uno que me hizo exclamar “¡Es éste!”. El artista había ido a Curimeo, acompañado por el inolvidable maestro José Villa Moreno, su gran amigo, a pintar la plaza y el templo de mi tierra natal. Gran detalle de tan singular creador. Eso sucedió una mañana en la que yo tenía una cita con Verónica Castro, en la Hacienda de Zinzimeo, donde ella actuaba para la telenovela “Pueblo Chico Infierno Grande”.
El maestro Nicolás dibujó una gran sonrisa en su rostro y remarcó cordialmente: “es tuyo, lo pinté con mucho gusto. Gracias por tu amistad y porque has escrito tanto sobre mí y mi obra”. Agradecí y le recordé que “tengo otros 5 cuadros que me había entregado en obsequio”.
Descanse en paz tan ilustre personaje moreliano, el pintor de Morelia por antonomasia; autor del libro “Del Lago a la Montaña”. Se ha ido un ser humano de excepción, ha partido a otras galaxias el gran artista y maestro Nicolás de la Torre Calderón. Gracias mil, maestro, mil gracias y… Así sea.




