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MORELIA, Mich., 16 de mayo de 2025.- El cuidar es un acto amoroso, sin embargo cuando a este acto se le une la incertidumbre de una enfermedad, cuidar se convierte en algo esencial y la vida cambia, eso le pasó a Lizeth, una mujer originaria de Pátzcuaro a cuya hija de 9 años, Sofía, le diagnosticaron leucemia.
En una sala en las instalaciones de la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC), una institución de asistencia privada que ayuda a familias y a los niños que enfrentan este problema de salud, está Lizeth. Cruza las manos y está dispuesta a contar su historia para que le pueda servir a otras personas, en especial a tantos cuidadores que comienzan esta travesía del cuidado a un ser querido enfermo.
Cuando diagnostican a tu hijo o tu niña con cáncer, es un golpe muy fuerte para uno como mamá, cambia tu vida totalmente", expresa la mujer quien dice que los tiempos que vienen son muy difíciles, porque se deja a la familia por estar al cuidado del ser amado, porque se requieren muchos cuidados, algo que no se conoce en un inicio.
Cuando diagnosticaron a mi niña, me hicieron ver y concientizar ese tema porque yo no sabía...sabía que existía el cáncer, esas enfermedades, pero no tenía conciencia de que era a tal grado, o sea yo no tenía el conocimiento de qué tan grave era esta enfermedad hasta llegar aquí", dice y cuenta que por fortuna dio con la AMANC, un espacio que les ha resultado seguro por los riesgos de la enfermedad, y agradece su existencia.
Hay qué cuidar los entornos, algo que le preocupó a Lizeth porque el tener otros hijos implica mucho cuidado sobre todo en la higiene, ya que existen mayores riesgos al tener una enfermedad como la de su hija, porque los enfermos de leucemia se convierten en personas muy sensibles a ciertos virus, así que le dijeron que los tres primeros meses debía estar en un lugar muy seguro, y así fue que les brindaron el espacio de AMANC.
Nos tocó estar lejos de nuestra familia, los que viven cerca pues están cerca de su familia, pero nosotros que venimos de lejos sí nos tocó separarnos", expone.
Como cuidadora de una hija con leucemia, hay que tener sacrificios, y su mayor sacrificio, confiesa, es tener qué dejar a sus otros hijos, los momentos perdidos con sus otros hijos por estar al cuidado a Sofía. Pero también ha dejado su vida como mujer, cuenta, dejó a su esposo, a las amistades, a los familiares, las cosas que le gusta hacer, todo por estar a un lado de su hija.
A lo mejor tú tenías tu rutina de escuela, hijos, esposo, o una salidita de vez en cuando con tu familia a otras partes, entonces ahora cambia mucho porque ya no puede salir a ese tipo de lugares porque tienes una personita a la cual tienes qué cuidar, y le tienes que brindar un espacio seguro", reflexiona.
Para poder sobrellevar todo este conflicto que es complicado, en AMANC les brindan un acompañamiento psicológico, cuenta Lizeth, y en su caso lo dimensionó todo lo que venía, pensó que quizá en tres meses estaría en casa pero nada más lejano de la realidad.
Se lo tomó muy a la ligera, confiesa, fue entendiendo que su vida iba cambiar, "de repente a los tres meses me fui para abajo, todo se me vino abajo, mi vida cambió completamente, pensé que en tres meses volví a mi casa pero no, ya llevo un año, voy y vengo y me la paso más aquí, así que en esa situación sí me ayudó mucho a sacar todo este estrés, todo el acumulamiento de sentimientos que ahora ya no son tantos", expresa visiblemente conmovida.
Otro acompañamiento es agarrarte de tu fe, expresa, asistir a algo de acuerdo a las creencias, cualquiera que estas sean, "eso no importa, importa tener fe y eso es lo que más ayuda, y además el acompañamiento de aquí es muy bueno, el de la psicología, me ayudó a agarrar esas fuerzas que a lo mejor no tenía, que pensaba que las tenía pero en el proceso se fueron", expone con tristeza.
Recuerda que en un principio cuando recién diagnosticaron a Sofía con este mal, muchos integrantes de su familia la visitó para brindarle el apoyo emocional, su esposo venía constantemente cuando podía y se lo permitía su trabajo, llevaba a sus hijos.
Con el tiempo y con el tratamiento, ellas pudieron viajar, ya que Sofía se encuentra en un periodo de mantenimiento y le dan descansos por las quimioterapias, así que son ellas las que viajan para reunirse con la familia en Pátzcuaro, "entonces nos vamos 5 o 6 días y nos regresamos a su quimio que es cada 8 días", expresa.
A más de un año y con una notable mejoría de su hija, Lizbeth sabe que no debe bajar la guardia, y les aconseja a otras familias que empiezan por este camino que aunque suene muy sencillo se trata de no perder la fe ni la esperanza, "hay muchas personas que apoyan, aquí hay muchas personas que como mamás, cuando yo inicié también me apoyaron mucho, nosotras somos una familia".
Aconseja que sí se conoce a alguien qué está pasando por una situación así, hay que apoyarse con esa persona y apoyar a esa persona, "todas las mamás que estamos pasando por esta situación somos muy solidarias, todas nos hemos apoyado unas a otras, y unas a otras nos damos las fuerzas y nos aconsejamos", dice, así que es un compartir en dos vías el apoyo, y entonces se convierte en una red.
Antes de dejar AMANC, Lizeth le confiesa a este reportero que esto es un sube y baja constante, porque a veces escucha comentarios sobre niños que no lograron salir adelante, o que salieron pero regresaron a su condición de enfermedad, "entonces te quedas con ese pensamiento, esa incertidumbre de pensar que a tu hija le puede pasar lo mismo".
Y también sucede algo: aquello que todo el mundo dice cuando recién es padre o madre; ese miedo que se siente y que provoca estar revisando la cuna a cada rato, algo así le pasa a Lizeth, todo el tiempo va a revisar que su hija esté bien, cualquier tos, cualquier cosa es motivo de angustia, "le checo hasta la temperatura porque es un signo vital para ver si está bien", dice, así que esto deja una gran secuela.




