CIUDAD DE MÉXICO, 5 de abril de 2020.- El próximo miércoles, 8 de abril de este convulso 2020, se cumplen 106 años del nacimiento de María de los Ángeles Félix Güereña, la inolvidable María, La Doña y, paradójicamente, este mismo miércoles, 8 de abril, se cumplen 18 años de su desaparición física, pero no espiritual, porque su recuerdo y recia imagen, sus palabras poderosas, aún taladran la memoria de la gente de su México querido.

A manera de sencillo homenaje, es mi deseo publicar de nuevo, esta vez de manera completa, la entrevista exclusiva que hizo el honor de concederme hace 8 mil 653 días y que entonces se publicó en la revista Siempre, en su edición número 2 mil 250, de fecha 1 de agosto de 1996 y que, por falta de espacio, la línea editorial de ese entonces dejó fuera anécdotas e interesantes datos que ahora quiero compartir con usted, estimado lector.

Aquí le narraré pormenores de todo ello y del esfuerzo realizado, así como los pormenores de cómo se llevó a cabo esa entrevista, que dejó en mí una huella imborrable, y espero que también deje en usted un recuerdo profundo, porque María Félix es, ha sido y será para mí, el personaje que más me ha impactado por su enorme talento, por su gracia y por su encanto. Además, porque ella, no concedía entrevistas exclusivas y tuvo a bien confiar en mí para ésta.

Sabemos, y no voy a negarlo, que a La Doña le hicieron muchísimas entrevistas banqueteras a lo largo de su vida profesional, pero muy pocas exclusivas y en su casa, el lugar en donde me recibió y atendió durante 2 horas y 45 minutos. Me sentí entonces, y me siento aún, enormemente afortunado porque considero que ella ha sido una de las actrices más destacadas de este país, para mí, la más grande que ha producido el cine mexicano.

Tan es así, que el propio Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura, reiteradamente afirmó que María Félix había nacido dos veces: la primera, de los padres que la engendraron, y la segunda por sí misma porque se reinventó, se formó a sí misma como estrella, no solo de nuestro cine, sino del de otros países en donde también triunfó.

Debo decir que, desde mi inicio como reportero, me propuse entrevistar a tres grandes personajes de la vida artística de nuestro país: Mario Moreno Cantinflas, Francisco Gabilondo Soler, CriCrí; y a María Félix, La Doña. Sabía perfectamente que no sería nada sencillo, pero no me di por vencido.

Las dos primeras entrevistas se publicaron en el diario Ovaciones en 1978 y 1979, respectivamente, así que solamente me hacía falta la última, quizá, la más difícil de lograr, la de María Félix.

No me confié, supe desde el principio que ésa sería la tarea más difícil, en primer lugar, porque como era sabido que La Doña no concedía entrevistas exclusivas a nadie, y además estaba el tema, pues debía encontrar uno que a ella le pareciera interesante y aceptara conversar conmigo.

¿CÓMO LLEGAR A LA DOÑA?

En julio de 1995, tanto en el ámbito artístico como en el periodístico, se comentaba mucho acerca del deteriorado estado de salud del actor Enrique Álvarez Félix, el amado primogénito de María, y por eso pensé en encontrar un motivo para acercarme a él. Busqué afanosamente la información sobre la obra que él estaba presentando y lo encontré encabezando el elenco de Los Secretos de un Engaño, que se presentaba en esos momentos en el teatro San Jerónimo, de la Unidad Independencia, allá en el Periférico Sur de la Ciudad de México. Así que fui a entrevistarlo, con el claro, inconfesado propósito de que me ayudaría a contactar con su mamá y realizar la anhelada entrevista.

Al llegar al teatro, aún no había acceso al público de las 19:30 horas, pero con la autorización del productor, logré ingresar. No sabía la sorpresa que me esperaba, en la primera fila, justo frente al escenario, descubrí a la autora de mis preocupaciones, a María Félix, acompañada de una amiga suya. Así que, sin perderme en preámbulos me acerqué a ella y después de saludarla atentamente le pregunté si me permitía hacerle un par de preguntas para la revista Siempre. Con un gesto por demás amable y una ligera sonrisa, la controvertida estrella del cine nacional aceptó sin titubeos. 

 “Señora, buenas tardes, soy Edmundo Cázarez, reportero de la revista Siempre…” Sin darme la oportunidad de concluir de formularle la pregunta, me interrumpe, con voz firme me dice:

—Toda mi vida he leído la revista Siempre de mi amigo José Pagés… pero dígame, ¿Qué me va a preguntar?

¿Le hubiera gustado tener un nieto para que perdure el ilustre apellido Félix que usted ha puesto muy en alto en todo el mundo? — Un tanto sorprendida por la pregunta, alzando las cejas, extendió su mano izquierda y dijo:

—¿Por qué no me pregunta las mismas pendejadas de sus compañeros cuando me abordan?

Disculpe señora, yo no considero que mis compañeros reporteros sean pendejos, además, no quiero preguntarle nada sobre su brillante trayectoria artística que ya todo mundo conoce…

—Entonces, ¿qué demonios me va a preguntar..?

Como reportero, me interesa saber la opinión de la mujer actual de nombre María de los Ángeles Félix Güereña, e insisto, ¿le hubiera gustado tener un nieto?

—¡Vaya, así es que viene a sorprenderme! A ver muchachito, aplástese en este asiento junto a mí.—. Volteando hacía donde me senté, exclama: —¿Qué no sabe que yo siempre respeté la preferencia sexual de mi amado hijo? Qué atrevido me salió usted.—.

De pronto, me doy cuenta que estamos prácticamente rodeados de fotógrafos y cámaras de televisión, compañeros de los medios me piden me haga a un lado para tomarla solamente a ella. Con voz amenazante les dice:

—Este muchacho aquí se va a quedar porque lo digo yo.—. De nueva cuenta me pregunta: —¿Cómo me dijo que se llama?

Edmundo Cázarez, para servirle.—. Tocándose la frente con su mano derecha señala…

—Edmundo Dantés era el Conde de Montecristo. Mire Edmundo, quiero que anote el teléfono de mi casa, hábleme mañana y nos ponemos de acuerdo para darle una entrevista exclusiva. Usted marca después de las 12 del día y yo misma le contesto. —

Un tanto incrédulo de lo que acababa de escuchar de los labios de tal personalidad, me atreví pedirle me diera un pellizco para estar seguro que no era parte de un sueño…

—Ja, ja, ja, ja. ¡Claro que sí!— respondió y lo hizo.

LA ENTREVISTA

Estaba tan emocionado que quería publicarlo… Ni siquiera me percaté que daban la tercera llamada. Al día siguiente, acatando sus instrucciones y desde la redacción de la revista, a las 12 en punto marqué el número del teléfono de su casa. Respondió ella, su voz ronca me pregunta:

—¿Quién habla?

Señora muy buenos días, soy Edmundo Cázarez, reportero de la revista Siempre, me pidió ayer que le llamara para ponernos de acuerdo para…

—…Claro que sí, por favor, hábleme en dos semanas porque me estoy yendo ahorita a Acapulco.—.

Así se ponía a prueba, nuevamente, mi paciencia, una y otra vez vi posponerse la entrevista. Que se iba de viaje a Paris, que estaba un poco resfriada, que la habían invitado a Cuernavaca, etcétera.

Desafortunadamente, el 24 de mayo de 1996, víctima de un paro cardíaco, a la edad de 61 años, falleció Enrique Álvarez Félix en su departamento, por cierto, muy cercano a la casa donde vivía La Doña. Por prudencia y respeto, consideré no molestarle y dejar pasar el terrible dolor de perder a su querido hijo.

Transcurrido poco más de un año de aquel día en que había platicado brevemente con La Doña en el teatro, la mañana del lunes 29 de julio de 1996, a las 11:30 del día, decidí llamarle nuevamente a su casa de Polanco, esperando tener suerte…

—¿Quién habla?

Señora buenas tardes, soy Edmundo Cázarez de la revista Siempre…

—¿Otra vez usted?, ¿qué chingados quiere?

Perdón señora, usted sabe muy bien que estoy muy interesado en hacerle una entrevista exclusiva para la revista Siempre…

—Ah, pues también déjeme decirle que tiene 20 minutos para llegar a mi casa, y si no hace lo que le digo, pues ya se chingó ¿eh..? —

De inmediato fui con Beatriz Pagés, directora general de la revista Siempre para informarle que había logrado la entrevista con La Doña y me esperaba en 20 minutos en su casa. La respuesta de la directora fue desconcertante:

—“Edmundo, María Félix no da entrevistas exclusivas ni a Jacobo Zabludovsky que es su amigo, sin embargo, creo en ti y de todas maneras llévate un fotógrafo por si chicle y pega”. 

Sin pérdida de tiempo, acompañado por el fotógrafo Arturo Bermúdez, abordamos un taxi en la calle Vallarta, colonia Tabacalera, en donde se encuentran las oficinas de la revista Siempre para llegar a Hegel, en la colonia Polanco, en donde vivía La Doña.

Nos recibió Jaime Núñez, acompañante y amigo de nuestra entrevistada, quien nos informó que ya nos esperaba, en una sala que más bien parecía galería de arte por la infinidad de esculturas y pinturas.

Estaba sentada en un sillón dorado y ataviada de un precioso vestido de seda, negro, que le imprimía ese toque de elegancia y majestuosidad, tan de ella. Se veía delicadamente maquillada, lucía hermosa, espectacular. Imponía enormemente esa presencia… 

A manera de bienvenida, María Félix La Doña, dijo: 

—¿Quiere tomar un café o algo?

Por favor, un vaso de agua…—.

Con voz fuerte y firme, ordena a quien seguramente era su sirvienta o ama de llaves: ¡tráiganle un café exprés a mi invitado!

Inmediatamente le aclaro que pedí un vaso de agua, a lo que ella refuta: —pues se chinga porque está es mi casa y en mi casa mando yo. ¡Bah!, ¡nada más me faltaba eso!

La Doña se percata que en mi mano derecha traigo preparada una pequeña grabadora para no perder ni una sola palabra de la entrevista, con voz amenazante me señala:

—Mire usted, yo he viajado por todo el mundo y me han entrevistado periodistas muy inteligentes, y ellos no se valen de estos aparatitos para grabar una entrevista porque escriben absolutamente todo, además, usted no tiene la cara de pendejo. Así es que va a guardar su aparatito y va a escribir palabra por palabra de todo lo que le diga durante la entrevista y si no le parece, mire ahí está la puerta y lárguese de mi casa… 

(¡Glup!) Señora, discúlpeme, pero no traigo una libreta para anotar, es mejor una grabadora…

—¿Acaso usted va a la guerra sin un fusil? — me cuestiona y ordena que me faciliten hojas de su correspondencia personal, con un membrete María Félix realzado en negro, para escribir la entrevista.

No vengo a ninguna guerra, sino a conversar y aprender de una gran mujer…

—Mire usted, acabo de pasar un trago muy amargo con la muerte de mi querido hijo. Así es que vamos a platicar usted y yo. Le recuerdo que decidí recibirle por su insistencia y porque me demostró ser atrevido, pero con la única restricción que no toque absolutamente nada sobre mi hijo.

SOBRE LA POLÍTICA

Sin faltarle el respeto, quiero preguntarle si detrás de la imagen de una mujer a veces grosera, déspota, posesiva, humillante y hasta soberbia, ¿existe un poco de humildad en la gran señora de nombre María de los Ángeles Félix Güereña?

—¡Eso es!, veo que saca la casta, así me gusta, que denote respeto a su profesión y no venga aquí a mi casa para ponerse de alfombra o tapete, porque de esos tengo muchos—. De nueva cuenta, llama a su sirvienta y le ordena: —“tráiganle un cognac a mi invitado que me está demostrando que no me tiene miedo”.

Señora, perdone, pero vengo a trabajar, además, ni tiempo me dio ni de desayunar…

—¡Pues hay que levantarse más temprano! Al que madruga, Dios le ayuda. Se toma el cognac o de plano ya no hay entrevista.—.

Mi estómago resintió la súbita ingesta de alcohol sin alimento alguno, pero a la vez, me permitió comprender que debería ponerme las pilas, ser inteligente con las preguntas o mi entrevista terminaría antes de empezar. Animado, le cuestioné: 

¿Es verdad que padece de cáncer y es por eso que mejor se va ir a vivir a Paris?

Su rostro se torna adusto, se queda pensativa y golpeando con el puño cerrado el descansa brazos del sillón en el que está sentada dice: —“No, no y no. Toco madera. Estoy en perfectas condiciones de salud. Aunque aún no me repongo del golpe tan fuerte por la pérdida de mi hijo. No me explico por qué les asusta tanto que me vaya a Paris. Desde hace 50 años voy y vengo. ¿Acaso ustedes me pagan mi boleto de avión? ¿Ya ni eso puedo hacer?”.

—¿Por qué se dice que es alcohólica y hasta drogadicta?

—No soy alcohólica, mucho menos drogadicta.   

¿Decepcionada de México, de su gente y hasta de sus gobernantes?

—No estoy decepcionada de mi país porque lo quiero mucho, mucho menos de su gente. Siempre he recibido un inmenso cariño de su gente.

¿A México se lo está llevando el tren?

—Si México anda mal es porque en el mundo entero existe mucha pobreza. Que quede bien claro, no es un problema exclusivo de nuestro país. Carajo, ¿Acaso usted no es mexicano?

¿Hacia dónde vamos?

—El principal problema de México es el desempleo.

¿Culpa de sus gobernantes?

—Híjole, México ha tenido la mala suerte de tocarle malos gobernantes…

¿No hay ni a quién irle?

—Pues sí, todos, pero absolutamente todos transan.

¿Cuál ha sido el mejor presidente que hemos tenido?

—Todos son iguales, para mí, no ha habido ningún buen presidente.

¿Cuál es el presidente que México necesita?

—Necesitamos un hombre inteligente, que sepa conducirnos por el camino adecuado.

¿Existen los políticos inteligentes?

—¡Claro que los hay!

¿Dónde buscarlos?

—Un buen presidente es aquel que, de verdad, se preocupa por darle educación a los niños, que se ocupa por la clase baja y por los millones de pobres.

¿Un presidente populista que brilla en los foros internacionales?

—En lugar de hacer mugrosos Tratados de Libre Comercio, deberían de darle de comer a la gente que se está muriendo de hambre.

¿Qué opina de la creciente ola delictiva que hay en México?

—La inseguridad tampoco es exclusiva de México…

¿Una mujer policía de élite para erradicar la delincuencia?

—Lo que México necesita es de un Supermán que combata y acabe con la delincuencia.

Si usted fuera Presidenta de la República, ¿qué haría por México?

—Me hace una pregunta muy difícil…

A lo mero macho, ¿no le gustaría ser Presidenta de este gran país?

—No hay mexicano que no quiera ser Presidente de la República…—dándole un pausado sorbo a la taza de café que le sirvieron, encoge sus hombros, cruza la pierna derecha y exclama: —“Seguramente me preocuparía por atender a la clase más necesitada. Es muy triste que en México cada vez haya más pobres…

¿Castigaría a los malos servidores?

—Claro que sí, los mandaría derechito al infierno.

¿Alguna vez le interesó participar en la política?

—María Félix es una mujer que se convirtió en actriz y bajo ninguna circunstancia participaría en política. ¡No, hombre! la política no se hizo para mí. Yo tengo muchas ganas de seguir sirviendo a mi bendito México

—¿Como embajadora…?

—¡Que no! nada que tenga que ver con la política.

ÓPTICA RELIGIOSA

¿Embajadora en el Vaticano cerca del Papa?

—La Iglesia y la política son iguales de hipócritas.

¿Es la Iglesia que Jesús nos dejó?

—No, Jesús era humilde, a la Iglesia lo único que le interesa es que existan cada día más pobres.

—Pero el Papa es el representante de San Pedro…

—Esas son estupideces. ¿Por qué no reparten a los pobres la inmensa fortuna que guardan celosamente en el Vaticano?

Juan Pablo II vino muchas veces a México y la gente lo adora…

—Si el Papa viene a México es porque le interesa que los pobres se sigan despojando de sus pocas pertenencias.

¿Qué opina lo que dijo el Abad de la Basílica de Guadalupe, que la imagen de la Virgen de Guadalupe no era real?

—Esa, es una prueba más de la asquerosa política que se hace en nuestro país, y hasta en la Iglesia existe. ¿Por qué no dicen mejor que ya no lo quieren como Abad de la Basílica?

¿Un tonto pretexto para destituirlo de su cargo?

—Que no se metan con la Virgen de Guadalupe porque van a despertar al México bronco.

¿Inviolable la fe del mexicano?

—La fe del pueblo mexicano no se compara con la bola de presidentes ladrones que hemos tenido.

¿La fe tiene límites?

—México es un pueblo noble, pero también tiene sus límites

¿La fe es exclusiva de la gente más necesitada o jodida?

—Los únicos que no tienen fe son los políticos que viven en un constante miedo.

Si tuviera la oportunidad de hablar con Dios, ¿qué le diría?

—¡Vaya, qué pregunta!— Se queda enmudecida, nos observa fijamente, su mirada es penetrante y retadora. Suspira profundamente, con la palma de su mano acaricia su negra cabellera, al momento de entrelazar sus largos y delgados dedos dice: —Dígame usted, con todas las chingaderas que nos están pasando en México y en el mundo entero, ¿acaso Dios existe?

Señora, yo creo en un Dios…

—Pues cada quien tiene el Dios que merece…

¿Cómo es el Dios de María Félix?

—¡Caray!, a mi Dios, le pido que nos ilumine y nos convierta en seres inteligentes. Creo que ya le estoy pidiendo demasiado… Ahora sí tráiganle agua al reportero, ya se la merece—, le ordena a su asistente, que está atenta al desarrollo de la entrevista.

UNA PERSONALIDAD PECULIAR

¿Por qué existe la imagen distorsionada de una María Félix bronca y cortante? 

—Dicen que soy déspota, grosera, arrogante, alcohólica y hasta drogadicta…

¿Dónde nacen esos rumores?

—Inventan una bola de mentiras…

¿Con qué frecuencia bebe alguna copa?

—Lo que sí es cierto, es que algunas veces tomo un poco champaña, pero eso dista mucho de convertirme en una alcohólica, la gente confunde las cosas

¿Es verdad que se pelea con todo mundo?

—No soy una peleonera, lo que sucede es que no me dejo de nadie.

¿La gente la agrede cuando la ve en la calle?

—¡No! La gente es muy amable conmigo, me saludan y hasta se toman fotos como si fuera una estatua o una reliquia.

Bueno, ¿usted misma ve que la respetan o de quiénes se defiende?

—De los que hablan estupideces de mí. Si no me diera a respetar, júrelo que sería el hazmerreír de todo el mundo. Mire, ¿cómo me dijo que se llama?

Edmundo Cázarez señora…

—Bueno, quiero decirle que desde niña me desarrollé entre seis hombres.

¿Le enseñaron a ser agresiva?

—No precisamente, pero sí defenderme y no dejarme de nadie. Hasta me enseñaron a practicar el salto de la muerte, que es cambiarse de caballo de uno a otro en pleno galope.

¿Eso le permitió ingresar con firmeza al medio artístico?

—María Félix no es La Cucaracha, ni tampoco La india esclava de Tizoc…

¿Algún productor de cine la cortejó para darle un estelar en una película?

—No tuve ninguna necesidad de irme a la cama con ningún director o productor…

¿Tampoco aceptaba ninguna invitación a comer o cenar?

—No me dejé comprar con una comidita para lograr un lugar en las películas en las que participé.

¿Usted escogía los papeles que quería interpretar y no los que le impusieran?

—Vaya, ¡qué buena pregunta! Los papeles que llegué a interpretar fueron creados para una actriz que reflejaba fielmente el sentir de un pueblo al que pertenecía.

¿Por qué ya no hay actrices de la talla de María Félix, Dolores del Río o Miroslava?

—Son estilos muy diferentes…

¿A cada tal para su cada cual?

—Nos hace falta mucha, pero muchísima cultura.

¿México, un país tercermundista?

—Queremos aparentar pertenecer al primer mundo y eso es falso

¿Quién tiene la culpa: el indio o el que lo hace compadre?

—Todo se debe a las raquíticas y mediocres políticas educativas de quienes han tenido la enorme responsabilidad de dirigir los destinos de este gran país.

¿Qué opina de la liberación femenina?

—Antes se guardaban celosamente los valores morales, y ahora, eso es lo que menos importa.

¿El sexo débil?

-Salga usted a la calle y va a encontrar niñas de 12 años que ya les anda por acostarse con el primero que vean…

¿Virgen hasta el matrimonio?

—En mi caso, quiero que sepa que llegué doncella al matrimonio con Jorge Negrete…

¿Por qué terminó su relación con Jorge Negrete?

—A Jorge le molestaba muchísimo que yo empezara a destacar…

¿Un celo profesional?

—No obstante que ya era su mujer, me restregaba en la cara que yo le hacía sombra.

—¿Inmaduro?

—No le importaba en lo más mínimo tener a su lado a una verdadera mujer. Le preocupaba mucho la estrella que lo estaba opacando.

¿Por qué le aguantó tanto? ¿Dormían en camas separadas?

—Me tenía tanto coraje que terminó odiándome, y pues, nos separamos.

¿Por qué se separó de Agustín Lara y porque no tuvo hijos con él?

—Agustín era un amor, un verdadero caballero en toda la extensión de la palabra. No tuve hijos con él debido a lo avanzado de su edad. La canción que me compuso, María Bonita, describe a la perfección el gran amor que sentía por mí. Siempre me dio mi lugar de su esposa y era mi marido.

¿Y qué me dice de la canción María que le compuso Juan Gabriel?

—Agradezco mucho la canción de este muchacho… ¿Me pregunta qué sentí al escucharla? Ahhh… pues me hizo vibrar mi piel y también mi esqueleto. Por supuesto que sentí una emoción muy especial. Soy una mujer de carne y hueso que siente y se entusiasma. Respeto mucho la preferencia sexual de este muchacho.

¿María Félix tiene ídolos? —

Inesperadamente, me toma del brazo y con voz baja me cuestiona: —¿Seguro que usted es reportero y no sicólogo? Mmm… ¿Ídolos a nivel nacional? Bueno, pues en primer lugar la Virgen de Guadalupe, y quizás, Emiliano Zapata.

¿Qué tenía de especial Emiliano Zapata para que usted lo admire?

—Lo admiré mucho porque era un hombre definido, recio y seguro de sí mismo…

Aparte de la Virgen de Guadalupe, ¿alguna mujer por la que María Félix sienta admiración?

—También reconocí el trabajo y esfuerzo de Dolores del Río…

¿Qué sentía trabajar al con ella?

—Que era una gran mujer. Me sentía muy contenta trabajar con ella durante buen tiempo y nos hicimos muy buenas amigas.

¿Le gustaría que se le recuerde como una diva?

—No sé de dónde sacan cosas tan estúpidas. ¿Qué es una diva? Esa es una gran estupidez. Los mejores homenajes que puede recibir una mujer en vida es el cariño de la gente.

¿Por qué no hay en todo México un cine, un teatro, una calle o monumento en honor a María Félix?

—Porque somos un país de malinchistas. No venga un extranjero que le caiga bien al Gobierno porque hasta el culo le besan.

¿Nunca le han ofrecido la medalla Belisario Domínguez o El Águila Azteca?

—Yo le pregunto a usted como reportero: ¿por qué el Gobierno no me otorga la Belisario Domínguez o El Águila Azteca? ¿Acaso no me las merezco? Ah, pero eso sí, se los dan a extranjeros que no han hecho nada por México. ¡Basta de una idiosincrasia mediocre!

¿Ya no hace televisión o cine por cuidar la imagen del mito o leyenda llamada María Félix? —

Con el rostro un tanto enrojecido, eleva el tono de voz y fustiga: —¡La imagen me vale madre! Para todas las etapas de la vida hay público al que le gusta apreciar el trabajo de una actriz como yo.

¿La Doña, que opina de María Félix?

—Que María Félix vive como se le pega la gana. Mire usted, María Félix es una mujer que vive muy bien bajo su piel ¿Me explico?

¿Una artista de su talla tiene caducidad?

—María Félix seguirá siendo una gran actriz hasta que muera y posteriormente, seguirá viva en su recuerdo.

¿Por qué aceptó hacer un programa especial de televisión con Ricardo Rocha?

—Si me quieres dar a entender que Televisa me ofreció el dinero del mundo para un programa especial de televisión, qué equivocado estás.

¿El inicio de un anhelado regreso a la televisión?

—No es que vuelva a la televisión porque nunca lo he estado. Es un trabajo que iniciamos desde hace algún tiempo.

¿Qué tiene de especial Ricardo Rocha?

—Me parece que es uno de los pocos periodistas que guarda una línea de respeto y credibilidad. Además, Televisa es como si fuera mi casa. Existen lazos muy sólidos de amistad con Emilio Azcárraga Milmo. En todo el mundo se habla y se reconoce el profesionalismo de Televisa.

¿Qué opina de las telenovelas que produce Televisa?

—No tengo oportunidad de verlas porque casi no estoy en casa. En alguna ocasión me grabaron capítulos del excelente trabajo que realiza Ernesto Alonso en La Antorcha Encendida, y aplaudo el interés demostrado por Ernesto Alonso por tratar de difundir un poco nuestra cultura. Es increíble que los niños no sepan quién fue Emiliano Zapata ni doña Josefa Ortiz de Domínguez.

¿María Félix, una mujer que nació para triunfar?

—¡Qué pregunta! Como le dije antes, soy una mujer que vive muy bien bajo su piel. Estoy pasando por un mal momento debido a la partida repentina de mi compañero, mi gran amigo, mi amado hijo.

¿Es verdad que existió cierta rivalidad entre ustedes?

—Me parece una enorme falta de respeto que inventen cosas tan irreverentes. ¿Cómo iba a estar peleada con mi hijo que siempre fue tan cariñoso y atento conmigo? Enrique ya partió al más allá y merece todo el respeto del mundo, que lo dejen descansar en paz.

¿La muerte de su hijo la obliga irse de México y refugiarse en resto de su vida en Paris?

—¡No estoy acabada! ¿Acaso ya me ven tan cacatúa? ¿Ya les urge que me muera? Que quede bien claro… ¡Tengo todo el derecho de vivir en donde y como mejor me plazca!

¿Nadie es profeta en su tierra?

—Conmigo se rompe la regla. Tengo el cariño y respeto de mi gente, muy a pesar de lo que con frecuencia publican ciertos pasquines. Por unos cuantos centavos se atreven a publicar atrocidades de cualquier personaje de la vida nacional.

¿Dinero fácil?

—El dinero es cabrón y cambia a la gente. Hasta inventan entrevistas que jamás he concedido. Vaya imaginación. Cosas que provoca el hambre.

¿Por qué no se defiende de las difamaciones de las que es objeto?

—Sería perder un tiempo precioso y darle la importancia que no merecen a quienes carecen de un cerebro.

De todos sus compañeros de trabajo, ¿a quién amó y a quién odió?

—Por naturaleza propia, el hombre se llega a identificar con sus semejantes. Pedro Armendáriz fue un caballero conmigo, me trató como una dama.

¿Es verdad que existieron conflictos con Mario Moreno, Cantinflas?

—Mario Moreno Reyes me hizo la vida de cuadritos, nunca lo quise y por lo mismo, jamás vi sus películas.

¿Cómo le afecta la crisis económica?

-Me afecta como a todo el mundo.

¿María Félix es rica?

—Ja, ja, ja, ja, ¿que si soy rica? Mmm, ¡estoy deliciosa!

¿Rodeada de lujos?

—Me doy los lujos que puede darse una mujer de clase media alta.

—Entonces, ¿qué demonios le preocupa?

—Lo único que me preocupa es ya no tener a mi hijo conmigo.

¿Le tiene miedo a la muerte?

—No, para nada. Me gustaría vivir 150 años, pero eso no se puede…

¿Se atrevería a pasarse de la raya?

—Vaya que me ha gustado mucho platicar con usted. Sé muy bien que no me puedo pasar de la raya, pero cuando esto llegue, partiré dándole gracias a la vida.

¿A qué le tiene miedo si la muerte no le espanta?

—No le tengo miedo a nada, quizás, solamente cuando me subo a los aviones y a los barcos.

Cuándo muera, ¿cómo cree que la reciban allá arriba o allá abajo?

—No me importa. A donde quiera que vaya me iré en paz.

¿Se terminaron los grandes directores de cine?

—Lo que se terminaron fueron las ganas de trabajar con honestidad. Ya cualquiera se llama pomposamente Director de Cine.

¿Se agotó la creatividad?

—Cómo hace falta un Gabriel Figueroa, un Fernando o Domingo Soler. Necesitamos alguien que salga de la fábrica de los sueños.

¿En qué sueña María Félix?

—Me encanta soñar despierta porque es más emocionante. Sueño que algún día México llegará a ser mejor. Hasta llego a soñar que, a mi edad, tengo una cinturita de 50 centímetros y que me puedo comer todas las chilindrinas y bolillos que me quepan.

¿De dónde viene su afición por la fiesta brava?

—A los toros los veo tan hermosos, tan indefensos y no saben lo que está pasando a su alrededor. La fiesta brava es un evento viril donde se juega la vida.

En el ruedo, ¿quién es más bestia: el toro o el torero?

—Es el combate de dos poderosos, así veo a los hombres que me rodean, vigorosos, fuertes y llenos de energía.

¿De dónde saca esa vitalidad?

—Pues déjeme decirle que desde niña jugaba con mis hermanos al box, a las patadas, subirme a los árboles y hasta me iba a gayola en los cines en donde uno se divertía de lo lindo.

¿Por qué es tan difícil obtener una entrevista exclusiva con usted?

—Me divierten y disfruto mucho las entrevistas de periodistas inteligentes, me siento muy contenta de su presencia y por esta amena conversación.

¿Cuántas solicitudes de entrevistas ha rechazado, si la mía duró más de un año?

—Es que otros se quedarán con las ganas de llevarla a cabo porque se creen intocables o merecedores de canonjías y hasta exigen atenciones, y no son más que aprendices del oficio.

Como reportero, vine a platicar con la mujer actual…

—Pues quiero que sepa que con esta entrevista se escribe una historia de amor en la que usted está involucrado. A ver, me hace el favor de quitarse su saco, con un plumón color azul, del lado izquierdo de la camisa blanca, con su puño y letra escribe la frase: “Con esta entrevista se escribe una historia de amor…María Félix”.

¿Por qué aceptó platicar conmigo?

—En primer lugar, porque me gusta mucho su seguridad al hacerme las preguntas, y en segundo lugar, porque la revista Siempre tiene un significado especial para mí. Fui gran amiga del señor José Pagés Llergo, quien tuvo muchísimas atenciones para mí.

¿Qué le aconseja a la mujer actual?

—Nuestras mujeres viven muy pegadas a la férula paternal. Es muy necesario que se rectifiquen las conductas morales de nuestra sociedad. Por favor, no nos perdamos en la nada. Por el amor de Dios, las mujeres deben engrandecer la liberación femenina.

¿Es agradable coleccionar recuerdos?

—Si viviera del pasado estaría mal del cerebro o estúpida. El pasado quedó atrás y el que voltee se convierte en estatua de sal. ¿Eso me lo pregunta por la infinidad de cuadros y objetos que ve en mi sala? Todos son obsequios que he recibido a lo largo de mi carrera artística y otras chacharitas que me gusta comprar por donde camino.

Le agradezco mucho su tiempo, ¿desea usted agregar algo más?

—La que agradece mucho su presencia soy yo. Dos horas y media que me ha permitido disfrutar esta charla, porque yo no le llamaría entrevista. Ojalá que publique todo lo que le dije y si no lo dejan, hábleme, prometo que le consigo trabajo en el periódico que quiera y hasta en la televisión.—.

Al ponerme de pie para despedirme, me toma de la mano y me lleva a conocer su casa, su cocina, su recámara, su pequeña biblioteca o sala de lectura, y por último, me muestra como niña sus juguetes, orgullosa de sus cuadros y pinturas.

Una entrevista que jamás olvidaré y que me ha marcado por siempre.