De frente y de perfil
Hay lugares a los que uno regresa después de muchos años y que, a pesar del tiempo, se siguen sintiendo familiares. Quadratín es uno de ellos para mí y por eso quiero comenzar esta nueva etapa agradeciendo a mi amigo Francisco García Davish, fundador y director general de esta casa editorial, la invitación y la generosidad de abrirme nuevamente un espacio en un medio al que me unen recuerdos, amistades y una de las experiencias profesionales más enriquecedoras que me ha tocado vivir.
Mi relación con Quadratín comenzó hace más de una década, cuando, junto con mis amigos y socios Luis Manuel Valencia Flores y Salvador Abud Mirabent, emprendimos la aventura de llevar la franquicia a Querétaro. Quadratín Querétaro inició operaciones en 2013 y lo que originalmente concebimos como un proyecto empresarial terminó convirtiéndose para nosotros en una extraordinaria escuela de periodismo. Aprendimos de la inmediatez que exigía un medio digital, de la necesidad de verificar la información cuando la competencia por publicar primero invitaba precisamente a lo contrario y, sobre todo, del enorme valor que adquiere la credibilidad cuando un medio comienza a hacerse un espacio entre sus lectores. También descubrimos muy pronto que hablar de independencia editorial es bastante más sencillo que ejercerla.
Gobernaba entonces en Querétaro José Calzada Rovirosa y nuestra relación con su administración fue francamente mala. Desde la Coordinación de Comunicación Social se ejercía un férreo control sobre los medios y uno de los temas particularmente sensibles era la seguridad. Querétaro había logrado construir una imagen de estado seguro y su capital mantenía una percepción que contrastaba favorablemente con la violencia que desde entonces afectaba a buena parte del país. Nosotros no teníamos un interés particular en cambiar esa imagen, pero tampoco estábamos dispuestos a dejar de publicar hechos simplemente porque resultaran inconvenientes para ella.
Recuerdo, por ejemplo, el caso de una joven de no más de 20 años cuyo cuerpo fue encontrado calcinado en las inmediaciones del Libramiento Sur Poniente. El entonces procurador de Justicia, Arsenio Durán Becerra, confirmó posteriormente que tenía un disparo en la cabeza que le había provocado la muerte. Quadratín publicó la información, como publicamos otras noticias relacionadas con hechos delictivos, no porque pretendiéramos demostrar que Querétaro era inseguro ni porque existiera alguna agenda política detrás. Lo hicimos por una razón bastante más simple: los hechos habían ocurrido y nuestra obligación era informar sobre ellos. No recuerdo otro medio que haya publicado la noticia.
La población de Querétaro comenzó a notar que Quadratín era uno de los pocos medios —digitales, impresos o radiofónicos— que publicaba noticias sobre los lamentables hechos de violencia que se suscitaban en el estado. Nuestra audiencia se disparó. Sin embargo, las consecuencias de publicar acontecimientos de esta naturaleza en contra de la voluntad del área de Comunicación Social del gobierno estatal no tardaron en hacerse evidentes.
Uno de los episodios que mejor recuerdo involucró a nuestro reportero Hugo Feregrino, quien el 2 de julio de 2014 realizaba un trabajo sobre bullying y tomaba imágenes del exterior de una escuela ubicada en la calle Manuel Acuña, en el Centro Histórico. Algunos padres llamaron a la policía y Hugo explicó lo que hacía, presentó identificaciones oficiales e incluso proporcionó los teléfonos y la dirección de Quadratín para que comprobaran su versión. Nada de eso impidió que elementos de la Policía Estatal lo tomaran del cuello, lo esposaran y le quitaran su cámara y el tripié. El comandante responsable ofreció una explicación difícil de olvidar: como no conocía al reportero, no podía dejarlo ir.
Publicamos lo sucedido y aquella experiencia, junto con muchas otras, nos permitió entender de una manera bastante práctica lo que significa sostener la independencia de un medio de comunicación. Una empresa periodística necesita ingresos para sobrevivir. Hay reporteros, fotógrafos y personal administrativo que cobran cada quincena; instalaciones, tecnología y servicios que deben pagarse. Quienes administran los presupuestos de comunicación de los gobiernos conocen perfectamente esa realidad y la relación se vuelve particularmente complicada cuando la asignación de recursos comienza a confundirse con la expectativa de recibir, a cambio, un determinado tratamiento editorial.
No éramos, por supuesto, los únicos que percibíamos ese ambiente. A finales de 2014 se hizo pública una conversación del entonces secretario de Gobierno, Jorge López Portillo, con el coordinador de Comunicación Social, Abel Magaña, motivada precisamente porque en un programa de radio se había permitido que ciudadanos hablaran al aire sobre inseguridad. El episodio provocó posteriormente protestas de académicos y estudiantes de la Universidad Autónoma de Querétaro y acusaciones públicas de ataques a la libertad de expresión.
Mantener una empresa periodística en esas condiciones nos obligó a aprender que la independencia no consiste solamente en tener el valor de publicar una nota incómoda. Consiste también en encontrar la manera de pagar la siguiente quincena después de haberla publicado. Esa parte del periodismo suele resultar bastante menos atractiva para los discursos, pero para quienes alguna vez hemos tenido la responsabilidad de sostener un medio es probablemente una de las lecciones más importantes.
A pesar de las dificultades, Quadratín Querétaro creció, construyó una audiencia extraordinaria y consiguió hacerse de un espacio propio en la vida pública del estado. Como parte de aquella experiencia, tuvimos también la oportunidad de poner en marcha Quadratín Radio, un noticiero diario que Alejandra Cueto López y yo conducíamos a través de Integra 92.7 FM y que, hasta donde recuerdo, constituyó la primera incursión formal de una franquicia de Quadratín con un programa informativo propio en la radio.
Fueron años intensos y de enorme aprendizaje, pero llegó un momento en que diversas circunstancias, particularmente de carácter empresarial, nos llevaron a considerar que nuestra etapa había concluido. Tomamos entonces la decisión de traspasar la franquicia a un nuevo grupo empresarial que recibió un medio establecido, con una audiencia importante y una reputación construida durante años de trabajo.
Terminó para mí la etapa empresarial de Quadratín, pero no la relación personal ni el afecto por una casa periodística que nació en Michoacán y que Francisco García Davish ha logrado convertir en una red informativa con presencia en buena parte del país y ahora también en el extranjero. Muchos años después, las circunstancias me permiten regresar a ella desde una posición mucho más sencilla: la de quien solamente tiene que preocuparse por lo que escribe.
No pretendo utilizar este espacio cada martes para repartir elogios o descalificaciones injustificadas. Habrá seguramente coincidencias y discrepancias, pero siempre mantendré la disposición de reconocer cuando los hechos contradigan mi opinión. Siempre lo he hecho así. Habrá tiempo para hablar de muchos temas: de política, de personajes y de otros asuntos que seguramente merecerán algunas líneas en este espacio. Hoy solamente deseo explicar por qué estar nuevamente en Quadratín significa para mí algo más que comenzar a publicar una columna.
Después de tantos años, se siente como volver a casa. Gracias, Paco, por abrirme nuevamente la puerta. Y a quienes me brinden su valiosa atención, me dará gusto encontrarlos en este espacio todos los martes.
Hasta pronto.




