Pareja le prenden fuego a camioneta de la basura; trabajador, grave
CANCÚN, QRoo, 26 de octubre de 2025.- En México, cada Día de Muertos el aire se llena del aroma inconfundible de la flor de cempasúchil, ese resplandor dorado que adorna altares, calles y panteones, como si el sol mismo bajara a iluminar el reencuentro entre vivos y difuntos.
Detrás de su belleza hay una antigua leyenda mexica que habla del poder del amor más allá de la muerte. Xóchitl y Huitzilin crecieron juntos, compartiendo risas, sueños y un cariño tan puro que un día subieron a una colina para pedir al dios Tonatiuh su bendición. El dios del sol, conmovido por su amor, los unió bajo su luz.

El destino, sin embargo, los separó. Huitzilin partió a la guerra y nunca regresó. Desgarrada por la pérdida, Xóchitl pidió a Tonatiuh reunirse con él. El dios, compadecido, la transformó en una flor dorada: el cempasúchil, símbolo de amor eterno. Tiempo después, un colibrí, el espíritu de Huitzilin, se posó sobre la flor, y al tocarla, sus pétalos se abrieron, brillando con la fuerza del sol.
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