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MORELIA, Mich., 25 de agosto de 2022.- Recorren las vialidades bajo el calor o la lluvia, enfrentan transeúntes infractores de las normas y su deber es garantizar que los espacios públicos sean utilizados por todos, en un entorno de orden: son los policías de tránsito y vialidad que operan en Morelia.
Grabaciones difundidas en redes sociales que muestran presuntos actos de corrupción o prepotencia de los oficiales de tránsito y vialidad, así como experiencias adversas de los ciudadanos en su trato con los policías, han contribuido a generar una imagen negativa de la corporación municipal que ahora la Policía de Morelia pretende revertir, a través de las jornadas de inmersión.
El sueño de muchos pequeños, ser policía por un día, es posible ahora mediante esta iniciativa, implementada en 2022 y donde han participado hasta ahora seis ciudadanos, quienes por un momento acompañan a los agentes de tránsito y vialidad municipal en sus labores de vigilar el adecuado cumplimiento de la normativa en la materia, recordar a los transeúntes las conductas permitidas y no permitidas y, en su caso, aplicar sanciones.
"El objetivo es poner a los ciudadanos en el lugar de los policías y a los policías en el sitio de los ciudadanos, que sepan cómo es hacer las tareas de seguridad vial y conozcan las formas en que la población reacciona, para que vivan de primera mano las experiencias de estos agentes", explica Alejandro González Cussi, comisionado de Seguridad municipal.
Estacionamiento prohibido
El punto de reunión es la plaza de Armas, donde Alejandro Cussi arriba flanqueado por Marisela y Diana, agentes viales municipales, encargadas de acompañar a dos reporteras en la jornada de inmersión, para ser policías por un día.
La experiencia debe ser lo más apegada a la realidad posible, por lo que las reporteras se enfundan en un chaleco antibalas y un chaleco distintivo, además de portar una cámara de videovigilancia corporal.
El recorrido arranca en la calle Allende, en el Centro Histórico de Morelia, por parte posterior de la Catedral, una zona restringida al estacionamiento de vehículos que, no obstante, y especialmente los fines de semana, se observa ocupado por automotores particulares, de carga y descarga y motocicletas.
La primera función es solicitar a los conductores que se retiren del sitio; la mayoría accede, algunos exponen argumentos para mostrar la necesidad de permanecer "solo cinco minutos".
"Les pedimos que se retiren, si no lo hacen se aplica una sanción por estacionarse en lugar prohibido", refiere Diana.
En dirección hacia la plaza Valladolid, a la altura de la Plaza de la Tecnología, hay una bahía destinada a carga y descarga, que suele ser ocupada como estacionamiento.
Es en este punto, donde las policías identifican dos motocicletas aparcadas, sin su conductor visible, y las agentes llamaron con un silbato, sin obtener respuesta, con lo que procede la imposición de sanciones.
Un individuo se aproxima y señala ser el dueño de una de las motocicletas. No entrega sus documentos, pero evade la multa por no portar placa de circulación al mostrarla entre sus pertenencias resguardadas en la motocicleta.
El gato y el ratón
Oficiales y reporteras se encaminan a la plaza Valladolid, donde, aseguran las policías, siempre enfrentan escaramuzas con conductores que infringen las normas de tránsito. Desde taxistas que aguardan pasaje en el perímetro de la plaza, lo que se considera estacionamiento prohibido, hasta vehículos aparcados en cajones y rampas para personas con alguna discapacidad o en la línea peatonal.
"Les pedimos a los taxis que se retiren de la plaza y siempre dicen que sí, pero en cuanto te descuidas se vuelven a poner, es como jugar al gato y al ratón", explican.
La hostilidad y desconfianza son las conductas imperantes en los transeúntes, los que se acercan a los policías de tránsito, así como la exposición de justificaciones y excusas para incumplir el reglamento.
Algunos infractores son clientes frecuentes, como un individuo con discapacidad que estacionamiento su vehículo sin placas distintivas en un cajón para estos usuarios, a quien de manera recurrente se le solicita las tramite, y los conductores que ocupan las zonas de carga y descarga como cajones de aparcamiento, lo que obliga a los proveedores de los negocios cercanos a estacionar en doble fila y obstruir la circulación.
"La gente cree que nos llevamos con las grúas todos los vehículos que podemos, pero solo se aplica esta medida en algunos casos: cuando el automotor está parado sobre la línea peatonal, cuando no respetan el margen de seis metros en las esquinas, sobre todo, en los casos donde dificultan la movilidad; si están estacionados en cajones o rampas para personas con discapacidad, y si están estacionados en áreas de carga y descarga, sin hacer maniobras. Y si vemos a los conductores les pedimos que corrijan su conducta, de no ser visibles les llamamos con el silbato para que se acerquen y eviten ser multados", detalla.
Ser mujer y policía de tránsito en Morelia
Una camioneta blanca, presumiblemente de uso oficial, se mantiene con sus tripulantes a un costado de la plaza Valladolid. Fueron necesarios tres llamados de atención para que se retirara.
En las inmediaciones, la fila de vehículos que espera para ingresar al estacionamiento adjunto al templo de San Francisco ocasiona que algunos conductores obstruyan la línea peatonal y la rampa para personas con discapacidad, por lo que son reconvenidos. Explican que la fila no les permite el paso y reciben la indicación de que en todo momento estos espacios deben estar libres para el uso de los peatones.
En tanto, un motociclista avanza en sentido contrario sobre la calle Fray Bartolomé de las Casas, para luego abordar el vehículo una persona sin casco. Las oficiales y las reporteras se aproximan para efectuar la penalización, proceso en el que además se detecta que la persona no porta licencia de conductor.
Además de la inconformidad habitual de los ciudadanos con la sanción, una persona se aproxima con teléfono celular en mano para grabar la intervención. Acusa a las policías de "ser una vergüenza" como oficiales y mujeres, así como afirmar que difundirá el material en redes sociales.
"Pasa muy seguido, a nadie le agrada que le pongan una multa y cuando son otros los sancionados la empatía está más con el infractor, y con los teléfonos celulares en cualquier momento cualquier persona puede grabarte y subirte a redes sociales para exhibirte", exponen las policías municipales.
"A veces, a la gente se le olvida que somos policías, pero también somos personas, somos mujeres, llegamos a casa y vemos en las redes todos los comentarios que ponen, no me han tocado amenazas o así, pero sí hay momentos en que es feo y pesado leer eso, que lo vea tu familia", refiere Diana.
La animadversión es constante hacia los policías de tránsito, pero se agudiza hacia las mujeres. Sin importar el género de los transeúntes, la mala disposición para con los oficiales crece cuando son mujeres.
"Me ha tocado que me griten, graben, amenacen con quemarme en las redes, que traten de golpearme, que me empujen. Lo más feo que me ha sucedido es cuando puse una infracción a una señora que estaba estacionada en un sitio no permitido, y varias personas me rodearon para tratar de quitarme las hojas de multas. Tuve que pedir apoyo", detalla Diana.
Y hay ocasión de mostrar esa diferencia. Al encontrar su coche asegurado en una grúa, debido a que se encontraba estacionado en una zona de carga y descarga, y luego de aguardar para la imposición de la multa, un conductor insiste en buscar "un acuerdo" con las oficiales. Solo modera su discurso al arribar al lugar un policía varón.
"¿Ves? Esto pasa siempre, se ponen más violentos o groseros con una mujer que con un hombre", reitera la policía municipal Diana.
De cada cinco multas que impone, en dos a tres casos se presentan conductas de violencia, agresión o malos tratos de parte de los ciudadanos. En poco menos de una hora de recorrido en el Centro Histórico, las policías y las reporteras enfrentan por lo menos tres incidentes.
"Ahora que has visto parte de lo que hacemos, dime, ¿por qué se ponen groseros con nosotros? Solo hacemos nuestro trabajo, estamos todo el día caminando, traemos un equipo que hace difícil comer o ir al baño, las hormonas a veces nos castigan, como cualquier persona", mencionan.
Servir y cuidar
Servir y proteger es el lema con que trabaja la mayor parte de las corporaciones de seguridad pública en el mundo. Los agentes de tránsito en Morelia no solo imponen multas y regañan a los conductores o transeúntes que infringen las normas, también prestan servicios a quienes lo necesitan.
Sobre la calle Fray Bartolomé de las Casas, un automotor avanza empujado por sus ocupantes. "En estos casos, nos acercamos para ofrecer apoyo, para que se estacionen en un lugar seguro y donde no obstaculicen el paso de los demás".
Reparaciones emergentes, atención a mascotas o niños olvidados en automóviles, ayuda a transeúntes con una movilidad limitada, son múltiples los escenarios donde puede un policía de vialidad servir a la población.
Al término del recorrido, el comisionado de Seguridad municipal recibe los chalecos y las cámaras corporales, además de las impresiones de las reporteras sobre la jornada de inmersión.




