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MORELIA, Mich., 8 de febrero de 2026.- Al reflexionar sobre el significado social y ético de la fe, el arzobispo José Armando Álvarez Cano advirtió la incongruencia que representa la presencia de imágenes religiosas en manos de personas vinculadas a la violencia, al subrayar que los símbolos, por sí mismos, no constituyen un testimonio cristiano.
Durante su mensaje dominical, desde la Catedral de Morelia, el sacerdote abordó el pasaje evangélico que define a los creyentes como “la sal de la tierra” y “la luz del mundo”, y precisó que se trata de una afirmación categórica y no de un deseo abstracto. “No son una invitación, ojalá que ustedes sean la luz y la sal, sino lo hace de una manera muy categórica: ustedes son la luz del mundo”, expresó.
En ese marco, señaló que la fe cristiana no puede reducirse a expresiones externas desvinculadas de la conducta cotidiana.
“Qué triste a veces los ejemplos cuando se agarran a personas del crimen organizado y aparecen con su Virgen de Guadalupe o con sus Cristos o con las imágenes..., y nosotros decimos que eso no es verdad, eso no es un testimonio cristiano”, dijo, al advertir que la sola portación de símbolos religiosos no acredita una vida conforme al Evangelio.
Álvarez Cano evitó señalamientos directos y centró su reflexión en la coherencia personal y social, al insistir en que la fe se expresa en acciones concretas. Al retomar la primera lectura del profeta Isaías, subrayó que la luz se manifiesta cuando hay solidaridad y rechazo al abuso.
“Cuando dejes de tu pan al hambriento, cuando abras tu casa al pobre, cuando dejes de oprimir a los demás y dejes de vivir en el egoísmo, entonces tú brillarás como una luz”, citó.
Sobre la metáfora de la sal, recordó su función histórica de preservar y evitar la corrupción, para explicar que los creyentes están llamados a conservar los valores del Evangelio en la vida diaria. “Estamos llamados a conservar los valores del evangelio, a evitar la corrupción de ellos”, señaló, al remarcar que la pérdida de coherencia vacía de sentido tanto la fe como sus símbolos.
El Arzobispo enmarcó su mensaje en una invitación a revisar el impacto de las actitudes personales en el entorno social, al cuestionar si se contribuye a la paz o a la descomposición. “¿Eres luz o eres oscuridad?”, planteó, al concluir que la fe no puede vivirse de manera anónima ni desligada de la responsabilidad pública.




